
Tras el anuncio de que la poeta Anne Carson era la nueva ganadora del Nobel de Literatura, una pequeña editorial independiente ha aparecido en medios de comunicación de todo el mundo. Su nombre es New Directions, donde se publicó el primer poemario de la escritora canadiense, y donde también se habían publicado las novelas de László Krasznahorkai (premiado por la Academia Sueca en 2025). En realidad, New Directions cuenta con hasta 14 premiados en su catálogo.
“Como somos pequeños y no tenemos tanto dinero, necesitamos decidir rápido quién es excelente antes de que los demás se den cuenta”, comentaba su editora, Barbara Epler, en una reciente entrevista en el New York Times. Sus palabras demuestran hasta qué punto las editoriales más pequeñas trabajan para encontrar autores que, todavía sin llamar la atención de los grandes grupos, pueden acabar atrayendo a un número suficiente de lectores por su calidad literaria o su prestigio.
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Sin embargo, la ‘caza’ del Nobel no se da solo a esa escala. Lo que para los sellos más humildes puede ser una apuesta a futuro, para los nombres con mayor capital es una forma de consolidar su prestigio y, de paso, hacer un buen negocio. Al fin y al cabo, el Nobel puede suponer un gran impulso para las ventas de libros, con aumentos de un 100%, un 200% o incluso un 1.000%.
“Siempre es un aliciente publicar a un candidato al Nobel”
“Hay ganadores del Nobel que venden muchísimo y otros que venden muy poco”, explica Miguel Aguilar, director literario de los sellos Random House, Taurus y Debate en la editorial Penguin Random House. “Depende de cómo de accesible sea la literatura de los autores. Han Kang (ganadora en 2024), por ejemplo, ha encontrado muchísimos lectores, y hay autores que son más complicados, aunque el haber ganado el premio siempre eleva su nivel de visibilidad y notoriedad”. Precisamente para “hacerlos más accesibles”, desde el grupo lanzan ahora Láurea, un nuevo sello con textos más breves para que “nuevos lectores se aproximen” a estos autores.
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En el caso de Han Kang, de la que ahora Láurea reúne varios ensayos, poemas y fotografías en La luz y el hilo, su obra empezó a publicarse en Random House meses antes de que se anunciara que había ganado el Nobel. Con Jon Fosse (premiado en 2023) fue distinto: Penguin Random House comunicó la adquisición de los derechos de cinco obras del autor noruego, publicado en España hasta entonces por la editorial independiente De Conatus, el mismo día en que se anunció el galardón. La decisión, alegó el grupo editorial en un comunicado, ya había sido tomada meses antes, aunque el autor llevaba años entre los favoritos para llevarse el galardón.
“Siempre es un aliciente”, reconoce Miguel Aguilar respecto a la categoría de “candidato al Nobel”. “Estar en la quiniela del Nobel significa que eres uno de los escritores más importantes de tu tiempo. Es consecuencia de tu calidad literaria y del consenso en torno a la importancia de tu obra. Además, ese espaldarazo puede conducir a una relevancia mayor tanto en crítica como en ventas. No es el Nobel en sí mismo, sino que el Nobel es consecuencia de todos estos factores que sí son buenos argumentos”.
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Las relaciones de poder que esconden los premios
Laura Fonsica es científica titular en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Sus investigaciones se centran en la “sociología de la literatura”, es decir, en todos aquellos aspectos que envuelven una obra literaria y que, al margen de su contenido, hacen que esta cobre más o menos relevancia dentro y fuera del territorio en el que se publica. Por ejemplo, un escritor gana el Nobel, su prestigio aumenta automáticamente, sus ventas suben y su obra empieza a publicarse en muchos más territorios.
“A veces la figura del autor se sigue cargando con mucho romanticismo”, señala alguien que, precisamente, busca “des-esencializar” la literatura a través de todas las relaciones de poder y todos los “condicionantes” que llevan a un escritor a ganar el Nobel: las traducciones a las lenguas mayoritarias, la identidad del autor (“las pugnas entre el mercado, lo literario y lo político han hecho que el Nobel esté mucho más atento a las escritoras”, recuerda Fonsica), el prestigio previo o los premios recibidos.
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“Se conoce como efecto Mateo a que, después de un premio, te llegue otro, y luego otro. Como alguien ya te dio crédito, es mucho menos arriesgado dártelo de nuevo”. Fonsica señala el International Booker Prize como un buen detector de posibles Nobel. En España, nadie ha conseguido ganarlo, pero sí han quedado como finalistas autores como Javier Marías y Enrique Vila-Matas, que son los que más han sonado para el galardón desde nuestro país. “Si miras la lista, acabas encontrando varios autores consagrados internacionalmente”.
Este último término es clave. La Academia de Suecia rara vez premia a un autor que no esté consagrado fuera de su país, y ahí entra en juego otro elemento clave: las traducciones. “Sería muy raro encontrar algún día un ganador de un Nobel de Literatura que no estuviera traducido al inglés”, explica. En la literatura en español, existe además otro caso muy particular: el de autores y autoras de Latinoamérica que se mudan a Europa para escribir ahí. Samanta Schweblin, ganadora del Premio Aena y favorita en algunas quinielas del Nobel de este año, se mudó a Berlín en 2012. “Estar ahí te permite estar más cerca del mundo editorial con mayor circulación”, concluye Fonsica.
