Las peñas, guardianas todo el año de una identidad que explota en Sanfermines

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Pamplona, 13 jul (EFE).- Durante buena parte del año, los locales de las peñas de Pamplona son espacios de encuentro para sus socios, lugares donde celebrar comidas, organizar actividades culturales o mantener viva una forma de entender la convivencia que hunde sus raíces en la historia de la ciudad.

Pero cuando llega julio y se acercan los Sanfermines, esos mismos espacios experimentan una profunda transformación para convertirse en algunos de los principales centros neurálgicos de la fiesta.

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Las peñas son una de las señas de identidad más reconocibles de los Sanfermines. Su presencia en las calles, en diferentes actos festivos y, sobre todo, animando el desfile de las corridas de toros con sus txarangas, forma parte de la imagen más característica de unas fiestas que cada año atraen a miles de visitantes.

Sin embargo, su actividad no se limita a los nueve días festivos. A lo largo del año, las peñas desarrollan una intensa vida social y cultural. Sus locales acogen reuniones, comidas populares, actividades para socios, actos culturales y encuentros vecinales que refuerzan los vínculos entre generaciones y contribuyen a mantener una red de relaciones que trasciende el propio calendario festivo.

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La llegada de los Sanfermines supone un cambio radical en esos espacios. Los locales se adaptan para recibir a un número mucho mayor de personas, se reorganizan zonas de comedor, barras y espacios de reunión, y se convierten en puntos de referencia para socios, familiares y visitantes durante jornadas que se prolongan prácticamente las veinticuatro horas.

La presidenta de la peña Irrintzi, Elena Marco, explica a EFE que durante estos días la entidad amplía su función habitual y se convierte en un espacio abierto a la ciudadanía. De puertas adentro conserva la comunidad, de puertas afuera la expande.

"La peña se abre a la calle", resume Marco, quien destaca que los Sanfermines permiten mostrar al conjunto de la sociedad una realidad que permanece activa durante todo el año, como apunta el hecho de que haya tenido a lo largo de su historia secciones de fútbol, ​​montaña, ciclismo, atletismo, balonmano, baloncesto, pelota y esquí.

Para la presidenta de Irrintzi, las peñas representan mucho más que una organización festiva. "Una peña es alegría, disfrute, comunidad, tribu, auzolan. Es gozar, disfrutar, bailar, comer, cantar, amistad, familia… Es pertenecer a una sociedad donde todos somos iguales, donde venimos a disfrutar, donde no hay política, no hay religión, no hay fútbol, no hay absolutamente nada más que el gozo y la alegría", afirma.

Ese espíritu comunitario explica en buena medida la capacidad de movilización de unas asociaciones que, generación tras generación, mantienen vivas tradiciones centenarias y desempeñan un papel fundamental en la organización y el ambiente de las fiestas.

Durante los Sanfermines, los locales de las peñas funcionan como auténticos hogares colectivos. Numerosas personas comparten comidas, cenas y encuentros que se suceden entre actos festivos, mientras voluntarios y socios colaboran en tareas organizativas que permiten sostener una intensa actividad diaria.

La transformación física de estos espacios va acompañada también de un cambio en su ritmo de funcionamiento. Lo que durante el resto del año son sedes sociales se convierte temporalmente en centros de convivencia permanente, adaptados para atender a socios y participantes en unas fiestas que multiplican la actividad habitual.

Al concluir los Sanfermines, los locales recuperan progresivamente su configuración ordinaria. Pero la experiencia compartida durante esos días refuerza el sentimiento de pertenencia que, según sus integrantes, constituye la esencia misma de las peñas pamplonesas: una comunidad construida sobre la participación, la igualdad y el disfrute colectivo. EFE

(Foto) (Video)

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