
Hablar del legado de Vincent van Gogh es sumergirse en una herencia artística cuya huella es aún palpable a día de hoy. Considerado como uno de los máximos exponentes del posimpresionismo, algunas de sus obras son hoy emblemas absolutos del arte occidental. Noche estrellada, con sus remolinos de estrellas y ese uso explosivo del color, se transformó en uno de los cuadros más reproducidos y admirados de todos los tiempos, mientras que Los girasoles, en sus distintas versiones, también exponen su maestría para representar la belleza simple y vibrante de la naturaleza.
Sin embargo, si en algo se distinguió Van Gogh fue en su capacidad de transmitir sus emociones en cada uno de sus lienzos. Colores, formas y temáticas se mezclaron en sus obras con una profundidad que muy pocos han alcanzado. Y, como es bien sabido, la vida de este artista neerlandés no fue para nada sencilla: ya no solo por el hecho de que su reconocimiento en vida fuera escaso, sino que además su existencia estuvo marcada por diferentes problemas de salud mental -depresiones, episodios de psicosis y un posible trastorno bipolar- y otras cuestiones personales, desde la soledad y la pobreza a los diferentes conflictos que provocó su carácter.
Tal como fue su vida, llegó su muerte: Van Gogh murió un 29 de julio de 1890 por las heridas de un disparo en el pecho recibido dos días antes. De esos días finales ya advertían algunos de sus últimos cuadros, como Campo de trigo con cuervos, que con su atmósfera densa y su horizonte quebrado por el vuelo de las aves, suele asociarse con la inminencia trágica de su fallecimiento, o Autorretrato con oreja vendada, que condensa, en la presencia de la venda y la mirada perdida, el drama íntimo y la genialidad convulsa de su figura cuyo deceso sigue siendo, a día de hoy, un misterio. ¿Quién disparó el arma? La versión oficial señala que lo más probable es que fuera él mismo, pero son muchas las fuentes que indican que, quizá, se trató de algo más.

“La angustia nunca me abandona”
El 27 de julio de 1890, el sonido de un disparo resonó por los campos de Auvers-sur-Ouse, una pequeña comuna del norte de Francia. Vincent Van Gogh, según la versión más ampliamente aceptada, acababa de dispararse en el pecho. La casa en la que se encontraba, que había acogido al artista en busca de inspiración para nuevas obras, se puede visitar todavía: fue en la habitación donde reposó finalmente el pintor y donde resistiría, debatiéndose entre la vida y la muerte, dos días más.
Si el suicidio parece una opción razonable es a tenor de la profunda tensión emocional a la que había estado sometido el pintor en sus últimos años. Algunos documentos, escritos por él mismo, muestran hasta qué punto resultaba difícil para él seguir adelante tras varias crisis y episodios de inestabilidad anímica. “La angustia nunca me abandona”, dejaría por escrito a su hermano días antes.
“Tras su ingreso en la institución de Saint-Rémy en mayo de 1889, Vincent menciona a menudo la muerte en sus cartas. Su ambición y fe en su propia salud también empiezan a menguar gradualmente. Vincent teme que los ataques que sufrió regresen”, señalan desde el Museo de Vincent van Gogh de Ámsterda, una de las instituciones que más hace por preservar el legado del pintor. “Vincent seguía dependiendo completamente de Theo (su hermano) económicamente, y quizás se sentía como una carga para su hermano. O quizás le preocupaba que Theo no pudiera seguir enviándole suficiente financiación en el futuro”.
Con todo, no existen evidencias científicas de que la muerte fuera efectivamente por suicidio, y se sabe que los habitantes de Auvers-sur-Ouise ofrecieron diversas versiones sobre lo que ocurrió durante esos días.

Las teorías alternativas
135 años después, la muerte de Vincent van Gogh se sostiene casi como un rompecabezas en el que cada generación intenta encontrar su propia respuesta. Al fin y al cabo, ¿cómo es que tras dispararse decidió vivir durante dos días más? Respecto al fallecimiento del pintor, se ha hablado incluso de asesinato. La principal razón es el testimonio de varios aldeanos que vieron al artista con más gente horas antes del disparo, pero quedarían muchos misterios sin resolver: faltaría un motivo, así como el hecho de que nadie viera huir a nadie de la escena del supuesto crimen.
Por otra parte, la hipótesis del accidente, si bien menos dramática, no deja de cargar con su propio peso simbólico, ya que lejos de cualquier malestar interno o externo, el final de la vida de uno de los mayores artistas de la historia de la humanidad habría sido un simple (pero terrible) accidente doméstico. Otros expertos, como Gregory White Smith y Steven Naifeh, autores del libro Van Gogh: la vida, aseguran que el disparo fue un error de un joven de 16 años llamado René Secrétan y otro adolescente con el que jugaba, y que fue el pintor quien no quiso inculpar a ambos chicos y aseguró que se había disparado a sí mismo.
La postura oficial del Museo de van Gogh
La popular divulgadora de Historia del arte Roberta Villarreal, conocida especialmente por su canal Hablemos arte, a través del que ofrece tanto cursos como diferentes contenidos en redes sociales, le preguntó en una ocasión a una conservadora de arte del Museo de Van Gogh si creía en la versión oficial de la muerte del pintor.

“La versión oficial del Museo es que Van Gogh se quitó la vida. No tenemos ni una duda al respecto: nosotros creemos que se disparó en el pecho, no murió inmediatamente, logró ir de regreso al lugar donde se estaba quedando, después el doctor local fue notificado de lo que había pasado y su hermano Theo también”. Así, pese a que Van Gogh aguantó con vida durante algunos días, acabó muriendo con Theo a su lado. “Van Gogh le dijo a su hermano de morir: está bien, estoy listo, esta es la decisión correcta para mí”.
Sobre los rumores y teorías de un posible asesinato, la empleada del museo se mostró tajante: “Son solo rumores, absolutamente, no existe ni una sola duda por nuestra parte”. Fuera como fuera, lo que sí se encontró, aunque también con ciertas dudas, es el arma que disparó la bala que heriría mortalmente al artista: un revolver de la marca Lefaucheux encontrado por un agricultor hace 75 años. Esta pistola permaneció enterrada durante varias décadas y no ha logrado resolver el misterio. Su hallazgo, no obstante, supone a día de hoy la materialización de un trágico misterio cuya verdad ha sido, también, sepultada por el paso del tiempo.
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