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La reflexión de Antón Chéjov, escritor ruso, sobre los vínculos humanos: “El amor, la amistad y el respeto no unen tanto a las personas como el odio compartido hacia algo”

Médico de profesión y autor de las obras teatrales como ‘La gaviota’ o ‘Tío Vania’, escribió esta cita en uno de sus cuadernos personales

Antón Chéjov.
Antón Chéjov.
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Más de un siglo después de su muerte, Antón Chéjov (Taganrog, 1860-Badenweiler, 1904) sigue siendo una autor referente en nuestros días. Médico de profesión y autor de algunos de los cuentos y obras teatrales más influyentes de la literatura universal, como La gaviota, Tío Vania, son consideradas obras maestras del naturalismo. Su influencia alcanzó a autores como James Joyce, Raymond Carver o Katherine Mansfield y, más de un siglo después de su muerte sus obras continúan representándose en escenarios de todo el mundo. De hecho, Javier Bardem debutará en el teatro el año que viene con un montaje basado en textos breves y cuentos del dramaturgo.

Su extraordinaria capacidad para observar el comportamiento humano quedó reflejada no solo en sus obras, sino también en sus cuadernos personales. Entre apuntes para futuros relatos, escenas, diálogos y aforismos, Chéjov dejó una reflexión que sigue perdurando a día de hoy: “El amor, la amistad y el respeto no unen tanto a las personas como el odio compartido hacia algo”.

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Esta cita aparece en uno de los cuadernos de notas que el escritor escribió entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, agrupados en una carpeta con la inspiración: “Temas, ideas, notas y fragmentos”. Tras su muerte, esos apuntes fueron recopilados y publicados bajo el título Note-book of Anton Chekhov, una obra, que como recoge el prólogo de la versión publicada en 1921 “la importancia que Chéjov atribuía a este material puede juzgarse por el hecho de que volvió a copiar la mayor parte de él en un cuaderno especial”, permitiendo conocer el proceso creativo de uno de los grandes maestros de la literatura.

Anton Chejov

Era tan sus apuntes que precisamente esta cita aparece aislada en la página 32 de la obra, sin una explicación posterior, contexto, o referencia a un acontecimiento concreto.

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Un aforismo sin explicación

Nacido en Taganrog, una ciudad portuaria del sur del Imperio ruso, Chéjov estudió Medicina en la Universidad de Moscú mientras escribía relatos humorísticos para ayudar económicamente a su familia. Aunque nunca abandonó del todo la profesión médica, fue la escritura la que terminó convirtiéndolo en una figura esencial de las letras universales.

A lo largo de su carrera publicó centenares de cuentos, como La dama del perrito, género del que está considerado uno de los mayores renovadores, además de una producción teatral que cambió la dramaturgia contemporánea.

Tanto sus relatos como sus obras de teatro retratan con espíritu crítico la Rusia prerrevolucionaria, una sociedad marcada por las desigualdades, el inmovilismo y la frustración de unos personajes que aspiran a un mundo mejor, pero rara vez consiguen cambiar su destino. Para reflejar ese desencanto, Chéjov revolucionó la dramaturgia con una técnica basada en el subtexto. “Sus obras tenían el tierno susurrar de la vida cotidiana y ordinaria, la inutilidad melancólica de los recuerdos. Tal vez, como sucede diez veces por una en el teatro, se goce más de ellas leyéndolas que viéndolas y escuchándolas”, escribió Juan Carlos Onetti en El País en 1980. En 1904, enfermo de tuberculosis desde hacía años, falleció en la localidad alemana de Badenweiler a los 44 años.

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