
No hay duda de que el estreno de Cumbres Borrascosas, la nueva adaptación del clásico de Emily Brontë dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Jacob Elordi y Margot Robbie, ha sido uno de los grandes acontecimientos culturales del primer trimestre del año. Con una recaudación de 82 millones de dólares a nivel mundial, la película ha despertado la curiosidad por la novela original en muchos espectadores.
Sin embargo, cuando pensamos en Cumbres Borrascosas, cuesta creer que una historia tan intensa, tan salvaje y tan moderna para su época (por su estructura, por su violencia y por lo atípico que era ver romances entre personajes tan complejos como Heathcliff o Catherine, por ejemplo) fuera la única que escribió Emily Jane Brontë. Y, sin embargo, así fue. No hubo segunda obra, así que la pregunta acaba por surgir por sí misma: ¿por qué?
La respuesta más directa es también la más dura de todas: Emily Brontë murió demasiado joven. La escritora fallecería en 1848 con apenas 30 años de tuberculosis. Su novela se había publicado solo un año antes y ni siquiera pudo llegar a verla firmada con su nombre, ya que tanto ella como sus hermanas Charlotte y Anne firmaron con pseudónimo: Elis, Currer y Acton Bell, respectivamente. Ese temprano fallecimiento impidió la escritura de más obras, si bien reducirlo todo a la enfermedad sería simplificar demasiado la vida de una gran autora que siempre se vio marcada por la tragedia.
Prefería la poesía
Desde pequeña, la muerte estuvo muy presente en el entorno de las hermanas Brontë. Su madre, Maria Branwell, murió cuando Emily era apenas una niña y dos de sus hermanas mayores fallecieron tras pasar por un internado con condiciones insalubres, lo que hizo que el resto de descendientes fueran sacados de allí a toda prisa y se educaran en su propia casa.
Por desgracia, eso tampoco los libraría de un destino funesto: décadas más adelante, Branwell Brontë (quien también llegaría a ser pintor y escritor), único hermano varón de la familia, moriría tras una vida llena de problemas como la adicción al opio y al alcohol. Eso sería pocos meses antes de que Emily perdiera la vida, hay quien dice que por la pena de perder a su hermano, del cual podría haber estado secretamente enamorada. Fuera como fuera, lo cierto es que, en cuestión de un año, la familia Brontë quedara prácticamente deshecha.
En cuanto a su carácter, Emily fue profundamente reservada durante buena parte de su vida, poco interesada en la vida social y nada atraída por la fama. Lo curioso (y también fundamental a la hora de por qué no escribió más novelas) es que ni siquiera le interesó nunca demasiado escribir en prosa, ya que ella se sentía, sobre todo, poeta. Antes de Cumbres Borrascosas, ya había publicado un libro de poemas junto a sus hermanas Anne y Charlotte, firmado de nuevo con su pseudónimo para evitar los prejuicios de la época y garantizar su seguridad.

La más introvertida de la familia
La inclinación artística de los Brontë: estos crecieron inventando universos en su imaginación mientras crecían en los solitarios páramos de Yorkshire, inspiración directa del escenario de Cumbres Borrascosas. En este sentido, el clásico literario es una novela donde la acumulación de ideas y de intensidad arremete con la fuerza de un desastre natural, surgida no desde la planificación, sino de la pura potencia creativa y su arrebato.
La escritura fue durante toda la vida de Emily Brontë su gran aliada. Cada vez que la joven intentaba trabajar fuera de casa como institutriz, regresaba pronto al no adaptarse bien a la vida lejos de su hogar. Su mundo era reducido, familiar, introspectivo, algo que hizo que muchos la consideraran como la más “extraña” de la familia. Sin embargo, en el interior de esa dificultad para relacionarse con más personas, de su silencio o de esa nostalgia que siempre parecía recubrirla, ardía el núcleo de una historia única.
Curiosamente, la introversión de Emily Brontë no impidió que muchos consideraran la historia de Cumbres Borrascosas como “inmoral” o “perturbadora”, mucho más que el resto de novelas de las Brontë (Jane Eyre y Agnes Grey). Esto no impidió que la escritora decidiera empezar una segunda parte, proyecto que quedó bruscamente interrumpido por su temprano fallecimiento. Durante muchas décadas, su nombre quedaría cada vez más olvidado, hasta que en el siglo XX la crítica feminista redescubrió y reivindicó Cumbres borrascosas como la obra maestra que es.
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