Pogacar y la táctica del miedo

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Luis Miguel Pascual

Les Angles (Francia), 6 jul (EFE).- Antes del inicio del Tour en Barcelona, el suspense parecía anestesiado por la superioridad del esloveno Tadej Pogacar. La victoria del danés Jonas Vingegaard en la primera jornada resucitó la esperanza de una auténtica batalla, que el cuádruple ganador parece querer matar con la táctica del miedo.

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La mejor manera que ha encontrado de combatir la competencia es lanzarles un mensaje de que tiene medios para apagar cualquier amago de contestación a su dominio. Vingegaard se vistió de amarillo tres años después de su última victoria en el Tour y aseguró que eso elevaba su moral. La respuesta fue tajante.

En dos jornadas envió un mensaje contundente: en la cima de Montjuic entró de la mano de su compañero Isaac del Toro, demostrando un control absoluto de la carrera, que repitieron este lunes en Les Angles, aunque con los papeles invertidos.

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Un mazazo para las aspiraciones de sus rivales que ven como el esloveno tiene armas a su alcance para superar cualquier eventualidad y no le importa pasar por un ciclista demasiado ambicioso, lo que puede valerle enemistades en el pelotón.

Es el más fuerte, tiene en Del Toro el escudero más fuerte y ningún complejo para seguir engrandeciendo un palmarés que parece destinado a colocarle a la altura de los más grandes, Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurian, todos ellos con cinco Tour de Francia.

A sus 27 años, cuenta ya con 22 victorias, las mimas que el francés André Derrigade, a seis de Hinault. Por delante estarían las 34 de Merckx y las 35 del 'sprinter' británico Mark Cavendish.

"No pienso en esas cifras. Trato de disfrutar del momento, puede que esta sea mi última victoria. Pero estamos en el Tour y cuando tienes la oportunidad de ganar hay que aprovecharla", aseguró el esloveno.

La complicidad que muestra con Del Toro, segundo del Giro de Italia del año pasado, le otorga todavía más confianza de cara al futuro, lo que también mina la moral de los rivales, que saben que tienen enfrente al más fuerte y al mejor rodeado.

El esloveno aseguró que decidieron ir a por la victoria de etapa y arrebatar el maillot amarillo a Vigegaard cuando el trabajo del equipo del danés había dejado poco margen a la escapada del día.

"Había una oportunidad y nos decidimos a buscarla. Ha sido una ejecución perfecta", dijo el esloveno, que logró la renta justa para empatar con su rival y superarle en la general por la adición de puestos en meta.

La batalla entre ambos supera a la que muestran en la carretera. Pogacar quiere restar toda esperanza a su rival y evitar así al máximo sus ataques. Vingegaard comenzó con oxígeno, pero ha recibido dos mazazos que tendrá que gestionar para mantener vivo el Tour.

"Nos gusta correr para ganar", asegura el esloveno, que además se muestra implacable en los Pirineos, donde acumula 10 de sus 22 triunfos de etapa.

Al esloveno nada le asusta, ni siquiera las elevadas temperaturas que anuncian para los próximos días y que en el pasado pudieron ser uno de sus principales enemigos.

"Ahora estoy mucho mejor preparado para soportar el calor", asegura el líder del UAE, que tampoco teme al desgaste de energía que está concediendo estos primeros días, porque llegó al Tour con pocas jornadas de competición, apenas 16.

El último motivo de peligro para sus opciones puede venir de la falta de motivación, pero Pogacar aseguró que esta también está intacta: "Estoy orgulloso de la manera en la que hemos corrido hoy y esto nos da todavía más fuerza para afrontar lo que queda del Tour". EFE

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