
Charlie Sheen tenía apenas 19 años cuando se convirtió en una estrella mundial gracias al éxito mundial de Platoon, una película de Oliver Stone en la que se mostraba la violencia, muchas veces injusta y brutal, vivida en la guerra de Vietnam por parte de los soldados estadounidenses. El actor se convirtió rápidamente en una celebridad que volvería a brillar en otra película del mismo director, Wall Street, pero su entrada en el mundo de la fama implicaría también su inmersión en una serie de ambientes nocturnos y festivos que, con el tiempo, acabaron haciendo que acabara cayendo en una adicción a las drogas.
Durante distintas entrevistas, Sheen confesó haber consumido drogas de manera frecuente, señalando periodos en los que su consumo era diario. Así, la prensa y distintas fuentes fueron revelando diferentes episodios en los que el actor había sido hospitalizado por sobredosis o comportamientos erráticos relacionados directamente al abuso de estupefacientes. Al mismo tiempo, su adicción tuvo un efecto directo en su carrera, por ejemplo en la interrupción y su eventual salida de la serie Dos hombres y medio, donde su conducta errática y el incumplimiento de sus obligaciones con la productora y el equipo de trabajo conllevaron su despido.

Además de la pérdida de papeles importantes, la reputación de Sheen en la industria se vio severamente afectada. Productores, estudios y distintos colegas manifestaron públicamente su preocupación sobre la fiabilidad del actor, generando incertidumbre acerca de su participación en futuros proyectos. En más de una ocasión, Sheen se internó voluntariamente en centros de rehabilitación e inició tratamientos médicos que ayudaran en su desintoxicación. El entorno del actor también participó en dichos procesos, ya que familiares y amigos cercanos buscaron apoyarlo durante las etapas de tratamiento.
De hecho, el propio actor revela en su documental estrenado en Netflix este miércoles, Alias Charlie Sheen, la intervención que realizaron varios de sus seres queridos para que tomara conciencia de que debía afrontar su problema. Después de 8 años sobrio, Sheen habla con franqueza de ese momento en el que todo cambió. Era el 3 de agosto de 1990 y se encontraba en la celebración del cumpleaños de su padre, el también actor Martin Sheen, que alcanzaba entonces el medio siglo.
“Me lleva a casa y busco globos, un pastel y sombreros divertidos. Al doblar la esquina, veo que en la sala hay un círculo de gente muy bien organizado”. En la vivienda de sus padres, una mezcla de figuras de su presente y su pasado (como un antiguo maestro, un instructor de yoga, el actor Rob Lowe, sus padres y hermanos) lo aguardaban para una intervención cuidadosamente planeada. La reacción inicial de Sheen fue de sorpresa y resistencia: “Había oído hablar de estas cosas, pero nunca había estado tan cerca de una intervención”. Al solicitar tiempo para reflexionar acerca del ingreso a rehabilitación, recibió una respuesta categórica: “No. Es una decisión que hemos tomado por ti y que debe tomarse hoy”.
Fue en ese momento cuando su padre, Martin Sheen, utilizó un recurso inesperado. “Hay alguien al teléfono que quiere hablar contigo”, le dijo entregándole el auricular. Al otro lado de la línea estaba el mismísimo Clint Eastwood, quien no dudó en animarlo con un discurso claro que Sheen ha sido incapaz de olvidar. “Tienes que encarrilar el tren, chico. Mereces ser rescatado”, le decía el mítico intérprete con el que el joven había trabajado recientemente en la película El principiante. “Fue realmente conmovedor”, recuerda 35 años después el propio Sheen al revivir todo lo que Eastwood le dijo. “Le di las gracias, le devolví el teléfono a papá y le dije: ‘De acuerdo, vámonos’”.
A pesar de su convencimiento, el camino hacia la sobriedad (primero dejó la cocaína, el crack y las pastillas y, finalmente, el alcohol) no fue fácil. Las presiones externas y la vigilancia constante de los medios derivaron en un escenario poco favorable para una recuperación sostenida. Las recaídas solían acompañarse de nuevos episodios polémicos y declaraciones públicas en las que Sheen reconocía sus dificultades para superar la adicción. Con el tiempo fue dejándolo atrás, quedando por el camino un largo proceso en el que el apoyo de sus seres queridos fue, quizá, lo más determinante a la hora de afrontar su enfermedad.
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