Theodor Kallifatides, el escritor que tuvo que abandonar Grecia por sus ideas políticas: “Mi madre me dijo que algún día se arrepentirían; eso me salvó la vida”

El autor visita España coincidiendo con el lanzamiento de su novela ‘El amor’, publicada en Suecia en 1978 y convertida en uno de sus primeros grandes éxitos literarios

Theodor Kallifatides, autor de 'El amor'.
Theodor Kallifatides, autor de 'El amor'. (Montaje de Infobae / Fotografía del autor de Jesús Hellín y Europa Press)
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A sus 88 años, Theodor Kallifatides (Molaoi, 1938) conoce bien España. El escritor, nacido en Grecia y emigrado a Suecia con 26 años, ha visitado varias veces nuestro país y se defiende con el castellano. Con todo, durante la rueda de prensa ofrecida en la Embajada de Suecia, pide hablar en inglés para expresarse mejor ante los medios que han acudido para escuchar a uno de los autores europeos más prestigiosos de la literatura contemporánea.

“Hace dos años ya estuvo aquí y dijo que era su último viaje a España”, dice entre risas Joan Tarrida, director literario de Galaxia Gutenberg, que ha venido a acompañar al escritor en la presentación. La editorial, que ya ha publicado más de una decena de novelas del autor, lanza ahora El amor, novela publicada por primera vez en sueco en 1978, que se ha convertido en uno de los libros más emblemáticos del autor, y que este vincula con episodios clave de su propia biografía.

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La novela, publicada por primera vez en sueco en 1978, sigue a Laki Sarris, un hombre casado y padre de un niño que se enamora de Li, una mujer más joven. “No solo consiste en tomar una decisión. Puedes hacerlo, decidir, pero entonces, diez días después, te das cuenta de que deberías estar viendo a tu hijo”. Para Kallifatides, ese conflicto permite abordar los deseos, las responsabilidades y los daños que pueden convivir dentro de una relación, en una historia que también toca otros de los habituales temas de su obra: la identidad, el viaje, la libertad de pensamiento y la búsqueda de un lugar propio en el mundo.

Cubierta de 'El amor', de Theodor Kallifatides
Cubierta de 'El amor', de Theodor Kallifatides. (Galaxia Gutenberg)

“El amor nos sucede, incluso cuando no lo buscas”

“El amor es una elección, y las elecciones son difíciles”, afirmó Kallifatides al referirse al punto de partida de El amor. Para él, la clave estuvo en comprender que este sentimiento no siempre equivalía solo a la felicidad y planteaba muchas dificultades. “Es algo que nos sucede, incluso cuando no lo buscas”, lo ha definido, para señalar que todas sus experiencias vitales, desde la relación con sus padres a sus amistades e incluso con la coyuntura política, acabaron introduciéndose de un modo u otro en la novela.

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En su intervención ante los medios, Kallifatides ha compartido varias anécdotas que le influenciaron. Para el escritor, el amor es un sentimiento que no llega por azar, sino porque existe una espera previa, aunque no siempre se comprenda su origen, como descubrió de adolescente. “Yo tenía el talento de enamorarme de las chicas”, ha contado, aunque siempre que intentaba acercarse a alguna se encontraba con que estas ya estaban prendadas de otros chicos “más ricos, altos y fuertes o con una bicicleta”.

El amor, pues, le fue esquivo al autor, aunque no tanto como cabría pensar. Como dominaba el griego, sus compañeros le pedían que escribiera cartas románticas dirigidas a la misma compañera, a quien definió como “la reina de la clase”. Redactaba las cartas en nombre de sus amigos y debía modificar la voz para que cada una pareciera escrita por una persona distinta. De este modo, fue el amor y no otro sentimiento el que le enseñó por primera vez cómo adaptar su estilo y cómo construir personajes, mucho antes de dedicarse a la literatura.

Theodor Kallifatides
Theodor Kallifatides

Su madre lo salvó del suicidio

El escritor griego también ha compartido algunos de sus recuerdos familiares, empezando por la disciplina de un padre, maestro de profesión, que incluso le prohibía leer tumbado. “Los monos se tumban para comer y leer y tú no eres un mono”, le decía. “Aquello me enseñó una disciplina necesaria si quieres tener algo que te guíe en la vida”, ha reconocido. Con su madre descubrió otro amor: uno que encarnaba la ternura, los besos y el cuidado. También estaban sus hermanos, “que me amaban y me atormentaban”, y sus amigos, que le animaron a no dejar nunca de escribir.

