La IA y la huella digital amplían los riesgos de ciberseguridad del colectivo LGTBIQ+

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Madrid, 3 jul (EFE).- La huella digital plantea desafíos críticos para todos los usuarios de internet y los algoritmos y la inteligencia artificial permiten a los ciberatacantes deducir la identidad sexual de cualquier persona y ejecutar ataques y extorsiones cada vez más sofisticados y personalizados, ante los que la comunidad LGTBIQ+ podría estar especialmente expuesta.

Una persona puede no haber dado pistas sobre su orientación sexual o su identidad de género, pero los algoritmos son capaces de inferir intereses personales o afinidades a partir de patrones de comportamiento, y el uso de determinadas aplicaciones, algunas de ellas específicamente diseñadas para las personas LGTBIQ+, dejan una huella digital (fotografías, ubicación en tiempo real o preferencias personales) que se ha convertido en un objetivo para los ciberdelincuentes.

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La inteligencia artificial ha reducido además al mínimo el tiempo que antes se necesitaba para recopilar información sobre una persona, y la IA 'generativa' ha propiciado la proliferación de fotografías falsas, de vídeos manipulados o de audios clonados, lo que ha abierto la puerta a nuevas formas de extorsión, de desinformación o de acoso, y las aplicaciones dirigidas a estos colectivos concentran mucha de la información más sensible e íntima.

El responsable de Operaciones Globales de Consumo de la empresa de ciberseguridad Panda Security, Hervé Lambert, ha asegurado que los algoritmos analizan lo que una persona publica de forma explícita, pero también hacen deducciones a partir de su comportamiento digital, de las cuentas que sigue, de los contenidos con los que interactúa, las ubicaciones que comparte o de las aplicaciones que usa.

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En declaraciones a EFE, Lambert ha precisado además que las aplicaciones son sólo una parte de esa identidad, y que la huella digital queda registrada por las compras o las búsquedas en internet, las aplicaciones de movilidad, los servicios de transmisión en directo, los sistemas de pago o los dispositivos conectados. "Todo eso genera datos que se pueden usar para elaborar perfiles cada vez más precisos".

Lo importante, a su juicio, es mantener el control de los datos. ¿Cómo?: compartiendo sólo la información necesaria, revisando los permisos de las aplicaciones, configurando adecuadamente la privacidad, eligiendo servicios que sean transparentes en el tratamiento de los datos personales, activando la autenticación en dos pasos cuando esté disponible, y desconfiando de quienes traten de sacar la conversación de la plataforma o de quienes piden información personal o económica.

Pero Hervé Lambert ha insistido en que esa responsabilidad no debe recaer sólo en el usuario, y en que las plataformas y los desarrolladores de sistemas de IA deben aplicar el principio de minimización de datos y ser transparentes en el uso de esa información, y en ese sentido ha aseverado que la identidad sexual es un dato especialmente sensible "y ninguna persona debería verse expuesta porque un algoritmo haya sido capaz de inferir algo que nunca decidió compartir".

La IA generativa ha hecho que los ataques sean "más fáciles, más rápidos y más baratos", porque antes crear una imagen falsa convincente, manipular un vídeo o clonar una voz requería conocimientos técnicos avanzados pero ahora hay herramientas al alcance de cualquiera, ha explicado.

Las aplicaciones específicamente dirigidas a los colectivos LGTBIQ+ gestionan un volumen importante de información personal y sensible (ubicación, fotos, conversaciones privadas o preferencias personales) y en un contexto marcado por la inteligencia artificial, el perfilado algorítmico y las filtraciones de datos, esa 'huella' puede resultar muy valiosa para dirigir contenidos publicitarios, pero también para los ciberdelincuentes que quieren para lanzar ataques muy personalizados.

Los investigadores de la Universidad del País Vasco Estibaliz Cepa-Rodríguez y Aitor Martxueta examinaron recientemente la prevalencia y las repercusiones del acoso y el ciberacoso en una muestra de más de 1.000 personas que se identifican como gais, lesbianas, bisexuales o asexuales y revelaron que más de la mitad habían sufrido algún tipo de violencia por su orientación sexual.

Y comprobaron además que las agresiones físicas y verbales directas siguen siendo las más comunes, pero también que el hostigamiento digital gana terreno y genera daños psicológicos especialmente profundos en las víctimas y que el ciberacoso genera daños más severos en la salud mental y el desarrollo de la identidad que el acoso presencial.

En su estudio, los investigadores señalaron que las estrategias de intervención deben contemplar la coexistencia del acoso tradicional y del ciberacoso, además de incluir todo el espectro de identidades que abarca el paraguas LGTBIQA+ (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales, intersexuales, queer, asexuales y más) en los programas que traten de promover el respeto a la diversidad sexual. EFE

(Recursos de archivo en EFEServicios: 8022177372)

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