
“Lo ecológico existía antes de comprarlo”. Una frase tan simple como certera con la que Bewis de la Rosa introduce Para las Huertas. Este tema se incluye en Puchero de recena, la ampliación de un álbum debut con el que presentó su idea de “Rap Rural”.
A través de este género, siempre muy ligado al campo de las vindicaciones y reivindicaciones sociales, esta joven artista de raíces manchegas, ligada al mundo de la danza y las artes escénicas, lanzó al mundo en 2023 una pregunta: “¿Dónde está mi tierra?¿Dónde está mi territorio?“. Lo hizo con un disco, Amor más que nunca (2023), donde a los elementos del rap y del hip-hop se le suma la música folclórica y unas letras que devuelven el poder a la tierra, a los mayores, a los pueblos.
Recuperar una sabiduría perdida
Bewis de la Rosa canta a un mundo en desuso y a unas tradiciones que corren el riesgo de extinguirse. Pero es precisamente por eso que la artista ha encontrado en ello algo “súper revelador y revolucionario”. “Al final creo que nuestros abuelos tenían unos saberes de los que apenas éramos conscientes”.

Un espacio encerrado en sí mismo es también un espacio en el que ser acogido
Señala cómo, durante mucho tiempo, se nos mostró a los mayores como “una generación analfabeta, que lo único que habían sido eran currelas y currantes”. Sin embargo, su capacidad para hacer cosas por sí mismos -“hacerte una casa, arreglarte una bombilla, plantarte unos tomates”- los hacía “mucho más libres, capaces y sabios de lo que ahora somos”.
“Realmente, lo que da valor a una persona es poder hacer el número máximo de cosas por sí misma, o al menos tener cerca a gente que desde el altruismo y desde el compartir puedan apoyarte”, sentencia. “Creo que todo eso es lo que hace revolucionario pensar en nuestros abuelos como espejo donde mirarnos: hay que rescatar muchas cosas que quizás se nos han quitado y se nos han arrancado”.
En España ha habido siempre otras Españas. De las más sonadas en la actualidad es la España vaciada, pero también existió durante el franquismo el término de la España negra, esa parte del territorio alejada de las grandes ciudades, donde el supuesto atraso de sus poblaciones daba lugar a los crímenes más violentos, a las costumbres siniestras que, por ejemplo, pintaría en sus cuadros José Gutiérrez Solana. “Los medios solo hablan de lo rural como casitas que alquilar en verano una semana”, remata la rapera en una de sus líneas.

Preguntada sobre cómo lograr encontrar espacios para mezclar asuntos como el transfeminismo o la disidencia sexual y afectiva, tan presentes en las letras de sus canciones, con un territorio marcado por esos prejuicios, Bewis de la Rosa habla de su propia experiencia.
Como persona que ha alternado momentos en la ciudad y en el campo, sabe que nadie se libra “de no comprender lo que no ves en tu cotidianidad”. “En un pueblo, el raro lo puede pasar muy mal porque ya no tiene otra manera de salir a otro círculo”, añade. En el otro extremo, defiende que “el pueblo muchas veces es más diverso de lo que la gente piensa”. Destaca, por ejemplo, las “fiestas” en las que, hasta en las localidades más pequeñas, “ves a todo el mundo junto”. “El pueblo tiene algo muy de acoger la diversidad de manera muy natural y sencilla”.
El campo es, así, un espacio en el que se puede reconectar con conceptos tan necesarios como el afecto, los vínculos y, sobre todo, la pausa. Es, a partir de ahí, donde se puede construir una transformación que Bewis impulsa no solo con sus canciones, sino también en los conciertos. “Mucha gente conecta con el discurso a través del directo”, explica al respecto.
Por eso, considera que su discurso, elemento que considera básico en el éxito que ha generado su álbum, trasciende a sus temas y se traslada a las actuaciones. “Al venir de ese bagaje de las artes escénicas, al final no es un concierto al uso: es como un viaje escénico colectivo”. En sus actuaciones, deja que los asistentes también tengan voz, para llenar “esa necesidad de charlar y hablar de las cosas” desde el único lugar en el que es posible el entendimiento: “Desde el amor”.
El redescubrimiento de un paisaje
La vía artística abierta por Bewis de la Rosa no es un fenómeno aislado. Desde hace años, se ha hablado de una corriente neorruralista manifestada en todo tipo de manifestaciones artísticas. Desde un éxito editorial como Los asquerosos a nuevas voces como las de Irene Solà o Ana Iris Simón.
En el cine, títulos como Alcarrás, Suro o 20.000 especies de abejas devuelven al campo su papel de espacio en el que, también, es posible una transformación. Las formas tradicionales de vida en los entornos rurales se ven amenazadas, pero al mismo tiempo, estos son los únicos lugares en los que es posible escapar de la realidad de nuestros días.
En la música hemos asistido a la fusión de géneros tradicionales, como la jota, con otros más contemporáneos. Además, voces como la de Karmento, Amatria, Vermú, AWAKATE, han dado un paso más allá y han cantado sobre una vuelta a lo rural que, para Bewis de la Rosa, responde a “una herida generacional que nos atañe a muchos”.
“Hay una conciencia en comprender que lo artístico es como un túnel”, añade al respecto la artista, “un canal que me hace comprenderme como ser humano, a mí y también a mis coetáneas y en general a la humanidad”. Su voz se traslada al territorio de lo colectivo, “incluso lo místico”, para construir un “paisaje emocional” que sirva para mirar de cerca al mundo y “como motor de algo”. Un cambio... o un puchero: “A fuego lento, prueba-error, salero, amor”.
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