
Hace veinticinco años aterrizó en la cartelera estadounidense de Acción de Gracias la siguiente película de M. Night Shyamalan después del increíble éxito que cosechó con El sexto sentido, que se convirtió en un auténtico acontecimiento cinematográfico que traspasó fronteras hasta convertirse en una obra de culto inmediata.
Esa película se llamaba El protegido y en ella, el director volvió a contar con Bruce Willis como protagonistas, así como con Samuel L. Jackson como compañero de reparto. Las expectativas estaban muy altas en aquel momento y el director se atrevió a hacer algo totalmente diferente con respecto a su anterior trabajo, pero sin perder la esencia de su estilo y utilizando uno de sus famosos giros finales que se encargaban de darle toda la vuelta a toda la película.
La singularidad de El protegido reside en su aproximación al género de superhéroes, con una visión alejada de los universos de Marvel y DC. Shyamalan decidió rendir homenaje a su pasión por los tebeos a través de una historia sombría y realista.
Una película de superhéroes diferente
La trama se centra en David Dunn, interpretado por Bruce Willis, un hombre corriente que sobrevive milagrosamente a un accidente de tren en el que fallecen todos los pasajeros. A partir de ese momento, Dunn comienza a descubrir que posee habilidades extraordinarias, mientras que Elijah Price, conocido como el hombre de cristal y encarnado por Samuel L. Jackson, irrumpe en su vida convencido de que los superhéroes existen en la realidad. La película explora la dualidad entre héroe y villano, pero evitando el maniqueísmo habitual del género y dándole una nueva dimensión.

El enfoque de Shyamalan se aleja de la adaptación directa de cómics y opta por una construcción cinematográfica que traslada el debate entre el bien y el mal al mundo real. La película se presenta sin los artificios ni la suspensión de veracidad que caracterizan a otras producciones de superhéroes. En lugar de recurrir a grandes efectos o a la espectacularidad, la historia se apoya en la introspección de sus personajes y en la integración de los elementos propios del género en la vida cotidiana.
El desarrollo de los personajes es uno de los puntos fuertes de la película. David Dunn, marcado por la tristeza y la incomprensión de su propia naturaleza, se enfrenta a la revelación de sus poderes y a la necesidad de encontrar su lugar en el mundo.
Elijah Price, por su parte, es un coleccionista de cómics obsesionado con la idea de que las historias de superhéroes no son una exageración de la realidad. Su enfermedad, que le hace extremadamente frágil, le lleva a buscar la existencia de alguien opuesto a él, alguien “inquebrantable”, como Dunn. Esta relación entre ambos personajes articula la narrativa y permite a Shyamalan explorar los arquetipos del cómic desde una perspectiva inédita.
La película introduce de forma sutil todos los elementos clásicos del género: el origen del héroe, la debilidad (en este caso, el agua), el uniforme (un simple chubasquero de trabajo), la rutina de acción y la figura del archienemigo. Sin embargo, todo ello se integra en la realidad de los personajes, sin recurrir a la espectacularidad ni a los tópicos habituales. La heroicidad de Dunn se manifiesta en acciones cotidianas y en la discreción de su doble vida, que solo comparte con su hijo en una escena cargada de simbolismo.
El suspense y el giro final, marca de la casa de Shyamalan, contribuyen a la atmósfera inquietante de la película. Además, la campaña de promoción de la película en 2001 fue deliberadamente enigmática, limitándose a mostrar un plano en el que un médico informa a Bruce Willis de su condición de único superviviente, sin revelar que se trataba de una historia de superhéroes.
El legado de ‘El protegido’
El legado de El protegido se ha visto ampliado con la inesperada trilogía que Shyamalan completó años después. En 2016, la escena final de Múltiple confirmó que ambas películas compartían universo, y la saga concluyó con Glass en 2019.
La influencia de El protegido en el cine de superhéroes es indiscutible. Su aproximación realista y su homenaje al cómic han sido reconocidos por la crítica y el público, situándola como una de las mejores películas del género. La cinta de Shyamalan consiguió incrustar la mitología del superhéroe en la vida real y palpable a través del cine, algo que ninguna otra producción ha logrado con la misma eficacia. La película está disponible en Disney+ para suscriptores.
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