Jaume Claret Muxart, 27 años y director novel nominado al Goya: “El público se educa. Si solo complacemos al espectador, acabaremos volviéndonos tontos”

‘Infobae’ entrevista al cineasta catalán, que debutó hace unos meses con ‘Extraño río’, una ficción sobre el despertar sexual de un adolescente en las orillas del Danubio. Este 28 de febrero la cinta opta a dos estautillas

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Jaume Claret dirigiendo 'Extraño río'.
Jaume Claret dirigiendo 'Extraño río'. (Elástica)

Pocas veces se ha visto a un cineasta debutante por debajo de la treintena llegar nominado a Mejor Dirección Novel en los Premios Goya. Jaume Claret Muxart (Sant Cugat del Vallès, 1998) lo sabe. “Hay gente que empieza a hacer películas más tarde porque, entre otras cosas, tarda en descubrir cuál es su vocación”, explica por teléfono a Infobae. Él empezó con 19 años. Desde entonces, y durante los últimos siete años, se ha dedicado a estudiar, escribir y levantar Extraño río (Estrany riu, en catalán), una ficción con tintes autobiográficos sobre el despertar sexual de un adolescente en las orillas del Danubio.

Hijo de un arquitecto y una profesora de educación física y nieto por parte de madre de pintores de vanguardia, lleva el arte en la sangre. Con la mayoría de edad cumplida, Claret decidió no pasar por la universidad, abandonar su Cataluña natal y llegar a San Sebastián para estudiar durante un año y medio en el centro público Elías Querejeta Zine Eskola, dirigido a quienes buscan levantar un largometraje —y con vínculo directo con el Festival de San Sebastián—. “Tuve la suerte y el privilegio de que mi familia me pudiera mantener mientras empezaba. Eso me permitió dedicar tiempo al proyecto y aprovechar oportunidades que no todo el mundo tiene”, reconoce.

Su primer largo se estrenó el pasado mes de septiembre en el Festival de Venecia, donde fue doblemente laureado con el Premio Bisato d’Oro a la Mejor Contribución Artística y Premio Gino Votano Best Mediterranean Film 2025. Siete meses después, ha conseguido ocho nominaciones a los premios Gaudí, los premios de la Academia del Cine Catalán, y este sábado 28 de febrero se juega dos galardones en la 40.ª edición de los premios Goya: Mejor Dirección Novel y Mejor Actor Revelación para su protagonista, el también joven debutante Jan Montaner.

'Extraño río'. (Elástica)
'Extraño río'. (Elástica)

-Pregunta: Extraño río no es autobiográfica, pero sí tiene elementos de tu biografía y de tu familia. ¿La trama siempre tuvo esta forma? ¿Con 19 años ya tenías claro qué ibas a contar?

-Respuesta: Sí, ya he empezado a detectar que parto de elementos personales, pero después los profano y genero ficción a partir de ellos. Me interesa imaginar lo que no sucedió y explorar lo que podría haber sido.

Estrany riu la empecé escribiendo a partir de los viajes en bicicleta que hice con mi familia durante la infancia y la adolescencia, y la primera versión nació de las fotografías y los diarios de esos viajes. Pero como el proceso de escritura fue largo, de unos cinco años, con el tiempo he ido dándole cada vez más ficción: dejaron de ser mi familia y se convirtieron en personajes distintos. Pensaba el personaje de la madre con características de mi padre y el del padre con características de mi madre. Por ejemplo, mi padre sí es arquitecto, como el personaje.

-P: ¿Y a tu familia qué les parece ese retrato?

-R: Cuando la vieron por primera vez, vieron una ficción y, a la vez, se reconocían en situaciones. Se emocionaron mucho, también por la propia película y por verla terminada después de siete años. En algún momento, decían: “¡Esto no lo hice yo así!”. Y yo les digo: “¡No eres tú, es un personaje!”. [risas] Pero son muy conscientes del arte y del cine. Es lo que me han transmitido toda la vida; tienen conocimiento de la ficción. Lo que quería retratar era una familia como la que he tenido: un homenaje a una forma de educación, de ver el mundo y de relacionarse con el arte. Me considero muy privilegiado de tener eso, pero también tengo la responsabilidad de contarlo. Si no lo cuento yo, ¿quién lo va a hacer?

-P: Una de las cosas que más destacan de la película son los colores. En los últimos años se ha hablado mucho de la falta de luz y de los colores apagados en el cine, y aquí ocurre lo contrario: hay muchísima luz y color.

