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Cuando un eclipse solar y la Biblia sirvieron para defender que la Tierra era el centro del universo en el juicio contra Galileo Galilei: “El sol se detuvo”

La Inquisición le recordó al científico un pasaje en el que el astro cesa su movimiento tras la orden de Josué, escena que siglos más tarde se reinterpretó como un fenómeno astronómico

Cuadro de 'Galileo ante el Santo Oficio', junto a una imagen de las fases de un eclipse solar.
Cuadro de 'Galileo ante el Santo Oficio', pintado por Joseph-Nicolas Robert-Fleury en 1847, junto a una imagen de las fases de un eclipse solar. (Montaje realizado por Infobae)
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A día de hoy, sabemos que los eclipses de Sol se producen cuando la Luna se interpone exactamente entre nuestro planeta y el astro, proyectando su sombra sobre nosotros y la superficie terrestre. Ahora bien, durante muchos años, el porqué, dicho llanamente, se hacía de noche durante el día, fue un auténtico misterio, lo que dio lugar a todo tipo de explicaciones y teorías reforzadas por creencias tan extendidas como la idea de que la Tierra era el centro del universo y todo (incluido el Sol) giraba alrededor de ella.

Esta última cuestión vivió un momento clave en el año 1633, en el famoso juicio a Galileo Galilei por parte de la Iglesia. El astrónomo italiano escandalizó a todo Occidente asegurando que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés, como la humanidad llevaba siglos creyendo por las ideas de sabios como Claudio Ptolomeo o Aristóteles. Por eso, fue citado por el Santo Oficio de la Inquisición romana, donde se examinaron cuestiones de todo tipo, incluyendo un pasaje de la Biblia donde se hace referencia a lo que, mucho después, se ha interpretado como que podría haber sido un eclipse solar.

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El argumento al que nos referimos es un pasaje del Libro de Josué, donde este pide durante una batalla: “Sol, detente en Gabaón”, deseo que le fue concedido. Quienes defendían el modelo geocéntrico argumentaban que, si la Biblia dice que el Sol se detuvo, es porque normalmente el Sol se mueve alrededor de la Tierra. Si, en realidad, fuera la Tierra la que se mueve, habría sido más correcto decir que la Tierra se detuvo. Durante siglos, la interpretación de este pasaje fue literal, pero algunos investigadores modernos propusieron otra posibilidad: que el texto hiciera referencia a un eclipse solar anular ocurrido el 30 de octubre del año 1207 a. C., ya que el verbo hebreo dom (“detenerse”) puede significar también “dejar de brillar”, según el contexto.

Imagen de un eclipse solar. (MICIU/Europa Press)
Imagen de un eclipse solar. (MICIU/Europa Press)

La respuesta de Galileo Galilei

Si esta teoría resultara acertada, un fenómeno como el eclipse solar habría servido en el juicio contra Galileo para tratar de demostrar el modelo geocéntrico, aunque también hay algunas dudas al respecto. A pesar de que esta investigación emplea modelos astronómicos, es imposible confirmar que la Biblia haga referencia a este fenómeno. Dejando al margen su interpretación teológica, otros expertos opinan que se trata solo de una licencia poética que no pretende describir un fenómeno astronómico, si bien esto tampoco descartaría que un eclipse pudiera inspirar la escena.

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Por su parte, Galileo defendía una idea resumida en una frase, atribuida al cardenal Cesare Baronio y que él mismo citó con aprobación: “La Escritura enseña cómo se va al cielo, no cómo va el cielo”. Así, el científico sostenía que la Biblia emplea un lenguaje adaptado a la forma en que las personas perciben el mundo, y que no debía leerse como un tratado de astronomía. Con independencia de que el pasaje describiera o no un eclipse (para los jueces, el texto describía literalmente que el Sol se había detenido), sus observaciones apoyaban claramente el heliocentrismo, aunque muchos de sus contemporáneos consideraban que todavía no existían pruebas definitivas.

Mapa animado de España que muestra la franja de territorio y las ciudades donde será visible un eclipse solar total el 12 de agosto de 2026.

El pasaje de Josué y otros textos bíblicos formaron parte del debate, pero no fueron el único fundamento de la condena. El tribunal sostuvo además que Galileo había desobedecido las restricciones que se le habían impuesto años antes al publicar el Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo. Finalmente, fue condenado a arresto domiciliario, situación en la que permaneció hasta su muerte, nueve años después. Solo el tiempo demostraría que una de sus frases más famosas: “En la ciencia, la autoridad de mil no vale tanto como la razón de un solo hombre”.

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