Silvia Pérez Cruz, tradición y vanguardia en la inauguración de La Mar de Músicas

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Cartagena, 17 jul (EFE).- Silvia Pérez Cruz ha inaugurado este viernes la 31 edición del festival La Mar de Músicas de Cartagena, una cita que, ha resaltado, es ya como su casa y en la que ha hecho gala de su potencia vocal y su virtuosismo la hora de fusionar géneros y estilos, tradición y vanguardia.

La catalana es una de las intérpretes que más veces ha pasado por el festival (cinco en total), que este año tiene a Ecuador como país invitado y que desde hoy hasta el próximo 25 de julio va a ofrecer 45 conciertos, 21 de ellos, gratuitos.

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El año pasado también estaba programada su actuación junto con el portugués Salvador Sobral, concierto que tuvo que cancelarse a mitad de la actuación por la lluvia, como ella misma ha recordado.

"Hoy no parece que va a llover, aunque igualmente con la humedad acabaremos chorreando" ha bromeado, en una noche tórrida, en plena ola de calor en el Mediterráneo.

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La artista, Premio Nacional de las Músicas Actuales en 2022, ha animado al público a cantar con ella, "incluso sin conocernos", y ha interactuado con sus seguidores creando con ellos ritmos y melodías con la voz, las plamas e incluso los abanicos, que abundaban en el auditorio.

El concierto ha arrancado con "Hierbabuena", una canción del folclore argentino, que Pérez Cruz ha cantado sola sobre el escenario a capella.

Su espectacular voz ha resonado en el impresionante auditorio del Parque Torres, que se eleva sobre la bahía de Cartagena y al que se han subido hacia la mitad del concierto hasta una decena de músicos de cuerda, viento y percusión y un coro integrado por otra decena de voces.

"El éxito es estar rodeado de buenas gentes y, si eso es así, yo estoy triunfando que no veas", ha dicho antes de presentarlos.

Así, de una primera parte más intimista, sin apenas instrumentación y una escenografía apostando todo al negro, la artista ha dado paso al blanco en la parte central del concierto, que ha incluido momentos oníricos, cercanos a la performance.

Al final del show, en su afán por "cerrar el círculo y volver del abismo a casa", el color elegido ha sido el rojo,con las potentes versiones de "L'amour reprand ses droits", "Gallo rojo" y "Mañana".

Antes, ha interpretado temas de su último disco, Oral_Abisal, que habla, ha explicado, de "lo familiar, lo que conocemos, el amor", pero también de ese salto al vacío de lo desconocido, de lo abisal.

Si por algo destaca su proyecto musical, como ha quedado patente en el concierto, es por su capacidad de abarcar todo tipo de estilos, del flamenco a la canción latinoamericana, pasando por el jazz, la bossa o el fado, y fusionarlos con música más experimental y vanguardista.

Especialmente emotivo ha sido el momento en que ha cantado "E triste viver sem seu amor", canción en la que ha estado acompañada por su hija, Lola Cruz.

"El gran amor de mi vida", ha dicho, sin disimular su emoción por poder subir juntas al escenario ahora que la joven acaba de cumplir la mayoría de edad.

La reciente ganadora de un Goya por su participación en el documental "Flores para Antonio", ha recordado también sus orígenes familiares relacionados con la Región de Murcia, ya que su bisabuelo, ha explicado, era de Lorca y su abuelo, de La Unión, ambos mineros.

Tras más de dos horas y veinte minutos de concierto, la fiesta se ha trasladado al Castillo Árabe, con el concierto del trío brasileño Gilsons, integrado por Francisco, José y João Gil, hijo y nietos del gran maestro Gilberto Gil.

El periodista musical de RNE, Ángel Carmona, ha ofrecido una sesión DJ como fin de fiesta. En cuanto al íntimo escenario del CIM, lo ha inaugurado otra de las grandes musas de La Mar de Músicas, la maliense Oumú Sangaré, que ha acompañado al festival desde sus inicios, e incluso recibió el premio del festival en el año 2012, en la que fue la primera edición de ese galardón. EFE1005480 vv/bc/jlm (foto)

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