
La directora británica Emerald Fennell ha sacudido el panorama cinematográfico con el estreno de Cumbres borrascosas, una reinterpretación del clásico de Emily Brontë que se aparta de los cánones tradicionales y reaviva la discusión sobre los límites de la adaptación literaria. Desde las primeras funciones en cines, la película ha provocado tanto entusiasmo como controversia, especialmente entre quienes consideran intocable la obra original publicada en 1847.
Lejos de intentar una copia fiel, Fennell ha dejado claro que su propósito fue capturar la experiencia emocional que le provocó la novela, más que replicar cada detalle argumental. En la premiere de Los Ángeles, la directora afirmó: “Todos los que aman este libro tienen una conexión personal con él, y solo puedes hacer la película que imaginaste cuando lo leíste”. Esta postura se traduce en una película que privilegia la subjetividad y los matices contemporáneos, sin pretender competir con el original. Para Fennell, el reto no era alcanzar la magnitud de la novela, sino transmitir la intensidad de sus sensaciones: “Lo único que puedes hacer es esperar que conecte con alguien, porque Emily Brontë es la mejor”. Esta declaración anticipó el carácter provocador de la cinta y preparó al público para una obra más personal que reverencial.
El reparto elegido por Fennell encendió la conversación mucho antes del estreno, cuando se anunció la participación de Margot Robbie y Jacob Elordi como Cathy y Heathcliff. La elección de Elordi reactivó un debate antiguo en la crítica literaria: el origen étnico de Heathcliff, descrito en el libro de manera ambigua y sujeto a interpretaciones. El personaje es presentado como “un gitano de piel oscura”, “lascar” o incluso náufrago extranjero, pero la obra nunca especifica su procedencia, lo que ha generado conjeturas sobre discriminación y alteridad en la sociedad victoriana.

A vueltas con Heathcliff
En la película, Heathcliff es interpretado por Elordi, australiano de ascendencia vasca, lo que llevó a parte del público a cuestionar la pertinencia del casting. No obstante, Fennell opta por desplazar el foco de la raza hacia la marginalidad de clase, subrayando que Heathcliff proviene de la calle y no sabe leer ni escribir. La otredad del personaje se manifiesta así, principalmente, en su exclusión social y cultural, más que en su fenotipo.
El caso de Cathy tampoco ha pasado desapercibido. Robbie, de treinta y cinco años, encarna a un personaje que en la novela es apenas adolescente cuando acepta casarse con Edgar Linton. Fennell introduce versiones jóvenes de los protagonistas, pero la trama principal se desarrolla con los actores adultos, situando a Cathy en la veintena y expandiendo la cronología a lo largo de seis años. Este envejecimiento del personaje se utiliza para explorar las presiones sociales de la época, con alusiones directas a la “soltería” como estigma, sin sacrificar la inmadurez emocional que caracteriza a Cathy.
La adaptación de Fennell introduce modificaciones notables en la estructura y el reparto de personajes. El personaje de Edgar Linton, tradicionalmente rubio y de piel clara, es interpretado por Shazad Latif, de ascendencia paquistaní, inglesa y escocesa. Isabella Linton, que en el libro es la hermana de Edgar, aparece en la película como su “protegida”, una figura legal de la época victoriana que indica tutela sobre un huérfano.

En cuanto a la familia Earnshaw, la versión cinematográfica opta por eliminar a Hindley, el hermano mayor, y atribuir sus características negativas —hostilidad hacia Heathcliff y afición al alcohol— al padre, Mr. Earnshaw. Este personaje, encarnado por Martin Clunes, permanece vivo durante buena parte de la historia y su muerte, a mitad del filme, impulsa el romance central. La madre de Cathy y los padres de Edgar también desaparecen de la trama, simplificando los vínculos familiares para centrar la narración en el conflicto principal.
Otro cambio significativo es la supresión de las voces narrativas que estructuran la novela. El libro original se apoya en la perspectiva de Mr. Lockwood y los relatos de la criada Nelly, pero la película prescinde de narradores explícitos. Aunque Nelly, interpretada por Hong Chau, mantiene un rol clave, la historia se desarrolla sin intermediarios, situando a Cathy como eje dramático. El resultado es una película que abarca solo la primera mitad del libro, concluyendo en el capítulo dieciséis. Se omite así el ciclo de venganza de Heathcliff tras la muerte de Cathy, que en la novela se extiende a la siguiente generación y dibuja un retrato mucho menos heroico del protagonista. En la versión de Fennell, el relato se concentra en la intensidad de la relación original y prescinde de la parte más oscura y amarga del texto.
Erotismo explícito y tono contemporáneo
La adaptación de Fennell destaca también por su contenido sexual explícito, un rasgo ausente en la obra de Brontë. Mientras la novela sugiere el deseo a través de diálogos y gestos reprimidos, la película muestra escenas de sexo, encuentros secretos y besos apasionados bajo la lluvia, elementos que marcan un giro hacia el drama adulto.
El tráiler mismo anticipaba esta orientación, con imágenes sugerentes y gestos cargados de tensión física. En la novela, el clímax erótico se limita a una escena en la que Heathcliff y Cathy se abrazan poco antes de la muerte de ella, bajo la mirada de Nelly. Fennell, en cambio, apuesta por la fisicalidad y el desenfreno, intensificando la carga emocional y rompiendo los tabúes que pesaban sobre la literatura victoriana. La muerte de Cathy también se representa de manera más gráfica y perturbadora: tras dar a luz, la protagonista fallece y la cámara enfatiza la tragedia con la imagen de la sangre escurriéndose al suelo, un recurso visual inédito en las adaptaciones previas.
La película de Fennell ha polarizado a la crítica y al público. Algunos aplauden la audacia de la directora y consideran su propuesta “valiente y cautivadora”. Otros lamentan las licencias tomadas y el alejamiento de la fuente, reclamando una mayor fidelidad al espíritu de Emily Brontë. En redes sociales y foros especializados, la discusión se centra tanto en las cuestiones de representación —raza, clase, género— como en el debate sobre la legitimidad de las adaptaciones libres. Para muchos, la versión de Fennell es un testimonio de que los clásicos pueden ser revisitados y resignificados, aunque ello implique sacrificar parte de su integridad literaria.
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