-R: Ha sido muy consciente siempre. Estaba cansado del mal uso del color en el cine contemporáneo, de las películas desaturadas. Lo bonito de trabajar en 16 mm es que, con poco trabajo, se consigue una organicidad del color muy interesante. Pero creo que todo esto me viene de mis abuelos maternos, ambos pintores. Los dos utilizaban colores muy fuertes. Mi abuela, Roser Agell, tenía un uso del color cercano a Paul Klee, con un surrealismo poético de mucho color; y mi abuelo, Jaume Muxart, era expresionista abstracto. El uso del color era algo fundamental y he bebido de esto de una forma vital.

Trailer 'Extraño río'

-P: Otra cosa que destaca es la cantidad de silencios que hay y que ilustran el viaje del personaje de Dídac, que interpreta Jan Montaner.

-R: Durante la escritura y el rodaje nunca pensé en hacer una película con muchos silencios. Me lo han dicho después. Lo que sí tenía claro es que era una película de miradas y eso te lleva a perder diálogo. Y el silencio... que tampoco es silencio. Está construido, hay sonidos de la naturaleza, gestos fuera de campo… Creo que somos muy ‘dialogodependientes’ por una tradición industrial y de Hollywood, y por eso sorprende. Lo que siempre hago es adaptarlo un poco a los actores. Cuando apareció Jan en el casting, vimos que es una persona introspectiva, cómoda en el silencio. Hacerle hablar todo el rato no habría funcionado.

-P: Me llamó la atención la frase: “No me gustan los chicos, me gusta Gerard”. ¿Esto responde a cómo llevan su sexualidad las nuevas generaciones?

-R: Para mí es la frase más política de la película, que lo es en muchos aspectos. Creo que hacer cine tirando a la poesía es algo muy político y como una resistencia, casi, ¿no? Dídac tiene 16 años y es una generación más fluida que la mía. No quería hacer una película donde la homosexualidad fuera un conflicto, porque no lo es. Esa frase refleja una forma mucho más contemporánea de vivir la identidad. O incluso puede darse casi lo contrario. Cuando se produce una apertura muy fuerte, por un lado, también puede generarse una reacción opuesta o más conservadora. Pero creo que, al menos, el cine debe ser más una utopía que una distopía: debe mostrarnos hacia dónde ir, desde cierto positivismo, no desde la derrota. Como cineastas tenemos la responsabilidad de observar a los jóvenes y de ver cómo viven la vida.

-P: ¿Cómo has recibido las comparaciones con Call Me by Your Name?

-R: Mal. [risas] Me encanta la película, pero cuando alguien me compara, pienso que ha visto poco cine. El tema está en que los referentes de Call Me by Your Name son los mismos que Estrany riu: Jean Luc Godard, Jean Renoir, Ermanno Olmi, Maurice Pialat... Son referentes que, antes de ver la de Guadagnino, ya me gustaban. Da un poco de rabia porque me da la sensación de que, para cierto espectador, el cine empieza con el cine contemporáneo de hoy en día, ¿no? Habla mucho de la ignorancia de la persona que lo dice. Más allá del enfado, me sale la preocupación. Si la gente va a Call Me by Your Name, probablemente también es porque faltan referentes de relaciones entre chicos cuyo conflicto no esté puesto en esa homosexualidad y tenga lugar en un verano. Si fuera una relación heterosexual, la gente diría muchas películas diferentes. Me sabe mal porque entonces es como que esa persona se está perdiendo mucho cine anterior.

“La película es política en muchos aspectos. Creo que hacer cine tirando a la poesía es algo muy político y como una resistencia. (...) Como cineastas tenemos la responsabilidad de observar a los jóvenes y de ver cómo viven la vida”

-P: ¿Cómo ha sido dirigir a actores con tanta experiencia como Nausicaa Bonnín o Jordi Oriol? Supongo que para ellos no será común que un chico de, para entonces, 26 años les dirija.

-R: Lo bonito es que junto con ellos nunca hubo esa sensación de edad, y eso dice mucho de ellos, aunque nunca me he sentido del todo de mi edad. Todos mis amigos tienen más de 35. Creo que también iba preparado, porque en realidad llevo haciendo cine desde los 16 años. Hay gente que empieza a los 30 y hace su primera película a los 40.

-P: ¿Qué significa para ti ser el director más joven nominado en los Goya?

-R: No lo pienso mucho. Sí que es verdad que lo poco habitual es que con 27 años alguien esté nominado a los Goya. No porque no haya óperas primas de cineastas jóvenes, que hay muchas. Sobre todo porque Estrany riu se ha hecho con una infraestructura económica, de financiación, de distribución, que sí que es anormal para una primera película. Y es anormal también para alguien que tiene 27. Creo que ahí está la diferencia. Es muy bonito ver que no se me ha menospreciado por tener esa edad, sino todo lo contrario. Incluso lo hemos cogido como una ventaja, también a la hora de distribuir la película.

