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Los expertos sitúan como prioridad evaluar si hay que actuar o no en los suelos quemados

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Elche (Alicante), 28 jul (EFE).- Los científicos especializados en los suelos sitúan como prioridad, cuando se apaguen las llamas de los actuales incendios forestales, estudiar los terrenos calcinados para determinar si hay necesidad de actuar sobre ellos o, en cambio, conviene esperar una regeneración natural.

Así lo ha indicado a EFE el catedrático de Edafología de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche y expresidente de la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo (SECS), Jorge Mataix.

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"Una vez que pase el fuego, lo más prioritario es analizar el impacto en los suelos y tratar de protegerlos, porque son la base para recuperar el ecosistema", ha resaltado Mataix, para quien entre otros criterios para tomar decisiones están el tipo de suelo, la severidad del fuego, así como otros factores como la pendiente.

Un factor clave que puede indicar la vulnerabilidad a la erosión es la textura del suelo, el espesor y la presencia de materia orgánica, entre otros elementos como recuperar el historial de incendios y, especialmente, el riesgo de afectación de próximas lluvias torrenciales. Otra de las cuestiones a tener en cuenta es si el fuego ha afectado en mayor o menor medida al suelo propiamente dicho ya que podría haber áreas donde hubiera transitado más por las copas de los árboles.

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"Debemos hacer una evaluación global del área de la zona incendiada y concluir las prioridades para determinar si hay que intervenir o no porque a veces actuar puede generar más daño", según el experto, quien ha indicado que una reforestación "no siempre es necesaria, depende de las especies existentes" y el impacto en el suelo.

Sin tener un conocimiento exhaustivo del terreno afectado en los incendios de Ávila, Madrid, Toledo y Castellón, Mataix ha comentado que en los del centro de la península hay abundantes suelos desarrollados en zonas graníticas, en principio muy vulnerables a la erosión.

Entre las posibles medidas de actuación allí, aplicar acolchados (de paja o astilla de madera) sobre aquellas zonas especialmente sensibles para proteger el suelo de la erosión y evitar que las cenizas lleguen a ríos y embalses.

Los incendios forestales de 2026 son, a su juicio, "la crónica de algo que sabíamos que iba a pasar" por "el creciente caldo de cultivo que suponen el abandono del medio rural, la acumulación de combustible, su continuidad, y las condiciones climáticas cada vez más extremas".

Para el especialista, hay que aprender a convivir con el problema del fuego en un contexto en el que "no hay más incendios sino que los grandes son cada vez más devastadores" como consecuencia de los cambios socioeconómicos en la vida rural, la mayor presencia de combustible y el cambio climático.

Esta tendencia provoca que las tareas de extinción de los bomberos en este tipo de fuegos cada vez estén más lejos de sofocar los incendios con rapidez y se centren en mayor medida en esperar "ventanas de oportunidad para contener en algunas zonas", en evacuar a la población y defender los bienes materiales.

La solución, para el catedrático es "intervenir en el paisaje para cambiarlo poco a poco" con el fin de que sea más hetereogéneo (un paisaje en mosaico) y con menos combustible en zonas clave. EFE

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