"Me han ayudado y yo quiero ayudar a cualquier español": la solidaridad sostiene a Ceuta

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María Alonso

Ceuta, 27 sep (EFE).- Ahmed no conocía a nadie cuando cruzó la frontera de Ceuta el 30 de julio, pero hoy este marroquí de 17 años tiene amigos españoles que le han abierto las puertas de su casa para dormir y cuenta que, aunque su sensación general es que se trata a los migrantes "como animales", también ha encontrado esperanza.

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En la playa del Trampolín, junto a los centenares de tiendas de campaña, lonas de plástico y cañas que han creado una ciudad improvisada en la orilla del mar, el joven relata a EFE que ha venido a España porque quiere estudiar, jugar al fútbol, conseguir sus papeles y ayudar a su familia y a los españoles.

"Mucha gente me ha ayudado y yo también quiero ayudarlos, quiero ser bueno en la cultura de España, ¿sabes? Puedo ayudar a cualquier español. Sí puedo porque esto es como humanidad. Tienes que ser bueno en tu vida y Dios te da a la gente que te ayuda", comenta.

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Cerca de él, decenas de policías controlan el acceso de los migrantes que acuden al reparto de comida que realiza a diario Cruz Roja. De día, la situación en esta playa suele estar tranquila, pero por la noche, Ahmed cuenta que no siempre se sienten seguros.

Enseña a EFE un vídeo en su móvil. Un grupo de cinco personas persiguen y atacan a un chico. En las fotografías se ve su espalda, abierta, según dice, por un machete.

"Vivimos como animales, te lo digo yo. La vida aquí es dura y no tenemos protección. Yo estoy mejor, pero otros inmigrantes no tienen protección", asegura.

A pesar de ello, celebra que a él le han ofrecido un lugar donde dormir y ducharse. Para él, esos gestos forman parte de algo "tan sencillo como la humanidad".

Desde los primeros días de la llegada masiva de migrantes, vecinos de Ceuta comenzaron a organizarse para prestar ayuda.

El politólogo y diputado ceutí Mohamed Mustafa explica a EFE que en El Príncipe y Sidi Embarek se habilitaron espacios para dar cobijo y protección a menores y mujeres en situación de vulnerabilidad. También, vecinos de zonas como Poblado Regulares y Los Rosales se organizaron para repartir alimentos, bocadillos y ropa.

Mohamed destaca que esta primera respuesta fue espontánea y que, con el paso de los días, esa solidaridad vecinal se fue articulando también con entidades sociales.

Uno de esos vecinos que ayudaron es Mustafa, de unos 50 años y residente en El Príncipe: "Aquí apoyamos a todas las personas. Tanto con comida como con alojamiento. Si tenemos sitio para acoger a la gente, sea de la raza que sea, nosotros lo hacemos", explica a EFE en la entrada de la ONG Luna Blanca.

La Federación Sur Acoge, que lleva nueve años trabajando en Ceuta, fue una de las que comenzó a ofrecer ayuda a los migrantes que entraron en los primeros días.

Movilizaron una furgoneta para recorrer la ciudad y localizar a los se encontraban en situaciones de mayor vulnerabilidad, especialmente menores, mujeres y personas LGBTI.

Según detalla a EFE su director general, José Miguel Morales, su intervención iba desde prestar primeros auxilios o trasladar a heridos al hospital hasta proporcionar comida, informar sobre la posibilidad de solicitar protección internacional o buscar lugares donde pasar la noche.

En algunos casos, el alojamiento se encontró gracias a vecinos dispuestos a acoger a migrantes en sus propias casas.

Halima Ahmed es educadora de la ONG Luna Blanca. Aunque se encargan fundamentalmente de repartir comida -más de 2.000 raciones al día-, ante la llegada de cientos de menores y jóvenes descalzos, en bañador y con heridas en los pies y los brazos, también les han curado las lesiones y les han ofrecido, dentro de sus posibilidades, ayuda psicológica.

Halima reconoce a EFE que la llegada migrantes ha generado tensión en la ciudad y ha alimentado discursos de odio sobre la inmigración, pero defiende que la solidaridad continúa en las calles de Ceuta.

Por eso pide no perder de vista que detrás de cada migrante "no hay un número" sino una persona "con una historia de vida concreta".

"Hay mujeres que han venido incluso con bebés y en muchos casos han estado a punto de morir porque se metieron en una marabunta que cubría el agua. Tú estás ahí dentro y te están empujando, están tirando de ti. Hay que pensar qué hace que una persona no arriesgue solamente su vida, sino la de su familia, para poder acceder a nuestro país", concluye. EFE

(foto) (vídeo)

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