
En medio del renovado interés por las historias de éxito y fracaso en Hollywood, la historia de Sharon Stone refleja una trayectoria marcada por ascensos meteóricos y notorios obstáculos. La actriz, que a fines de la década de los 80 y durante los años 90 se posicionó como una de las figuras más reconocidas del cine internacional, gozó de un periodo de absoluto reconocimiento, aunque no exento de críticas de referentes históricos del séptimo arte.
De trabajar en un McDonald’s a protagonizar una de las películas de la década
El nombre de Sharon Stone comenzó a sonar mucho antes de que triunfara en la pantalla grande. Su carrera, ajena a los privilegios de cuna, la llevó primero a trabajar en un local de McDonald’s mientras residía en el estado de Pensilvania, etapa en la que “aprendió a tratar con todo tipo de personas”, según sus propias palabras. Este periodo, lejos de la luz de los reflectores, precedió a una breve incursión como modelo, culminando en su coronación como Miss Pensilvania. Un éxito tras el que se mudaría a Nueva York tras ingresar en una agencia y con un objetivo claro: convertirse en actriz.
La oportunidad le llegaría pronto de la mano de Woody Allen, quien le ofreció un pequeño papel en Recuerdos (1980). La película, aunque menor en términos de la presencia de Stone, marcó un comienzo que derivó en otros proyectos secundarios a lo largo de los años ochenta. No sería hasta Desafío total (1990), dirigida por Paul Verhoeven y protagonizada junto a Arnold Schwarzenegger, cuando Stone se catapultó a la fama. Según The New York Times, el “impactante despliegue físico y la inusitada intensidad” de su interpretación contribuyeron a consolidar su imagen como “uno de los nuevos iconos de la década”.
Fue en 1992 cuando llegaría su consagración definitiva con Instinto básico, nuevamente bajo la dirección de Paul Verhoeven. La cinta criminal-erótica supuso un punto de inflexión no solo para la actriz, sino para el mismo arquetipo de la femme fatale en la cultura pop con uno de los momentos más emblemáticos del cine de la época: el famoso cruce de piernas. Esta icónica secuencia, en la que Stone no fue consciente de lo que se había grabado hasta que vio la película terminada, terminó de disparar su fama, al mismo tiempo que le granjeó alguna que otra crítica.
Las primeras críticas y el declive final
Uno de los capítulos más comentados se relacionó con la reacción de Katharine Hepburn, actriz que figura como la persona dedicada a la interpretación con más premios Óscar de la historia , quien mostró un abierto rechazo hacia la fama de Stone y, particularmente, su actuación en ‘Instinto básico’. Según recogió The Washington Post, Hepburn refirió que aquel papel marcaba “Es un nuevo nivel de degradación para las actrices cuando tienes que preguntarte qué hay entre sus orejas en lugar de entre sus piernas”.
El paso a producciones más ambiciosas llegó de inmediato. Martin Scorsese la eligió en 1995 para interpretar a Ginger McKenna en Casino, papel que, gracias a su complejidad y el tono autodestructivo del personaje, le valió la nominación al Oscar a Mejor Actriz de Reparto. Ese mismo año asumió el rol principal en Rápida y mortal, western dirigido por Sam Raimi y compartido con Gene Hackman, Leonardo DiCaprio y Russell Crowe; sin embargo, la película no generó el mismo impacto.
El problema de salud que forzó un parón
En los años posteriores, Sharon Stone protagonizó diversos proyectos que no lograron el favor de la crítica ni del público. Diversos tropiezos en taquilla fueron erosionando la imagen de una de las actrices más exitosas del momento, lo que se sumó a los problemas de salud que frenaron su carrera: en 2001, la actriz sufrió un accidente cerebrovascular que, según relató en entrevistas, “estuvo a punto de costarle la vida”. “No sabía si podría volver a caminar, hablar o trabajar delante de una cámara”, confesaba la actriz en una entrevista publicada por The Independent.
Este episodio derivó en un retiro forzoso de varios años, durante el cual Hollywood ya había relegado a Stone a papeles secundarios o poco relevantes. En las últimas décadas, Stone ha tenido pequeños papeles en diferentes producciones, pero no ha logrado recuperar el protagonismo absoluto del que gozó en anteriores décadas. Protagonizó, eso sí, la segunda parte de instinto Básico que se estrenó en 2006, donde ella misma impulsó diferentes escenas de sexo para lograr la certificación R para el lanzamiento en Norteamérica y, en sus propias palabras, “crear una plataforma para el debate”. A pesar de eso, la producción apenas recaudó 3 millones de los 70 que había costado.
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