Doraemon en Santiago: una artesa creativa con 94 cajones e ilimitados inventos sostenibles

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Ana Martínez

Santiago de Compostela, 26 jul (EFE).- El conocido bolsillo mágico de Doraemon, el gato cósmico de la serie dirigida por el fallecido Tsutomu Shibayana, tiene su réplica en Compostela en los 94 cajones y los ilimitados inventos sostenibles de una artesa intergeneracional y creativa, la que Rosa Rodríguez inauguró el día 7 de octubre de 2024.

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Todavía no han pasado dos años y ya tiene ese calificativo, puesto por los que atraviesan la puerta y se encuentran con las enseñanzas de que todo objeto tiene una historia que puede volver a brillar y es necesario recuperar y reinventar para dar una segunda vida a aquello olvidado que en muchas ocasiones puede evolucionar a una pieza única.

Inspiración, concienciación con el medio ambiente y emoción, esto es lo que ofrece esta emprendedora orgullosa de haber logrado hacer barrio, pues muchos vecinos de la zona en la que se ha establecido se acercan a ella para preguntar si quiere aquello con lo que desconocen qué hacer, por si acaso fuese transformable. Una de esas entregas ha acabado en colgantes.

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"Deberían cobrarme menos de basura, porque no tiro nada", bromea en una conversación con EFE esta defensora del reciclaje, práctica vital para proteger la naturaleza, ahorrar materias primas y actuar sobre el cambio climático.

Cuidar el entorno, con esa tarea está muy comprometida, y también lo está con las entrañables relaciones que se forman en esta suerte de oasis entre los niños pequeños y los que lo siguen siendo, aunque con doble o casi triple dígito.

La más joven de su comunidad tiene cinco primaveras y la mayor le gana, pero "como se las da de joven, tampoco vamos a decir la cifra".

"Me gusta esa combinación, porque los más grandes se emocionan y contagian esa alegría, y los chiquillos entrenan la paciencia y se dan cuenta de que es muy normal estar por ejemplo hasta cuatro días con la misma cosa hasta terminarla", explica Rosa Rodríguez, a la que dicen que ya lleva la "doble erre" para remarcar lo de "reutilizar".

Mayores y menores, sin importar la edad que figura en el documento de identidad, van a ese centenar de coloridas casillas, cada una con su etiqueta, y buscan y rebuscan. Al igual que pasa con el saco del robot bondadoso amante de los esponjosos bizcochos (igual que Rosa) descubren el hechizo de la infancia y las infinitas posibilidades.

Rosa Rodríguez recibe encargos particulares y otros para regalos a profesores, de bodas y comuniones, celebra cumpleaños y organiza unas clases regulares y talleres puntuales. Usa todos los materiales para sus creaciones artesanales, pero si tuviese que decantarse por uno se quedaría con la madera.

De niña se recuerda permanentemente con la ropa toda manchada de pintura y la mesa "patas arriba". Se llevó broncas por ello, hasta que su madre decidió un buen día que "siempre iba a ser así". Tanto lo aceptó que en la librería que la progenitora llegó a tener, ahora ya está cerrada, en una aldea de O Porto do Son (A Coruña) Rosa daba clases a niños los viernes por la tarde y los sábados por la mañana.

A una de aquellas infantes se la encontró en Compostela, donde ahora vive, ya convertida en madre. Para Rosa Rodríguez supuso una alegría y más si cabe al conocer su disposición a ir a su local acompañada de su descendiente por las buenas vivencias pasadas.

Ya con esa alumna en otra etapa vital, volverá a mostrarle cómo los botes y latas pueden convertirse en macetas o útiles lapiceros y a ofrecerle asesoramiento para que la ropa vieja progrese a bolsas de tela, o los cartones de leche a neveras de unas casas hechas a mano.

Verán a dúo en Artesa Creativa los rompecabezas con cartón pintado y las cestas con periódicos trenzados y se reafirmarán madre e hijo en la urgencia de proteger el planeta, preservar los recursos naturales y garantizar el bienestar de las generaciones futuras. EFE

(foto)

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