Por ejemplo, en el caso de Eva Libertad [directora de Sorda], cuando ella tenía mi edad no se planteaba dirigir porque no había tantos referentes de mujeres. Y eso era un problema. Creo que lo que ha cambiado en los últimos años es que toda esa generación de mujeres, y cómo la industria se ha abierto más a esto por fin, ha hecho que cineastas mujeres que siempre habían querido ser directoras y no se lo habían planteado por falta de referentes, ahora están haciendo sus óperas primas con 40 años. Y eso es un síntoma, creo.

“Si la gente compara ‘Extraño río’ con ‘Call Me by Your Name’ es porque faltan películas referentes de relaciones entre chicos”

-P: Hace unos días, Margot Robbie ha dicho que hace las películas pensando en los espectadores, que son quienes compran las entradas de cine, y no en la crítica. ¿Es un problema elegir entre que una película sea accesible o que sea profunda?

-R: Creo que el público se tiene que educar. Y no es paternalismo. Es como cuando naces y empiezas a comer, que mucha comida no te gusta porque tu paladar se tiene que adaptar. Es un proceso, ¿no? Vas introduciendo alimentos y gustos. Algunos se te resisten, pero llega un momento en que, si te obligas o te obligan a comer, se produce una transformación. Y la obligación, aunque hoy no esté bien vista en la educación, también puede ser importante si se hace bien. La obligación de comerte el plato y no irte a jugar hasta terminarlo… al final funciona. A mí no me gustaban los champiñones, ni las setas, ni las alcachofas, y a base de obligarme he acabado descubriendo que me encantan.

Creo que el espectador tiene que educarse poco a poco, como con los alimentos, y acabará apreciando ciertas cosas. Si nos mantenemos en un lugar donde siempre complacemos al espectador, vamos a hacer espectadores tontos y nos vamos a hacer volver nosotros mismos tontos, porque al final vamos a dejar de ver ese tipo de cine.

'Extraño río'. (Elástica)
'Extraño río'. (Elástica)

-P: Los críticos también somos espectadores.

-R: No se puede meter a los críticos en un mismo saco. Hay muchos tipos de críticos. Algunos no soportan a Chantal Akerman; otros no han visto mucho cine de los 70, 80 o 90; y otros sí. Hay mucha diversidad.

Por ejemplo, con Estrany riu, algo que me ha sorprendido es que los espectadores que han visto poco cine conectan con la película. También hay un componente de subjetividad. Y lo que no soporto es menospreciar al espectador. Hay espectadores mucho más inteligentes y sensibles a este cine, incluso sin saberlo. El problema es que no llegan a estas películas por cómo se distribuyen.

-P: Hablando de citas, decía Oliver Laxe que “los jóvenes no van al cine porque se les ha dado pan bimbo y su paladar no se ha acostumbrado al pan de cereal puro”. Según la encuesta de hábitos y prácticas culturales de 2024-2025, la asistencia al cine llega al 80% entre jóvenes de 15 a 24 años. ¿Se subestima la capacidad de los jóvenes para entender cierto cine? ¿Se subestima directamente si van a ir a las salas?

-R: Cien por cien. Creo que quien dice eso, y no quiero personificarlo en Oliver, no sé si va mucho al cine. La mayoría de la gente que asiste de público a las salas de Estrany riu tiene entre 15 y 23 años. Y después, mujeres de más de 60. Tú vas a la Filmoteca de Cataluña y está llena de jóvenes. La gente que va menos es de los 30 a los 50, probablemente por motivos de familia, de hijos, laborales… Y justamente son estos los que dicen que los jóvenes no van al cine. Creo que decirlo es fácil y no tiene mucho sustento.

Lo que sí he escuchado decir a generaciones jóvenes es que es caro. Pues depende de lo que se entienda por caro, ¿no? Y me refiero a gente que tiene estabilidad económica, pero prefiere gastarse el dinero en cubatas que en cine o en cultura. Mucha gente se va de fiesta los viernes y se gasta 40 euros en cubatas. Y no digo que sea malo; a mí también me encanta beber, pero piensas: “Tómate un cubata menos y vas al cine”. Y lo mismo con “no tengo tiempo”. El tiempo también es relativo; lo puedes destinar a lo que quieras. Al final es espabilarse un poco, ¿no? Creo que nos hemos acostumbrado a una educación en la que esperamos que nos digan qué tenemos que hacer. Y es importante transmitir la vocación, la inquietud, las ganas de saber más, de buscar por tu propio pie y de encontrar las formas. Mucha gente no se entera de que si vas a los cines Renoir y vuelves en dos semanas, la entrada te sale más barata, o que los lunes hay precio reducido en un sitio y los miércoles en otro. Tal vez ahí hay un problema de comunicación en el que estamos fallando. Tal vez necesitamos comunicar mejor todo eso.

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