
A lo largo de la historia del cine, la guerra ha ocupado un lugar importante en alguna de las mejores películas que han pasado por la gran pantalla. Así lo demuestran títulos como Senderos de gloria, Apocalypse Now o, por decir títulos más recientes, Enemigo a las puertas o 1917. Ahora bien, si este género suele asociarse con trepidantes escenas de acción, muertes violentas o grandes héroes cambiando el rumbo de la historia, existen otras propuestas diferentes capaces de llevar la fórmula mucho más allá.
Un claro ejemplo de ello es la que, para algunos críticos, es una de las mejores obras de cine bélico que se han hecho nunca: Buen trabajo, de Claire Denis. La primera particularidad de esta película es que, pese a tratarse de una historia ambientada en el mundo militar, ocurre en tiempos de paz. Asistimos, entonces, a los entrenamientos y rutinas de un campamento del ejército de Francia asentado en Yibuti, país situado en el Cuerno de África.
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Es ahí donde un sargento, Galoup (quien nos cuenta la historia a través de sus recuerdos), ve cómo su disciplinada existencia se ve sacudida por la llegada de un prometedor recluta, Sentain. Atracción, celos y, finalmente, odio, serán algunas de las emociones que marquen el camino iniciado por ambos soldados, empeñados en mantener una guerra entre sí que podrá llevarles a la autodestrucción.
Una adaptación literaria transformada por la imagen de los cuerpos
Con Buen Trabajo, Claire Denis realiza una libre adaptación de la novela Billy Budd, el último libro que escribiríauno de los escritores más importantes de la literatura estadounidense, Herman Melville, autor de clásicos como Moby Dick o Bartleby el escribiente. Melville no logró terminar la novela tras fallecer mientras la escribía por, según el certificado del médico, una “dilatación cardíaca”.
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Sin embargo, el texto resultante, ambientado en los inicios de las Guerras napoleónicas, sirvió a Claire Denis para realizar una película que enamoró a la crítica por una propuesta en la que la belleza y la sensualidad de sus escenas destaca por encima de lo que se nos cuenta, desmontado por las continuas elipsis y el montaje realizado. El verdadero protagonista es el cuerpo: ese lugar que nos constituye, que nos hace fuertes y nos embellece, pero en el que también encerramos muchas de nuestras emociones.

El cuerpo es también uno de los grandes temas abordados por Denis, una directora en la que lo sensorial cobra un lugar especialmente relevante, y en el que cuestiones como el colonialismo, la otredad o las fronteras culturales también cobran relevancia. En Buen trabajo, como vemos en otros títulos como High Life o Una mujer en África, vemos además cómo la cineasta expande también las emociones de sus personajes al espacio que los rodea. El lugar nunca es neutro.
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Más de 1.600 críticos de cine la votaron como una de las mejores películas de la historia
Desde su estreno en el Festival de Venecia de 1999, buen trabajo se convirtió en una de las películas favoritas de la crítica, y aunque no lograría un público masivo en su paso por cines, la película sería incluida en varias de las listas de las mejores películas de la historia del cine. Una de ellas, la realizada por la revista Sight and Sound con el voto de más de 1.600 críticos, la situaría como la mejor obra de cine bélico jamás hecha.
De este modo, con los años, Buen trabajo ha ido adquiriendo la categoría de película de culto, y sigue siendo, a día de hoy, y con el permiso de Moby Dick de John Huston, una de las mejores adaptaciones de la literatura de Herman Melville que se haya visto nunca en cines. “Única e inolvidable”, sentenciaron en la revista Rolling Stone, demostrando hasta qué punto el misterio y la belleza de esta obra maestra pueden resultar cautivadores.
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