El Club Chamartín, la cuna del tenis madrileño de la que salieron Jódar, Landaluce y Mérida: “Estos tres van a estar ahí arriba 100%”

El club madrileño abre las puertas a ‘Infobae’ para conocer las pistas en las dieron sus primeros golpes las nuevas joyas del tenis español

Rafa Jódar, Dani Landaluce y Dani Mérida, las tres joyas del tenis español que crecieron en las pistas del Club de Chamartín.
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Si hay tres nombres que están llamando la atención en el circuito profesional desde que comenzó el año, son Rafa Jódar, Martín Landaluce y Dani Mérida. El primero está a las puertas del top 10 mundial; Mérida ya se ha colado entre los 40 mejores y Landaluce sigue tras ellos con un puesto 65 en el ranking ATP. Las tres nuevas perlas españolas que, además, tienen un punto en común: el Club Chamartín. Infobae se sumerge en las pistas donde tres tenistas dieron sus primeros golpes antes de dar el salto a la élite.

El ruido de raquetas golpeando las bolas reina en ese paraíso del tenis escondido en el corazón de Madrid que es el Club Chamartín. Pistas de tierra batida, algunas también cubiertas, entrenamientos, partidos amistosos entre los miembros del club y ambiente de competición es lo que se respira antes de que comience la entrevista con Lolo Pastrana, director deportivo del club. “Se fundó en 1966. Es un club fundado por socios que fueron unos visionarios del tenis y decidieron crear escuela en el deporte de raqueta”. Y añade: “Somos unos románticos del tenis”.

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Deben serlo para tener un club que ha parido a tres grandes tenistas. “Es el modelo Chamar, como yo lo llamo”, define Pastrana. Llegaron a las pistas de barrio madrileño cuando eran solo unos niños y aún siguen acudiendo a entrenar allí, como si fuera una especie de refugio para salir de la vorágine del circuito. En especial Jódar y Landaluce. “Rafa vino aquí a entrenar antes del partido contra Sinner en el Mutua Madrid Open porque quería estar tranquilo”, recuerda como anécdota. Pastrana no puede evitar una sonrisa al hablar de las tres joyas del ‘Chamar’, aunque reconoce: “Son muy distintos”.

Rafa Jódar de niño (imagen cedida por el Club Chamartín)
Rafa Jódar de niño (imagen cedida por el Club Chamartín)

Jódar es un perfil muy vinculado al padre”, explica, aunque es una situación que no pasa desapercibida en el circuito. El banquillo del joven madrileño suele estar ocupado exclusivamente por su padre, que ejerce también de entrenador. Desde el box, lo dirige, le da las indicaciones e incluso a veces algún suplemento, como geles que pueda necesitar el tenista. Y lo cierto es que le ha funcionado: final de Marrakech; semifinal en el Conde de Godó; cuartos en Madrid; cuartos de Roland Garros; final de Washington; o semifinal en Montreal. “Su padre escucha a los entrenadores, busca opinión, filtra y luego lo traslada al jugador”, asegura.

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“Un perfil muy diferente al de Martín, que ha hecho un proyecto con un equipo multidisciplinar”. Landaluce cuenta con dos entrenadores de primer nivel, un fisio, un psicólogo y su padre, que también se encuentra en la ecuación, aunque con un grado distinto al de su compañero de batallas. “Mérida es otro perfil distinto a los dos primeros, con su base de operación en Alicante y una estructura que va ampliando en Madrid”.

Dani Mérida tras ganar una copa (imagen cedida por el Club Chamartín)
Dani Mérida tras ganar una copa (imagen cedida por el Club Chamartín)

Jódar, Landaluce y Mérida, tres caminos de éxito diferentes

Los caminos, al igual que los proyectos, son diferentes también los tres. “Martín siempre ha sido de maduración temprana, ya se está viendo ahora, a día de hoy. Rafa es de maduración más tardía en su desarrollo, pero evidentemente Rafa ahora ha reventado todos los parámetros lógicos del tenis. Aunque siempre ha ido un poco por delante Martín”. Esa diferencia entre los dos fue contrastable desde el principio. Martín ganó con 16 años el US Open junior, Rafa lo conquistó dos años después. Martín ha competido en más torneos internacionales; Rafa se marchó a estudiar a Estados Unidos.

Cada uno un camino, un proceso, una forma de hacer las cosas, pero el resultado es el mismo. Jódar, Landaluce y Mérida no son nombres que pasen desapercibidos en el circuito profesional. Han llegado para quedarse, para dar un golpe en la mesa y retar a los mejores del circuito, contra los que ya se miden de tú a tú. “Son muy jóvenes y está por ver cómo encajan todo esto, pero lo que es evidente es que estos tres van a estar ahí arriba 100%”, considera. Y lo cierto es que su mejora es continua. “Si ves un partido de cada uno, se ve claramente cómo son capaces de mejorar y de incorporar cosas como esponjas en sus partidos. Y eso es muy difícil”, asegura.

Martín Landaluce entrenando (imagen cedida por el Club Chamartín)
Martín Landaluce entrenando (imagen cedida por el Club Chamartín)

No es el único que lo piensa. Alejandro García es sparring y entrenador de tenis. Lleva desde los 14 años en el Club Chamartín y conoce a las tres joyas del tenis español, en especial a Rafa Jódar, con quien mantiene una estrecha relación. “Jódar siempre ha sido muy humilde y muy trabajador, sigue siendo el mismo independientemente de dónde esté. Y para nosotros es un orgullo que él esté arriba y sobre todo que los chicos tengan ese espejo en él”. Y añade: “Tanto en él como en Martín han empezado desde pequeños aquí, han jugado por el equipo y ahora están en lo más alto”.

Alejandro incluso estuvo entrenando con Jódar durante el Mutua Madrid Open: “En los entrenamientos siempre está muy concentrado, pero hay tiempo para hacer bromas o hablar de otras cosas. Él está muy contento con lo que está haciendo”. Alejandro, que ha ejercido de sparring para tenistas como Nadal, Alcaraz o Thiem, entre otros; asegura que lo que diferencia a Rafa es “esa capacidad mental para afrontar todo tipo de situaciones. Desde que se mete en la pista, se concentra para dar el 100%”.

El tenista madrileño Rafa Jódar (imagen cedida por el Club Chamartín)
El tenista madrileño Rafa Jódar (imagen cedida por el Club Chamartín)

Ya no son jóvenes promesas, son el futuro del tenis español y mundial y han llegado para quedarse. A pocos meses de que termine su primer año en el circuito profesional, ni un reproche que se les pueda poner a ninguno de los tres. Las expectativas se han disparado de cara al siguiente curso. Con ellos, el presente y futuro del tenis español está asegurado; y Madrid ya se desmarca como la cuna de las nuevas generaciones en el deporte de raqueta.

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