
Han pasado más de veinte años desde que Arturo Pérez-Reverte fue elegido miembro de la Real Academia Española (RAE). Desde entonces, el conocido escritor y periodista se ha convertido en uno de los autores más vendidos de España, al mismo tiempo que, también, ha devenido en uno de los “mayores” de la institución que “limpia, fija y da esplendor” a nuestra lengua.
Así, tanto por su prestigio como por su experiencia, este lunes ha sorprendido (y mucho) el texto de opinión que Pérez-Reverte ha publicado en el diario El Mundo, donde ha expresado su preocupación por la situación interna de la RAE, en especial en relación con la ‘deriva’ que la academia está tomando en los últimos años, dominada por “los talibanes del todo vale”.
“Recuerdo con añoranza mi primera década en la Academia, en la que tardé años en abrir la boca si no me preguntaban”, ha escrito el novelista, “ahora, lamentablemente, el núcleo de lingüistas al que la actual dirección confía las decisiones maneja con naturalidad y sin apenas control, como justificación normativa, titulares periodísticos redactados con descuido o usos masivos en redes sociales, aunque estos contradigan principios sintácticos, semánticos o estilísticos largamente asentados”.

El miedo a parecer “elitistas”
De este modo, Reverte ha criticado que el criterio académico se haya hecho coloquial, convirtiendo en algo negociable su rigor. “Todo vale y cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez”, lamenta. Es por eso que, a día de hoy, el escritor considera que la RAE no hace honor a su lema, “ni fija, ni limpia, ni da esplendor”.
En cuanto a las causas de esta pérdida de su labor, Pérez-Reverte señala directamente al “miedo general” que se ha asentado entre los académicos. “Miedo a parecer elitistas, conservadores o excluyentes en un ámbito cultural hipersensible, en una España y una Hispanoamérica propensas a desconfiar de toda autoridad lingüística”. Al mismo tiempo, señala que la RAE, de nuevo por ese temor a la etiqueta de elitista, maneja en sus comunicaciones “un registro cada vez más vulgar, adaptado al lenguaje de redes sociales, con respuestas rápidas, ingeniosas y a menudo superficiales”.

“Las redes sociales”, continúa, “representan el grado extremo del problema. Son espacios donde priman la rapidez, la simplificación y la falta de contexto. Útiles como indicador sociolingüístico, resultan tóxicas como modelo normativo. Sin embargo, la RAE las menciona cada vez más como prueba de uso”. Pérez-Reverte ha insistido en que el lenguaje de las redes está diseñado “para impactar y no para pensar”, por lo que el uso académico del mismo conlleva un grave peligro: “La lengua deja de ser una conquista cultural, una herramienta cuidada y noble, y se convierte en reflejo automático del confuso ruido social”.
La RAE ha dejado de lado la opinión de los escritores
El escritor también se ha pronunciado sobre el actual director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, quien ya estuvo en el centro de la polémica después de que Luis García Montero dijera que la Academia estaba en manos de “un experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias”.

Reverte, por su parte, ha querido destacar que Muñoz ha sido el responsable de “importantes logros, como la labor panhispánica en América y la salvación económica de una RAE asfixiada por el expresidente Mariano Rajoy”. Al mismo tiempo, no obstante, ha afirmada que durante su mandato, “se ha roto el vínculo histórico, el respeto mutuo, el equilibrio al que antes aludía entre creación literaria y técnica lingüística” que, hasta ahora, había caracterizado a la institución.
“La voz de los académicos escritores que por naturaleza son creadores, trabajadores y especialistas del lenguaje, apenas cuenta hoy en la RAE”, denuncia el novelista, “Prescindir de su criterio equivale a amputar la dimensión estética e intelectual del idioma, reduciéndolo a un mero instrumento funcional. La lengua sin autoridad literaria se vuelve plana; y una academia que no escucha a quienes mejor la manejan renuncia a dar esplendor en el sentido más profundo del término”.
Por último, el escritor ha resaltado que su intención no es negar la utilidad de la RAE “ni su necesario futuro”, sino prevenir “una crisis”. “La lengua española no necesita una policía autoritaria, pero sí una institución capaz de establecer criterios, defender la excelencia y asumir que toda norma implica incomodar a alguien”, ha defendido el novelista. “Una lengua que renuncia a la exigencia, el rigor y la belleza, acaba por renunciar a su grandeza”.
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