Morante sueña el toreo, Palacio, revelación, y Pérez herido en última de Feria Santander

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Juan Antonio Sandoval

Santander), 25 jul (EFE).- El toro jabonero de Juan Pedro Domecq que ha abierto el festejo, de pobres pitones, ha tenido poca entrega y Morante de la Puebla apenas ha podido gozarlo en las verónicas del saludo.

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Morante no se ha demorado en quitarse de en medio al mulo que hizo cuarto, y en el último toro de la Feria, que mató por el percance de Marco Pérez, varios faroles luminosos y delantales plenos de embrujo han desatado la locura en Cuatro Caminos, que también ha celebrado con júbilo el galleo por Chicuelo.

Muleta en mano, el torero de La Puebla ha administrado verdaderas caricias que daban calambre, todas ellas de una despaciosidad electrizante, con el ‘juampedro’ deslizándose a milímetros del vestido de torear con su cadencioso paso, que el genio desatado del sevillano ha ligado con cercanía máxima y duende, y cuando se ha presentido una escandalera grande como fin del ciclo lo ha pinchado hasta tres veces.

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El tercero ha disparado a diestra y siniestra taponazos sin estilo, y Aarón Palacio ha tenido el tino de extraer una serie de naturales de muleta arrastrada y gobierno lento, y se ha demorado con el estoque.

En el segundo de su lote, Palacio ha mecido el capote a la verónica con perezosa y feliz lentitud, hundido el mentón y encajados los riñones, ha galleado por chicuelinas garbosas y logrado un ajustadísimo quite por gaoneras.

La torería y la inteligencia del novísimo matador aragonés han edificado una faena con mucho contenido ante un animal que sólo se entregó en la primera serie a derechas –que ha resultado cumbre-, y han sido su capacidad superlativa de templar, el epílogo de ayudados por alto y trincheras de calidad superior y el arrojo de irse detrás de la espada como si no hubiera un mañana argumentos que le alzan como la gran revelación de la Feria de Santiago (oreja).

Marco Pérez ha entregado su sangre, vertida al ser cogido en la estocada con la que ha tumbado al segundo en terrenos cercanos a toriles, última estación de una odisea de esfuerzos que ha comenzado con la larga cambiada a porta gayola, seguida de otra en el tercio, los ayudados por alto también postrado de hinojos y un continuo afán por atemperar al complejo y cambiante toro de Juan Pedro Domecq, coronado con la estocada hasta la empuñadura en la que ha sido prendido por el muslo.

Esta res ha alternado algún viaje deslizando con otros muchos por dentro y con aspereza de latigazo, y Marco Pérez a veces lo ha templado y otras lo ha ligado a la velocidad de rayo con que se venía, con una entrega absoluta en todo caso (oreja).

Ficha del festejo. Plaza de Cuatro Caminos. Octava y última del abono de la Feria de Santiago de Santander. Lleno de “no hay billetes”. Seis toros de Juan Pedro Domecq de desigual presentación.

Morante de la Puebla: Media tendida, saludos; estocada desprendida, dos descabellos, silencio; tres pinchazos, aviso, estocada desprendida, saludos.

Marco Pérez: Estocada, oreja con fuerte petición de la segunda, en el único que mató. Tras ser cogido al entrar a matar al segundo ha ingresado en la enfermería con “una herida en el muslo derecho de dos trayectorias, una hacia la cadera y otra hasta el tercio medio del muslo, afectando al músculo aductor y llegando hasta la zona del recto anterior del muslo/cuádriceps”, de “pronóstico reservado”, y ha sido trasladado al Hospital Mompía.

Aarón Palacio: Espadazo muy tendido, aviso, tres pinchazos, estocada desprendida, silencio; estocada desprendida, oreja con fuerte petición de la segunda. EFE

jas/jla

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