'Sangre de barrio', un cómic social que retrata la rabia de jóvenes marginales en los 80

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Begoña Fernández

Madrid, 11 jul (EFE).- 'Sangre de barrio' es un cómic social que retrata el ambiente marginal de un grupo de jóvenes en los años ochenta en un barrio periférico de L'Hospitalet (Barcelona) pero que su autor, el ilustrador y guionista Jaime Martín, da la vuelta para convertir el estigma en motivo de orgullo.

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En una entrevista con EFE, Martín (L'Hospitalet, Barcelona, 1966) afirma que no es un cómic autobiográfico, aunque sí recoge testimonios de sus amigos en los años ochenta, como uno de ellos que comenzó a trabajar muy joven el camión de recogida de basuras "y siempre estaba tenso por ese trabajo de mierda que les estigmatizaba doblemente, y más de una vez se desahogó por esa frustración acumulada".

Cuenta Martín que 'Sangre de barrio' no es el cómic con el que se sienta más identificado, pese a que 1990 le supuso el Premio al Autor revelación del Salón del Cómic de Barcelona y que ahora Norma Editorial publica en un formato integral que recoge los tres álbumes originales.

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Recupera incluso la portada en la que cuatro chavales salen huyendo con el fondo del icónico edificio Vanguard, la antigua factoría de televisores y radios de Hospitalet de los 60, y que ahora se está derribando para construir apartamentos.

Martín dibujó 'Sangre de barrio' en 1988, y en 1989 fue publicado por Ediciones La Cúpula, editora de 'El Víbora'; luego vinieron dos más. Admite que su obra es un clásico del cómic español, "una especie de fresco" que se retrotrae al Hospitalet de su adolescencia.

Un barrio donde, recuerda, mucha gente se dedicaba a la recogida de basura "si tenían licencia, un carro y un patio".

"Recogían la basura de Barcelona, la traían a Hospitalet, la volcaban en el patio y hacían una selección (cartón, cristal..) Desde pequeño me harté de ver gente cargando con carros, haciendo ese tipo de cosas" que colocaban al barrio en una situación de marginalidad.

 El cómic de Martín retrata un ambiente barriobajero que bebe, dice, de las películas de los setenta: "Es posible que tuviera presente el cine quinqui, pero si tuviera que buscar una vinculación me inclinaría por la película 'Deprisa, deprisa' de Carlos Saura".

También dice, hay en su cómic ecos de las películas de Kung-fu y de la filmografía de Bruce Lee.

"Era un ambiente muy guerrero, estábamos flipados con las artes marciales de Bruce Lee y cuando te atrapaban los quinquis del barrio, nos repartían tortas imitando los gritos de Lee en sus películas".

Martín afirma que no echa de menos esos tiempos, porque el tema nostálgico le repele.

El ilustrador y guionista explica que su intención es dar al cómic una dosis de humanidad: "Dotar a los personajes de un contexto familiar que los vuelve más humanos, no para justificar lo que hacen pero sí para comprender el porqué de ciertas cosas".

  Respecto a las nuevas generaciones, Martín admite "estar espantado con la cantidad de jóvenes que se declaran simpatizantes de Vox" y que asumen mensajes tipo "los inmigrantes nos roban".

Para el ilustrador, la juventud tiene menor capacidad de profundizar porque han acabado habituándose a consumir información sin contrastar, en pequeñas dosis en vídeos subidos a las redes.

Llama la atención en el cómic que las historias están vinculadas a canciones, la mayoría rock urbano.

"Cuando estaba empezando a dibujar escuchaba mucho a Ramoncín, Leño, La Polla Records, Barricada, Burning... y las letras me inspiraban ciertas escenas, no me daba para una historia larga, pero había una influencia".

No obstante, explica que todo estaba coordinado: "Si el personaje iba conduciendo, sonaba el radiocasete; si estaba fumando un canuto en su habitación, se oía un disco".

Sobre el título 'Sangre de barrio', Martín dice que fue una decisión fácil que tuvo que ver con la canción de Ramoncín, que lleva el mismo nombre.

Y sobre sus proyectos actuales, el ilustrador vuelve la vista a los años cincuenta para contar la infancia de sus padres, un proyecto relacionado con el álbum 'Siempre tendremos 20 años', una memoria familiar. EFE

(Foto)

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