Sergio del Molino rescata la figura de Rosario Weiss, la hija ‘borrada’ de Goya: “Los escritores podemos decir cosas que muchos historiadores no pueden decir”

El ganador del Premio Alfaguara de Novela en 2024 combina ficción y ensayo en un libro que viaja al siglo XIX para desentrañar la misteriosa relación entre el famoso pintor y la joven que seguiría sus pasos

Guardar
Sergio del Molino, autor de 'La hija'. (Montaje realizado con una fotografía cedida)
Sergio del Molino, autor de 'La hija'. (Montaje realizado con una fotografía cedida)

En la sala 066 del Museo del Prado se encuentra el retrato de una mujer transportando, a lomos de una mula, un cántaro de leche. Se trata de La lechera de Burdeos, considerado tradicionalmente como el último cuadro de Francisco de Goya, pero que algunos expertos han atribuido, total o parcialmente, a otra pintora: Rosario Weiss, hija de la supuesta criada de Goya, Leocadia Zorrilla. Precisamente fue ella quien tuvo el cuadro en su poder tras la muerte del famoso artista. Cómo llegó a sus manos, cuando todas las obras anteriores de Goya fueron recogidas por su hijo Javier, es uno de esos grandes misterios de la historia del arte que, quizá, nunca lleguemos a resolver.

Más de un siglo después de todo aquello, Sergio del Molino, ganador del premio Alfaguara en 2024 por su novela Los Alemanes, ya había topado alguna que otra vez con el nombre de Rosario Weiss. Sobre todo, como él mismo afirma, “tangencialmente”, es decir, “como una sombra o un personaje muy secundario, de los que aparecen con una nota al pie”. Todo cambió cuando se encontró con una escena descrita en el ensayo El último Goya, de María-Santos Sainz: “Una niña, de ocho o nueve años, paseando con Goya por Burdeos y protegiéndole porque este ya es un anciano muy frágil que no escucha nada”.

Esa niña era Rosario Weiss, quien, junto a su madre Leocadia (que, además de la ama de llaves, se cree que pudo ser compañera sentimental del pintor), había acompañado a Goya tras su exilio en la ciudad francesa. “Esa imagen me hizo ver que había algo bastante importante en esa relación y que había algo que se nos había escapado. Empecé a sentir curiosidad, y a ver que había muy poquitos estudios sobre Rosario, casi nadie le había prestado atención”, recuerda Sergio del Molino. “Es cuando ya me meto a fondo que descubro el enorme personaje que tengo entre manos. Y cuando me quiero dar cuenta, ya estoy obsesionado con ella”.

Cuadro de 'La atención', autorretrato de Rosario Weiss. (Museo del prado)
Cuadro de 'La atención', autorretrato de Rosario Weiss. (Museo del prado)

Las dos facetas de Sergio del Molino en un único libro

Es así como llegamos a La hija (Alfaguara), la nueva novela de más de 600 páginas que trata de reconstruir la figura de Rosario Weiss a través de distintos periodos y miradas. Aunque llamarlo novela sería, quizá, demasiado simplista, dado que el autor mezcla partes de ficción y de ensayo para “no perder ninguna perspectiva”. “Me parecía que cualquiera de las dos estrategias por sí sola se quedaba corta para poder contar esta historia, pero que las dos juntas se complementaban muy bien y nos permitían modular las historias de la forma en la que estamos acostumbrados a contarlas”.

Con ello, Sergio del Molino hace referencia al hecho de que, hoy en día, “los libros no se acaban cuando los terminamos de leer”, sino que son siempre el comienzo de una discusión en redes, clubes de lectura o, también, en entrevistas con el autor. “Siempre se debate constantemente lo que pasa en los libros y por eso lo incorporé en la segunda parte del libro. Dije: ‘Bueno, ahora que he dejado flotando en el aire un montón de cosas, que es lo que hace la ficción, vamos a hablar y a especular sobre ellas’”.

La estrategia concuerda también con la propia trayectoria del escritor, cuyos reconocimientos en narrativa no eclipsan el éxito que también ha cosechado como ensayista por libros como La España vacía o La hora violeta. “Desde fuera se pueden percibir como dos facetas distintas, pero yo las percibo como una única, y a lo mejor unirlas en un solo libro ayuda a que se perciba que forman parte de una misma voz”. Una voz, la literaria, que le ofrece una clara ventaja a la hora de sumergirse en el pasado. “Los escritores podemos decir cosas que muchos historiadores no pueden decir. No tienen la prueba ni el documento, pero sí la evidencia. En este caso, desde la literatura es evidente que la relación entre Goya y Rosario es la de un padre y una hija”.

