El segundo filme de Martín de los Santos envuelve fracasos y migraciones de ida y vuelta

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Valladolid, 29 oct (EFE).- El valor de asumir el fracaso personal y social y la valentía de afrontarlo en busca de una solución son algunas de las enseñanzas que desprende 'Un hombre en un puente', el segundo largometraje del realizador español David Martín de los Santos que ha estrenado este jueves dentro de la 71ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

De una manera tan consciente como desesperada, un hombre regresa a su localidad natal, en el norte de la provincia de Palencia, tras fracasar personal y laboralmente en todos los proyectos que emprendió en Madrid cuando decidió emigrar en busca de mejores oportunidades, un retorno también oportunista, ya que hasta entonces no había vuelto al lugar de sus raíces.

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Como director y espectador "el cine es ideal para mostrar estos personajes erráticos y controvertidos que se enfrentan al fracaso", ha explicado durante una comparecencia Martín de los Santos sobre su segundo largometraje de ficción después de 'La vida era eso' (2021) que entonces la valió dos nominaciones a los Premios Goya, y autor de la serie 'Los años nuevos' (2024).

"Por razones de supervivencia, por miedo o educación tendemos a ocultar nuestros defectos y miserias en una sociedad donde en apariencia todo es felicidad, pero la vida es también sufrimiento, dolor y enfrentarlo te ayuda a no sentirse solo", ha añadido durante una comparecencia informativa al término de la proyección, fuera de concurso, dentro de la sección oficial del festival.

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La película, una coproducción hispano-peruana, está protagonizada por Roger Casamajor y la actriz peruana Nidia Bermejo en el papel de una migrante en situación irregular que subsiste con trabajos precarios, mal remunerados y sin regularizar en el apartado laboral, un personaje del que se vale el director, en cierto modo, para confrontar dos migraciones: la de los españoles del medio rural al urbano y la de los extranjeros procedentes de países menos favorecidos económicamente.

El personaje errático y a la deriva empieza a encontrarse cuando, a cambio de casi nada, recibe el apoyo y solidaridad de una migrante iberoamericana a la que conoce accidentalmente y que le reintroduce en la comunidad donde viven sus familiares y amigos, un pequeño municipio elegido especialmente por el director en el norte de la provincia de Palencia: Cervera de Pisuerga.

Ningún vínculo familiar une a David Martín de los Santos con Cervera de Pisuerga más allá del sustrato emocional que como cinéfilo almacenó en al menos dos películas de Juan Antonio Bardem: 'Calle Mayor' (1953), rodada en Palencia, y 'Nunca pasa nada' (1963), filmada en Aranda de Duero (Burgos), en ambos casos con las calles de soportales que en la vieja Castilla protegían del frío invernal y cobijaban del calor estival. EFE

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(foto)

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