
La próxima gran producción de Christopher Nolan, La Odisea, ya ha empezado a generar debate incluso antes de que su reparto quede completamente definido. Entre los nombres que más curiosidad despiertan aparece el de Elliot Page, cuya posible incorporación ha abierto una pregunta tan simple como estimulante: ¿podría ser un buen Aquiles? La respuesta, desde una perspectiva cinematográfica, es sí. Y no por una razón única, sino por varias.
Lo primero que hay que entender es que hay dos Aquiles en Homero: el de La Ilíada y el de La Odisea. Mientras que el primero es un gran héroe que comanda el ejército aqueo frente a las murallas de Troya, en la segunda obra es una persona distinta, un espíritu que se le aparece a Ulises en el Hades y que difiere mucho de la representación canónica del personaje, hasta el punto de contradecirse con todo lo que había encarnado en el primer canto épico. “Preferiría ser labrador y servir a otro, a un hombre indigente que tuviera pocos recursos, a reinar sobre todos los muertos”, dice el noble guerrero en el Canto XI de la obra original, simbolizando que en muchos sentidos, ya no es el mismo Aquiles épico y victorioso. ¿Podría encajar eso con Elliot Page? Analicemos las razones a su favor.
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1. Una vulnerabilidad poco explotada
Aquiles no es solo el gran guerrero de la mitología griega. También es un personaje marcado por el orgullo, la pérdida y una relación difícil con su propia fama. Elliot Page tiene una capacidad interpretativa muy útil para ese tipo de papel, porque suele transmitir conflicto interior, fragilidad emocional y una tensión muy humana que encaja con un héroe trágico. En una película de Nolan, donde los personajes suelen ser tan complejos como la propia trama, esa vulnerabilidad puede resultar más valiosa que la pura contundencia física. Un Aquiles interpretado por Page podría sentirse menos como una estatua heroica y más como un ser humano atrapado entre el deber, el ego y la herida.

2. Un enfoque más cerebral que musculoso
La mitología de Aquiles se ha asociado durante décadas con la fuerza, la belleza y la violencia. Sin embargo, una adaptación contemporánea puede elegir otro camino: el de un Aquiles reflexivo, obsesivo y emocionalmente atravesado por su destino. Ese enfoque encaja muy bien con el estilo de Nolan —con el que ya trabajó en Origen—, que suele preferir personajes que piensan, calculan, dudan y se rompen por dentro. Page tiene el registro necesario para sostener una interpretación de ese tipo. Su presencia puede aportar gravedad dramática sin necesidad de que el personaje dependa exclusivamente de una imagen física de poder. Eso abriría la puerta a un Aquiles más íntimo, menos previsible y, por tanto, más interesante.
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3. Un perfil ideal para el trauma y la ambivalencia
Si algo define a Aquiles en el imaginario clásico es su condición trágica. No es simplemente un vencedor, sino alguien que sabe que la gloria tiene un precio. En La Odisea, además, ese universo aparece atravesado por la memoria de la guerra de Troya, de modo que los personajes que orbitan alrededor de esa historia suelen estar cargados de heridas visibles e invisibles. Elliot Page ha demostrado ser especialmente eficaz en papeles donde el dolor no se expresa de forma grandilocuente, sino contenida. Esa cualidad puede funcionar muy bien en un Aquiles que no solo pelee, sino que también cargue con el peso moral de la guerra. En manos de un actor menos matizado, ese conflicto podría perder fuerza; con Page, podría volverse central.
4. Un contraste fresco frente a otras versiones
Cualquier nueva aproximación a Aquiles tiene que convivir con el recuerdo de versiones anteriores, especialmente la interpretación de Brad Pitt en Troya, que dejó una imagen muy concreta del personaje en el imaginario popular. Precisamente por eso, una elección como la de Elliot Page permitiría a Nolan separarse de esa tradición visual y emocional. Ese contraste no sería un gesto meramente estético. También ayudaría a construir un Aquiles menos convencional, más sobrio y más alineado con la sensibilidad contemporánea. Nolan rara vez busca repetir fórmulas, y ese tipo de casting reforzaría la idea de que su película no pretende copiar la épica clásica, sino reinterpretarla. A nivel físico, uno puede pensar que dista bastante del personaje, pero lo cierto es que las descripciones de Homero principalmente inciden en su cabello rubio (xantos, en griego), y no en un físico especialmente grande o musculado, pues Aquiles era más conocido por ser un guerrero extremadamente ágil en el cuerpo a cuerpo.
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5. El valor de una sorpresa bien elegida
En el cine de Nolan, el misterio forma parte del propio atractivo de la obra. Sus películas suelen jugar con la expectativa, la información parcial y la revelación progresiva. Un casting inesperado puede funcionar dentro de esa lógica como una extensión del espectáculo narrativo. Hasta Oppenheimer, prácticamente todas las películas de Nolan se caracterizaban por un gran giro de guion, desde el final de Memento hasta Interstellar. Con el tiempo, esos giros se han ido introduciendo a mitad de metraje, por lo que no sería de extrañar que la visita de Ulises al inframundo se situase justo a mitad de película. En ese pasaje aparecen otros personajes de La Ilíada como Agamenón o Áyax el Grande, los cuales se desconoce aún por quién estarán interpretados en caso de aparecer.
Si Elliot Page terminara interpretando a Aquiles, la sorpresa inicial probablemente generaría conversación inmediata. Pero más allá del impacto mediático, lo importante sería si esa elección aporta verdad al personaje. Y, sobre el papel, la combinación parece sólida: presencia, inteligencia dramática, capacidad para el conflicto interno y una sensibilidad adecuada para un héroe trágico. Conviene recordar que, por ahora, todo esto forma parte del terreno especulativo. La Odisea sigue rodeada de información parcial y los detalles sobre el reparto no han sido confirmados de manera definitiva. Aun así, la hipótesis tiene sentido desde el punto de vista artístico, y si alguien merece el beneficio de la duda, ese es Christopher Nolan.
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Por otro lado, no hay que olvidar que estamos ante una obra de ficción basada en acontecimientos que pudieron ser reales, pero que tienen más de fantasía que de verdad, con cíclopes, sirenas y otras criaturas mitológicas que pueden ser adaptadas a su antojo, como también puede serlo un semidiós como Aquiles. Por último, la historia de Homero no trata solo de aventuras y monstruos. También habla de la memoria, la pérdida, el regreso y el costo humano del heroísmo. En ese marco, Aquiles no necesita ser únicamente un guerrero imponente. Puede ser también una figura marcada por la contradicción, la culpa y la conciencia de su propio final. Elliot Page tiene recursos suficientes para encarnar esa lectura del personaje. Y en una película de Nolan, donde la épica suele convivir con la introspección, eso puede ser exactamente lo que necesita Aquiles para volver a resultar inolvidable.
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