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Dennis González: "Gracias a Andrea voy a seguir compitiendo; pensé en dejarlo todo"

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Adrián Vázquez

Barcelona, 29 jul (EFE).- Una lesión en el hombro derecho puso en jaque la continuidad deportiva del doble campeón del mundo Dennis González (Rubí, 2004), que llegó a plantearse "dejarlo todo" durante los meses más duros de recuperación tras pasar por el quirófano.

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El nadador español relata en una entrevista con EFE cómo el apoyo de la seleccionadora Andrea Fuentes fue determinante para recuperar la perspectiva, reconstruir su confianza y afrontar el Campeonato de Europa, que se disputará del 31 de julio al 5 de agosto en París, donde España parte como gran favorita tras su histórico Mundial de Singapur.

"Gracias a Andrea (Fuentes) voy a seguir compitiendo. Hubo un momento en el que pensé en dejarlo todo. Llegué a creer que no podría volver a ser yo, que todo lo que me había pasado me impediría conseguir todo lo que quería. Ella me ha ayudado a recuperar una perspectiva mucho más realista y a entender la situación de otra manera", detalla el rubinense.

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Fuentes se convirtió entonces en mucho más que una figura deportiva. Fue la persona que permitió a González verbalizar sus dudas, sacar toda la frustración acumulada y enfrentarse a la posibilidad de abandonar sin sentirse juzgado. Su papel no fue convencerle de seguir a cualquier precio, sino acompañarle hasta que él mismo volvió a encontrar motivos para hacerlo.

"Cuando le decía: 'Lo quiero dejar', me respondía: 'Pues vete si lo necesitas'. Necesitaba ese espacio para decir lo que sentía. Sabía que en el fondo me arrepentiría porque era consciente de que no quería dejarlo, pero en ese momento lo habría hecho. Me decía que me fuera a la habitación si lo necesitaba, que no me iba a obligar a entrenar si mentalmente no estaba preparado", recuerda.

Esa batalla mental fue una de las caras más duras de una lesión que obligó al catalán a enfrentarse a un rival hasta entonces desconocido: la incertidumbre. Mientras sus compañeras seguían acumulando entrenamientos, él libraba una lucha silenciosa lejos de la piscina, marcada por la pérdida de forma física y un desgaste emocional que por momentos parecía insuperable.

"Físicamente he perdido muchísimo y mentalmente ha sido uno de los baches más gordos que he tenido en mi carrera. También me sentía un poco fuera del equipo porque ellos seguían con su vida y yo estaba viviendo una completamente distinta", explica.

Con la perspectiva que da el tiempo, el deportista catalán entiende ahora que aquella decisión de pasar por el quirófano fue el peaje necesario para seguir aspirando a lo más alto. La operación llegó en el momento justo del ciclo olímpico, con margen suficiente antes de Los Ángeles 2028 para reconstruirse física y mentalmente.

"El año que viene es mucho más importante y el siguiente todavía más, porque será clasificatorio para los Juegos. Este era el año para hacerlo sí o sí. Si lo hubiera retrasado, el problema habría sido mucho mayor", reflexiona.

Ese proceso le obligó, además, a rebajar la autoexigencia que le había acompañado desde que irrumpió en la élite con el oro mundial en la rutina de solo libre de Fukuoka 2023. González aprendió que no siempre avanzar significa entrenar más, sino también aceptar los tiempos del cuerpo.

"Somos muy estrictos con nosotros mismos. Nos miramos siempre con lupa y cualquier cosa la vemos mal. A veces tienes que ser consciente de todo lo que estás pasando para entender que quizá no es perfecto, pero sí es exactamente lo que necesitas hacer para conseguir tus objetivos", subraya.

Pero hubo días en los que ni siquiera ese convencimiento era suficiente. La impotencia de escuchar cómo sus compañeros seguían entrenándose mientras él permanecía inmóvil hizo aflorar la parte más vulnerable del campeón.

"Había días en los que estaba en mi habitación descansando porque no podía forzar el hombro y me ponía a llorar porque quería estar en la piscina con mis compañeros y no podía. Entonces me iba a casa con mi prima, que ha sido una de las personas que más me ha ayudado a evadirme", recuerda.

En ese camino de vuelta también encontró un refugio en Gloria Balagué, la psicóloga de la selección, que permaneció a su lado incluso en los momentos de mayor angustia. "Ha habido noches en las que la he llamado porque necesitaba hablar con alguien y me ha cogido el teléfono. Ha sido una ayuda enorme en todo este proceso", detalla.

La lesión, paradójicamente, también le permitió a González observar desde una distancia inédita la transformación de una selección española que llega a París con la etiqueta de favorita. Obligado a apartarse temporalmente de la competición, siguió la evolución de un equipo que decidió reducir su carga de pruebas para trabajar nuevos conceptos.

"Estoy contento de haberlo visto también un poco desde fuera. Las veo como un equipazo y con una evolución increíble. Es verdad que no hemos competido tanto durante toda esta temporada, pero creo que, aunque al principio parecía que no, ahora se están viendo los resultados de que todo esto ha merecido la pena", explica.

Ese proceso tendrá en París su gran prueba de fuego, donde España volverá a medirse con una de las grandes potencias históricas de la disciplina, Rusia, después de que World Aquatics anunciara el levantamiento de las restricciones que impedían a sus deportistas competir bajo sus banderas e himnos en sus competiciones oficiales.

"Hemos hecho cálculos y todo lo que hemos hecho durante la temporada demuestra que es posible (ganarles). Los jueces están viendo el trabajo que estamos haciendo y estamos en muchas cosas por encima de ellas. Ahora simplemente tenemos que conseguir hacerlo en competición, defenderlo al máximo y destacar en la artística, que al final es nuestro punto fuerte", apunta.

En el plano individual, la recuperación del hombro ha marcado la preparación del catalán y le obliga a afrontar la competición desde una estrategia más conservadora, en la que la precisión y la limpieza de la ejecución pesan más que la búsqueda de la máxima dificultad.

"Voy muy por debajo de dificultad porque ahora mismo no me lo puedo permitir, pero haciendo una rutina limpia y teniendo ciertos aspectos en los que pueda ganar, para mí ya será una victoria", afirma.

Más allá del resultado en la capital francesa, el doble campeón mundial siente que este 2026 le ha ofrecido una oportunidad distinta. Después de ser elegido Mejor Nadador de Artística de 2025 y convertirse, casi sin buscarlo, en un referente para muchos jóvenes, la lesión le ha permitido descubrir una versión de sí mismo que desconocía.

"He cambiado muchísimo. La lesión me ha enseñado a ser una persona mucho más responsable. Antes era la típica persona que tenía la habitación desordenada y le daba igual. Incluso en esos pequeños aspectos he aprendido a ser más organizado, más disciplinado y a entender que si te comprometes con algo tienes que acabarlo", reconoce.

Un año de paréntesis competitivo, pero también de crecimiento personal, en el que González descubrió que la fortaleza de un campeón no sólo se mide cuando gana, sino también cuando encuentra la manera de regresar después de haber tocado fondo.

"Todo lo que he pasado y todo lo que he vivido también es importante que se sepa para que alguien que esté en un momento difícil vea que siempre se puede pasar por ello y conseguir lo que quiere", concluye. EFE

avm/fa/cmm

(foto) (video)

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