Nadie quiere las zapatillas de Marcel Marceau

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Roberto Jiménez

Valladolid, 12 jul (EFE).- El ingenio "viaja con pies de lana", escribió Lope de Vega, se desplaza con el mismo sigilo y discreción con que Marcel Marceau (1923-2007) elevó la condición de mimo a la máxima expresión, aunque a veces olvidara las zapatillas que ahora nadie quiere si no llevan un certificado de autenticidad.

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Ese descuido ocurrió en Valladolid, un 12 de mayo de 1972, la primera vez que el genio francés visitó la ciudad y actuó en una única función pregonada en la prensa como 'El hombre que hace hablar el silencio', en el teatro donde ensayaba habitualmente la compañía Corral de Comedias que dirigía Juan Antonio Quintana.

"Allí teníamos nuestras cosas, era nuestra sede, un poco nuestro pero ayudábamos a mantenerlo y limpiarlo, incluidos los camerinos donde el mismo día de la actuación vi las zapatillas en el que había ocupado Marce Marceau. Las recogí y me las quedé con mucho cariño", explica a EFE Luis Asensio, entonces un "malucho" actor aficionado.

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Ha transcurrido más de medio siglo de aquel lance que dejó una profunda huella en el joven actor, hoy un enfermero jubilado de 74 años que trata de regalar, sin éxito, las zapatillas con las que Marceau se deslizó por la tablas del Teatro Valladolid en un viaje de emociones a través de gestos, posturas y movimientos corporales.

"Son las zapatillas de Marcel Marceau pero no existe ninguna certificación, por eso no las quieren en los tres o cuatro sitios donde las he ofrecido. Me dicen que si no lleva ninguna acreditación carece de valor: el único que lo certifica soy yo", añade ante la incertidumbre de no saber qué pasará con esa pequeña 'reliquia'.

La vida cotidiana envuelta en sátira o comedia, todo cabe en el arte del mimo o de la pantomima: la fragilidad humana que el propio Marceau sufrió durante la invasión nazi en su país, llevó a cuestas toda su vida y proyectó desde los escenarios a través de personajes como su célebre 'Bip' de sonrisa atribulada e ingenua.

"La actuación aquella fue de las que dejan huella, era un 'monstruo' a nivel de mimo. Han pasado los años, casi 60, y me siguen viniendo imágenes de todo lo que hizo", evoca Luis Asensio de aquel momento donde al impacto espiritual se unió el recuerdo tangible en forma de zapatillas.

Ese calzado flexible simboliza la ductilidad, la amplitud de registros y modulaciones que impactaron en un joven actor que recogió lo que el azar puso en su mano y ha custodiado durante más de medio siglo.

"Mi único interés es que no acaben en la basura porque no interesen a nadie. He tocado tres o cuatro palos... pero nada. Para mí tienen un gran valor sentimental, por eso estoy dispuesto a regalárselas a quien quiera darles vida, algún museo o coleccionista", ha insistido.

De momento, el etnógrafo y musicólogo Joaquín Díaz medita un posible destino para ese trocito de historia de las artes escénicas en la fundación que lleva su nombre en Urueña (Valladolid): "Ya organizaremos alguna cosa; a mí, que soy coleccionista, me apetece tenerlas; ya la sacaremos punta por algún sitio", señala a EFE.

Joaquín Díaz fue uno de los privilegiados que asistió a la primera actuación de Marcel Marceau en Valladolid, "un mimo que no era muy dado a los gestos pero que con dos o tres de ellos sabía perfectamente conectar con el público, tenía el don de la comunicación", ha resumido. EFE

(Foto)

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