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Las plantas invasoras se adaptan a nuevos climas, según un estudio liderado por Canarias

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Santa Cruz De Tenerife, 31 jul (EFE).- El estudio de más de 180 especies de plantas introducidas en Canarias ha revelado que las especies invasoras pueden adaptarse a nuevos climas con mayor facilidad de lo que predecían las teorías clásicas, según una investigación internacional liderada desde el archipiélago.

El estudio, coliderado por el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC) y la Universidad de La Laguna (ULL) y publicado en Ecography, demuestra que muchas plantas introducidas en Canarias son capaces de establecerse en condiciones climáticas diferentes de las que ocupan en sus áreas de distribución naturales.

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  Este resultado cuestiona algunos de los modelos utilizados hasta ahora para predecir el riesgo de invasión, según un comunicado del IPNA-CSIC.

Al respecto, señala que desde la época de Charles Darwin los científicos han propuesto diferentes hipótesis para explicar por qué unas especies introducidas logran establecerse con éxito y otras no.

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Una de ellas, conocida como la hipótesis de la preadaptación de Darwin, plantea que las especies introducidas emparentadas con la flora nativa tienen más probabilidades de prosperar porque comparten adaptaciones ecológicas similares.

Otra, la hipótesis de la analogía climática, sostiene que una especie solo podrá establecerse si encuentra un clima parecido al de su área de origen.

El objetivo del estudio fue comprobar hasta qué punto estas hipótesis explican el éxito de las plantas introducidas en un archipiélago oceánico como Canarias.

“Durante décadas pensamos que bastaba con conocer el parentesco evolutivo de una especie o el clima de su lugar de origen para predecir su capacidad de invadir nuevos territorios, pero estos resultados muestran que la realidad es mucho más compleja: muchas plantas son capaces de ampliar el rango de condiciones climáticas que ocupan una vez llegan a las islas”, señala Louis S. Jay-García, investigador del IPNA-CSIC y de la ULL y coautor del estudio.

Para poner a prueba estas hipótesis, el equipo analizó más de 180 especies de plantas introducidas pertenecientes a 82 géneros presentes en Canarias.

Los investigadores compararon cada una de ellas con especies nativas del mismo género, integrando relaciones filogenéticas, millones de registros de distribución y modelos climáticos de alta resolución para reconstruir el nicho climático de cada especie.

Uno de los ejemplos analizados corresponde al género Andryala, representado en Canarias por especies endémicas como Andryala pinnatifida y por la especie introducida Andryala laxiflora.

Aunque ambas pertenecen al mismo género, el estudio demuestra que A. laxiflora ha conseguido establecerse en el archipiélago ocupando condiciones climáticas diferentes de las presentes en su distribución natural, un ejemplo de la expansión del nicho climático observada en numerosas especies introducidas.

Los resultados muestran que la hipótesis de la preadaptación de Darwin no explica por sí sola el éxito de las plantas introducidas en Canarias.

Así, el parentesco evolutivo entre especies nativas e introducidas apenas contribuye a explicar la similitud entre sus nichos climáticos, es decir, pertenecer al mismo género que una planta canaria no implica necesariamente que ambas ocupen las mismas condiciones ambientales.

Por otro lado, aunque muchas especies procedentes de regiones mediterráneas y neotropicales sí encuentran en Canarias climas similares a los de sus lugares de origen, una parte importante consigue establecerse en condiciones climáticas completamente distintas.

En concreto, más de un tercio de las especies estudiadas ocupa exclusivamente condiciones climáticas que no utiliza en su distribución natural y cerca de dos terceras partes muestran una expansión muy marcada de su nicho climático.

Jairo Patiño, científico del IPNA-CSIC y firmante del estudio, subraya que las invasiones biológicas constituyen una de las principales amenazas para la biodiversidad insular y este trabajo muestra que ni el parentesco con la flora nativa ni el clima de origen limitan por completo la capacidad de las especies introducidas para establecerse.

Por ello, apunta, incorporar esta mayor flexibilidad ecológica a los modelos de evaluación del riesgo permitirá mejorar las estrategias de prevención y conservación.

asd/cmg/icn

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