Las cinco cosas que tienes que revisar en el coche antes de irte de vacaciones este verano: de la batería a los frenos

Revisar el estado del coche o de los neumáticos, hasta el nivel de líquidos, son prácticas que deben realizarse y no pasar por alto antes de que sea demasiado tarde

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Vehículos circulan por la la A5 (Eduardo Parra / Europa Press)
Vehículos circulan por la la A5 (Eduardo Parra / Europa Press)

La Dirección General de Tráfico prevé para este verano 104 millones de desplazamientos. Y, para todos aquellos que van a coger el coche para irse de vacaciones, la preparación del vehículo es uno de los pasos previos más importantes para poder tener un viaje sin contratiempos. Revisar el estado del coche o de los neumáticos, hasta el nivel de líquidos, son prácticas que deben realizarse y no pasar por alto antes de que sea demasiado tarde.

Aunque, más allá de la revisión mecánica, la normativa española obliga a llevar en el vehículo una serie de elementos de seguridad, y también habrá que comprobar que los llevamos. La baliza V-16 y el chaleco reflectante son de uso obligatorio en caso de avería o accidente en la vía pública. A estos se suman, por seguridad propia, un botiquín de primeros auxilios, una linterna, cables de arranque y el neumático de repuesto inflado correctamente.

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La batería, el primer punto a verificar

En cuanto a los componentes del coche, uno de los que más se resiente cuando un vehículo lleva tiempo parado es la batería de 12 voltios. Esta unidad, presente tanto en coches de combustión como en híbridos y eléctricos, puede perder carga de forma progresiva si el coche no se ha utilizado con regularidad durante semanas o meses, algo habitual en los días previos a las vacaciones.

Desde Hyundai recomiendan que, antes de empezar un viaje largo, conviene verificar que la batería está en perfecto estado. En muchos talleres realizan esta comprobación de forma rápida y gratuita. Además, llevar unos cables de arranque en el maletero es una medida de respaldo ante cualquier imprevisto.

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Presión, dibujo y estado visual de los neumáticos

Otro elemento importante son los neumáticos, el único punto de contacto entre el vehículo y el asfalto, y su estado tiene una incidencia directa en la seguridad de todos los ocupantes. Un coche que ha permanecido parado durante mucho tiempo puede presentar neumáticos con presión baja e incluso deformaciones.

El director recuerda que en caso de avería o accidente, el no uso de la V16 puede llevar a sanciones.

La revisión debe ser triple. Primero, la presión debe comprobarse siempre en frío, antes de haber recorrido varios kilómetros, y ajustarse a los valores que indica el fabricante en la guía del vehículo o en la pegatina del marco de la puerta del conductor.

Segundo, la profundidad mínima del dibujo es de 1,6 milímetros, aunque los expertos recomiendan sustituir los neumáticos antes de llegar a ese límite. Las propias ruedas incorporan unos testigos de desgaste que permiten comprobarlo a simple vista, aunque también existe instrumental específico para medirlo con mayor precisión.

Y, por último, se debe echar un vistazo general al coche: cortes, abultamientos o desgastes irregulares entre la zona interior y exterior del neumático. Hay que estar alerta ante cualquier señal, por pequeña que parezca.

Escobillas e iluminación, dos revisiones que van de la mano

Las escobillas del limpiaparabrisas son uno de los elementos más económicos del coche y, al mismo tiempo, uno de los más descuidados. El calor del verano, el frío del invierno y la acumulación de residuos en la goma deterioran su capacidad de limpieza. Una escobilla en mal estado deja marcas, pero también puede llegar a rayar el cristal, lo que supondría un gasto extra para la reparación.

Para evitar imprevistos, basta con activar el limpiaparabrisas con líquido y observar si limpia de forma uniforme. Si deja franjas sin limpiar o produce ruido al pasar, lo más aconsejable es sustituirla.

Cuatro amigos sonrientes en un coche. El conductor señala, otro hombre mira un mapa, y dos mujeres en la parte trasera comparten aperitivos. La carretera está al fondo.
Cuatro amigos ríen y comparten un viaje en coche por una carretera costera durante el atardecer, creando recuerdos inolvidables. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y, junto a las escobillas, conviene revisar también la iluminación del vehículo, comprobar que funcionen bien los faros de cruce, las luces de carretera, los intermitentes y las luces de freno. Las carcasas de los grupos ópticos deben estar íntegras, sin grietas que permitan la entrada de agua o suciedad. Muchos vehículos disponen en el salpicadero de un regulador de altura de los faros, útil cuando el coche va cargado con equipaje y pasajeros.

El aire acondicionado y sus filtros, a punto para el calor

Con todo esto, no debemos olvidarnos del aire acondicionado, un elemento casi imprescindible en los desplazamientos de verano. Su funcionamiento depende de un mantenimiento que no siempre se realiza con la frecuencia adecuada. El sistema debe revisarse al menos una vez al año, para verificar el nivel del gas refrigerante y el estado general del circuito.

Y tan relevante como el gas es el filtro de habitáculo, también llamado filtro de polen o antipolen. Este componente retiene partículas, polvo, esporas y contaminantes antes de que el aire entre en el interior del vehículo. Un filtro obstruido reduce la eficiencia del sistema de ventilación y puede afectar a la calidad del aire que respiran sus ocupantes, afectando sobre todo a personas con alergias o problemas respiratorios.

Líquidos y frenos, la revisión que puede salvar vidas

De igual manera, un vehículo que ha estado parado durante semanas puede haber perdido parte de sus fluidos por evaporación o por un pequeño deterioro en alguna manguera o junta. Antes de lanzarse a la carretera, conviene abrir el capó y revisar cuatro niveles: el del aceite de motor, el del líquido refrigerante, el del líquido de frenos y el del limpiacristales.

El aceite y el refrigerante son los más conocidos, pero el líquido de frenos también es importante. Este fluido es higroscópico, es decir, absorbe la humedad del ambiente con el paso del tiempo, lo que reduce su punto de ebullición y puede comprometer la respuesta del sistema de frenado en situaciones de emergencia. Los fabricantes recomiendan su sustitución cada dos años con carácter general, aunque lo más aconsejable es seguir las indicaciones del manual del vehículo.

En relación con los frenos, también están los discos y las pastillas. Cualquier ruido inusual al frenar, una mayor distancia de frenado o la vibración del pedal son síntomas que deben llevar al conductor a un taller antes de emprender un viaje largo. Las luces de advertencia del cuadro de mandos relacionadas con el sistema de frenos no deben ignorarse bajo ningún concepto.

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