
La reciente publicación del ensayo Dos tardes con Jules Verne de Laura Fernández ofrece un acercamiento íntimo y novedoso al célebre escritor francés. En entrevista con Agencia EFE, Fernández afirma que su intención fue mirar a Jules Verne “siendo escritora y dando una visión personal de él”, abordándolo desde una perspectiva literaria y emocional.
La autora define su libro como “una crónica biográfica” surgida tras un viaje a Nantes, donde visitó el museo dedicado a Verne. Aunque puntualiza que el edificio “no fue realmente su casa”, relata que este recorrido le permitió descubrir la esencia de alguien que “se sintió profundamente incomprendido siempre y eso le llevó a querer expandir el mundo y hacerlo mejor”. Fernández resalta facetas poco conocidas, explicando que Verne “era una persona muy maniática, con un trastorno obsesivo compulsivo importante y además era bulímico".
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La obra describe pasajes significativos de la vida del autor, como una anécdota familiar que ilustra sus peculiaridades: “Un día invitan a comer a gente y cocina una pierna de cordero con su mujer, Honorine, una viuda que se convirtió en su segunda esposa. Al ver que los invitados tardaban, Verne se comió la pierna de cordero entera, y cuando ya los amigos estaban en la mesa él estaba vomitando en el baño", detalla la autora. Fernández subraya que este tipo de episodios eran habituales, pues —en su opinión— Verne “no podía evitar comer muchísimo y muy rápido, y luego tenía además siempre problemas de control de esfínteres desde muy joven”.
Además de su dimensión personal, Fernández pone en valor la visión anticipatoria de Verne. “Imaginó la realidad antes de que la realidad llegase”, afirma. Señala como ejemplo su novela Cinco semanas en globo, donde los personajes controlan la dirección gracias a un timón, un recurso que solo tiempo después fue utilizado por los científicos para los globos aerostáticos. También menciona los “cohetes espaciales”: “La forma que tiene el cohete en De la tierra a la luna es la que finalmente dieron los ingenieros, pero Verne ya lo había imaginado mucho antes".
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La autora enfatiza la relevancia del escritor en el progreso técnico y la imaginación futurista, pese a su limitada vida social. “Desde un lugar muy pequeñito como su casa en Amiens, donde se autoexilió porque en la capital lo consideraban solo un escritor para niños, Verne hizo avanzar de alguna forma la trama de la humanidad, a nivel técnico y a nivel futurista", asegura Fernández.
El ensayo también ahonda en las frustraciones y decepciones vividas por Verne, quien sufrió el desdén de la élite cultural de su época. La autora recuerda que “durante años Verne creyó que iba a ingresar en la Academia francesa y cada vez que moría un académico su editor, Pierre-Jules Hetzel, le decía “este es tu año” y él se emocionaba y esperaba que le llegase el telegrama para anunciarle que iba a ser nuevo académico, pero el ansiado telegrama nunca llegó“. Según Fernández, este episodio muestra cómo Verne fue “el ejemplo más claro de ser un escritor que genera sueños, pero nunca reconocido por la supuesta ‘intelligentsia’ culta de los literatos”.
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Desde la infancia
El vínculo entre Fernández y Verne se remonta a su infancia, cuando leyó Viaje al centro de la tierra a los ocho años, experiencia que le causó un profundo impacto: “Cuando eres niña te lo crees todo en el mejor de los sentidos, e imaginas que los personajes están viajando en el momento en que estás leyendo el libro y cada noche te metes en la cama y lees un trozo más pensando si esta gente estará viva o no, si se habrán quemado”. A juicio de la autora, “los libros de Verne llevan al lector a un lugar lejano, como el volcán de Islandia, pero también le hacen vivir una experiencia que no va a vivir nunca”.

El legado del autor de La vuelta al mundo en ochenta días se amplía en el ensayo con la historia de Nelly Bly, pionera del periodismo de investigación. Según Fernández, Bly logró recorrer el mundo en 72 días inspirada por Phileas Fogg, personaje creado por Verne. El encuentro posterior de Bly y Verne en Amiens simboliza, según la autora, el poder transformador de la literatura. Para Fernández, la vida y la obra de Verne siguen generando inspiración y cambio real en quienes se sumergen en sus historias, un impacto que trasciende generaciones, tal como refleja la conexión entre el escritor francés y la intrépida periodista.
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