Fue ella la que intervino en uno de los momentos más duros de su vida. En una gráfica marcada por las secuelas de la Guerra Civil (1946-1949), Kallifatides fue excluido de la universidad por sus inquietudes progresistas y porque su padre era considerado un imitante de izquierdas. Pese a tener las mejores calificaciones para ingresar a la universidad griega, su expediente no estaba “limpio”, por lo que recibió unos resultados que no le daban ninguna opción: “Saqué cuatro ceros”. Aquello lo deprimió por completo e incluso lo llevó al borde del suicidio mientras caminaba.

Ahí fue cuando se encontró con su madre, quien, al verlo de lejos, se acercó a él y lo abrazó gritando: “Algún día se avergonzarán”. “Esas palabras me salvaron la vida”, ha dicho Kallifatides, quien comprendió entonces que su madre sabía que el sistema no había querido reconocer sus méritos. Kallifatides también correspondió a los malditos sumados en varias ocasiones, como cuando la encontraba llorando algunos días en casa y le decía: “Mamá, algún día nos iremos muy lejos”. Poco después tomaría la decisión de irse solo a Suecia. No dominaba el idioma ni tenía dinero, pero tenía claro que necesitaba salir de su país natal.

Imágenes de una manifestación en Atenas en 1944.
Imágenes de una manifestación en Atenas en 1944.

El valor de aprender (y escribir en) sueco

Kallifatides escribió El amor en sueco, aunque ha indicado que en esa etapa aún no dominaba plenamente el idioma. “Escribí este libro con la ayuda de un diccionario”. Primero fue a clases para aprender, pero como no le resultaron útiles, acabó comprando un libro de Hjalmar Söderberg, uno de los autores suecos más populares del siglo XX, que le permitió dominar mucho mejor la lengua. “La única manera de hacer que una vida en Suecia valiera la pena para mí y fuera digna de mí era entendiendo a los suecos: entender su idioma, respetarlos y, si era posible, amarlos”.

“Escribir en sueco fue un problema y sigue siendo un problema porque nunca puedes conquistar totalmente una lengua extranjera”, ha continuado Kallifatides. Sin embargo, para el autor siempre ha sido más necesario “hablar de algo que es importante que hablar de algo de lo que creo que puedo hablar”. Y, de hecho, ha señalado que ni siquiera los hablantes nativos conocen todos los secretos de su propio idioma.

El amor fue uno de los primeros grandes éxitos de Kallifatides en Suecia y lo encumbró como uno de los grandes autores del panorama nacional. “Te invitan a todas partes y los periódicos te llaman y la gente por la calle te reconoce y se acerca a saludarte”, ha rememorado el novelista, que enseguida ha matizado que aquello “no duró mucho”. “Lo principal que me dio este libro es que me enseñó que lo difícil no es escribir en sueco: lo difícil es escribir. La dificultad estaba en mí”.

El director de cine sueco Ingmar Bergman.
El director de cine sueco Ingmar Bergman.

Su experiencia con Ingmar Bergman

El amor tendría una adaptación a la gran pantalla que acabó siendo un fracaso para su autor, quien además figuraba como el director de la película. “Es difícil crear algo con más gente cuando no compartes el idioma”, ha confesado al hablar de su trabajo con los actores. “Es bueno que un artista fracase. Porque te hace detenerte, te hace empezar a pensar de nuevo en lo que estás haciendo y cuál es el sentido de hacerlo. Tener éxitos todo el tiempo es aburrido”.

El productor de la película fue nada más y nada menos que Ingmar Bergman, quien también ejerció como una especie de mentor cinematográfico con Kallifatides. “Hablábamos de la película; gracias a eso entendí cómo crear una escena y cómo montarla”. Aun así, Kallifatides ha subrayado que Bergman siempre fue “un hombre reservado” y que, después de tres meses de trabajo estrecho, el vínculo entre ambos terminó tan pronto como terminó el proyecto. “Con el tiempo lo entendí: él tenía que protegerse de la gente. De lo contrario, todos le robaríamos la vida”, ha explicado.

Tráiler de 'El huevo de la serpiente', de Ingmar Bergman.

Eso sí, con Bergman le quedarían algunas experiencias para el recuerdo, como una de las costumbres del director de cine sueco que impresionó profundamente a Kallifatides por lo mucho que ejemplificaba su pasión por lo que hacía. “Ponía su cámara muy temprano por la mañana, antes de que saliera el sol, y la dejaba durante todo el día y la noche solo para aprender cómo cambiaba la luz”.

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