Cubierta de 'La hija', el nuevo libro de Sergio del Molino. (Alfaguara)
Cubierta de 'La hija', el nuevo libro de Sergio del Molino. (Alfaguara)

Así se borró a Rosario Weiss de la historia

A través de lo que sabe y lo que no, lo intuido y lo imaginado, Sergio del Molino articula un monumental dispositivo que recorre buena parte del siglo XIX y se introduce en la vida de Goya y Rosario Weiss, quien crecería en la famosa Quinta del Sordo, rodeada de las Pinturas negras. “Hay muchas cosas de ese mundo y de los problemas y los dilemas a los que se enfrentó Rosario que siento como propios”, comenta el autor. “También estaba explorando mi condición de escritor estajanovista, en un contexto también muy difícil en el que el arte y la literatura tampoco tienen una gran valoración; donde hay que sacrificar mucho para poder tener una carrera”.

A pesar de ser una artista de renombre en el Madrid de la década de 1830, el nombre de Rosario Weiss sería borrado de la historia. La artista moriría a los 28 años a causa de una infección en los intestinos, y muy pronto sería engullida por el mito que Javier, hijo y heredero de Goya, quiso construir de su padre. “Él controla todo el relato tras la muerte del pintor. Fue la fuente principal de los biógrafos y tenía un gran interés en borrar tanto a Rosario como a su madre, Leocadia, de la historia. Eran elementos incómodos para él: estropeaban la imagen de su padre y no quería que le cuestionasen la herencia”.

Sergio del Molino se muestra convencido de que, de no haber fallecido tan prematuramente y no haber sido suprimida del relato, “estaríamos hablando de una artista muy conocida y popular, que estaría en boca de todos”. El escritor argumenta a este respecto que, “a la edad a la que murió, ella y Goya tenían méritos parecidos”. “Tenían una cosa muy parecida: la capacidad de penetración psicológica y de conocer de una forma muy especial a los personajes que retrataban. Rosario era muy goyesca en eso, y si hubiera seguido, hubiera tenido una obra de impacto parecido a la de su padre, aunque el impacto de Goya sea único”.

La obra dirigida por James A. Castillo se inspira en los últimos días de Goya y cuenta con el respaldo de instituciones españolas, además del reconocimiento en festivales internacionales

Una ‘rockstar’ del arte

La necrológica de la joven artista la escribiría, en La Gaceta de Madrid, Juan Antonio Rascón, amigo de la familia y, en la novela de Sergio del Molino, uno de los principales narradores al recordar sus años de juventud junto a una pintora de la que estuvo siempre enamorado. “Rascón me permitió proyectar mi mirada de enamorado dentro de la suya. Además, era muy importante la perspectiva política. La política fue muy importante en la vida de Rosario Weiss, más que en la de Goya, y Rascón, que es un político de fila pero muy persistente y que representa muy bien la pasión liberal política del siglo XIX, entiende muy bien la dimensión política de Rosario”.

Reconoce Sergio del Molino que le costó mucho “salir del proceso de escritura” de La hija. “Me sentía muy cómodo, muy proyectado dentro de los personajes”, reconoce. Ahora que el libro tiene su punto y final, y en buena medida sigue reescribiéndose en cada lector, dice que le gustaría que “Rosario Weis se convirtiera en una rockstar del arte”. “Que su cotización siga subiendo, que lo está, y que se convierta en un lugar común y que la gente valore su obra. Que sea una presencia familiar para todos los que vayan al Museo del Prado.

También en el interior del Prado se gesta el segundo deseo del autor con los efectos que pudiera provocar su novela. Concretamente, en esa sala 066 donde La lechera de Burdeos sigue expuesta. En este cuadro, que de alguna forma puso fin a la trayectoria del padre y dio comienzo a la de la hija, Del Molino adivina los trazos de ambos en el lienzo. “Ojalá el Prado cambie la cartela y reconociera la coautoría de Goya con Rosario. Al menos, en ese cuadro... igual en otros también”.