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“Robos” del Nobel
En España existe una editorial independiente con un mérito similar al de New Directions. Se trata de Pre-textos, que a punto de cumplir 50 años ha publicado en España hasta cinco autores diferentes antes de que se llevaran el premio: Elias Canetti (1981), Patrick Modiano (2014), Peter Handke (2019), Louise Glück (2020) y Anne Carson (2026). “Nosotros apostamos por una obra que nos gusta. Por la literatura, no por la posibilidad de que se distinga a alguien con un Nobel”, explica Manuel Borrás, uno de los fundadores y actual director literario.
Él mismo afirma que “el destino de la editorial” estuvo marcado muy pronto por este premio. “El Nobel a Elias Canetti fue providencial. Era un momento inicial de la editorial y empezábamos a estar un poco cansados, porque cuando se inicia un recorrido como este, siempre es complejo arrancar. Estábamos hartos de pedirle dinero a nuestras familias para mantenerlo”. El anuncio de la Academia de Suecia llegó justo en el momento en el que Pre-textos publicaba el primer (y entonces único) libro de Canetti en España. “Eso nos dijo que no estábamos tan equivocados y nos dio muchos ánimos para seguir”.
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Un recuerdo más amargo despierta Louise Glück. La poeta estadounidense ha sido una de las ganadoras del Nobel más desconocidas de la última década. No había sido publicada en Francia, y en Italia apenas se podían encontrar un título o dos. “Nosotros éramos la única editorial en el mundo que, de los 11 libros que tenía, había publicado siete. Lo hacíamos a fondo perdido, porque no vendíamos ni un clavo, pero seguíamos sosteniendo la causa de la buena literatura y ella era una gran poeta”. Sin embargo, al poco de anunciarse el premio, Glück decidió no renovar su contrato con Pre-textos y llevar toda su obra a Visor.
“Fue muy doloroso para nosotros”, recuerda Borrás. “48 horas después de que se anunciara el Nobel, me llamó un colega advirtiéndonos que nos la querían quitar. Lo más sangrante fue que era él mismo quien nos la quería robar”. La salida de Glück de Pre-textos generó críticas hacia la escritora, quien nunca explicó a sus primeros editores las razones del cambio, pese a que Borràs le envió una carta. En cambio, sus representantes respondieron a la polémica acusando a Pre-textos de incumplimientos contractuales: retrasos en los pagos y publicación de portadas sin consultar previamente con la autora. Desde la editorial lo tacharon todo de excusas que buscaban esconder que las motivaciones habían sido económicas.
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Cuestión de negocios
El caso Glück revela otro de los grandes actores del mundo literario, aunque quizá menos visible: las agencias literarias. “El agente de esta poeta era Andrew Wylie, uno de los agentes más importantes del mundo y cuyo apodo, por su estilo agresivo en las negociaciones, es El Chacal”, ríe Fonsica. El número de autores premiados con el Nobel que The Wylie Agency ha representado se acerca a la veintena, una cifra que podría haber aumentado exponencialmente si, en 2014, se hubieran unido a Carmen Balcells, quizá la agente más importante del mundo hispano hasta su fallecimiento en 2015 y responsable de la difusión del boom latinoamericano tanto en España como en Europa.
“Hay mercados, como el anglosajón, donde las agencias tienen mucho poder de negociación y de convicción de cara al autor. Eso te puede hacer daño en algún momento, si no has tenido relación personal con el autor”, comenta Miguel Lázaro, fundador y editor de la editorial especializada en literatura francesa, Cabaret Voltaire. “En Francia el contacto con la editorial es mucho mayor, y las relaciones que nosotros establecemos son más a largo plazo. Con un agente, la relación es más a corto plazo, porque se piensa más en una cuestión económica y no siempre en la obra”.
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Cabaret Voltaire cuenta con autores ganadores del Nobel como Patrick Modiano o, sobre todo, Annie Ernaux. Fue la propia escritora francesa la que, tras ganar el premio, decidió que fuera la editorial de Lázaro la que tuviera toda su obra, a pesar de los intentos de Tusquets (Grupo Planeta) por evitarlo. “Annie tiene una obra tan personal que quería que toda su obra estuviera con la misma traductora y en la misma editorial. Decidió quedarse con editoriales independientes en casi todos los países”.
Cabaret Voltaire empezó con la escritora francesa seis años antes de que ganara el Nobel. “Hay otras editoriales que sí van a la caza, pero no fue nuestro caso”, dice Lázaro, que, a pesar de los más de 250.000 ejemplares vendidos por Annie Ernaux, ve un riesgo en apostar por candidatos e incluso por ganadores. “Hay premios Nobel que son auténticos desconocidos. Tienes que pagar revisiones y gastar mucho dinero en impresiones porque hay un mercado gigante que quiere comprar el libro, pero a lo mejor no se vende todo y te terminan llegando muchas devoluciones. No siempre tiene por qué ser comercial, ¿no?”.
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