Guardia Civil en la España Vaciada: así detecta la soledad y vulnerabilidad de los mayores

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Almudena Álvarez

Támara de Campos (Palencia), 3 jul (EFE).- En muchos pueblos de la España más despoblada el simple sonido del coche de la Guardia Civil recorriendo las calles basta para que los vecinos se sientan seguros. Aquí, los agentes no solo persigue delitos, su presencia tranquiliza, detecta situaciones de soledad y vulnerabilidad y sostiene una red que resulta esencial para muchas personas mayores, sobre todo si viven solas.

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Francisco Jesús del Hierro, sargento del puesto de Frómista, y Nieves Plaza, destinada en Amusco (Palencia), son un ejemplo de ese ejército de protectores que para muchos vecinos de las zonas rurales son casi como ángeles de la guarda.

Como explican a EFE durante una patrulla por Támara de Campos, el Ministerio del Interior creó el Plan Mayor para prevenir robos, estafas o timos entre las personas mayores del medio rural a través de charlas y talleres, pero con el paso del tiempo, especialmente en los pueblos más despoblados, ese trabajo ha ido mucho más allá.

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"La prevención de delitos sigue siendo importante, pero también detectamos situaciones de vulnerabilidad", explica a EFE Nieves Plaza, una de las responsables del Plan Mayor en Palencia.

Para ello, existe una coordinación constante con los profesionales que conocen el día a día de los vecinos. "Tenemos un protocolo con el Colegio de Farmacéuticos y si detectan que una persona empieza a presentar algún deterioro cognitivo nos lo comunican para estar pendientes de ella", señala.

La coordinación se extiende también a los Centros de Acción Social (CEAS), los médicos, ayuntamientos y otros servicios o entidades como Cruz Roja. "Con los CEAS y los médicos hacemos reuniones semanales, con las farmacias cada quince días, y con los ayuntamientos hablamos prácticamente todos los días", explica el sargento Del Hierro.

Su puesto da servicio a nueve municipios con unos 1.600 habitantes. "Les conocemos personalmente a todos. Sabemos quién vive solo y qué problemas tiene. El contacto es muy cercano", sostiene.

Eso a los vecinos les ofrece seguridad y tranquilidad, como asegura Concha Gallardo, que tiene 81 años y desde hace 31 es además la alcaldesa de Támara de Campos, un pueblo de 74 habitantes donde no hay tiendas y la llave del teleclub se comparte entre los vecinos.

"Estamos encantados. Es una seguridad y una protección", afirma Concha, que con frecuencia pide a la patrulla que recorra el pueblo. "Ya conocemos el sonido del coche y desde la cama ya sabemos si es un mangante o es la guardia civil, y eso nos tranquiliza", puntualiza.

La misma petición llega desde otros pueblos como Requena de Campos, donde la patrulla también realiza rondas nocturnas, porque es entonces cuando el miedo pesa más entre quienes viven solos.

Pero si hay una figura imprescindible para detectar señales de alarma ese es el vecino. "El vecino es el que sabe a qué hora abre las ventanas, cuándo va a jugar la partida o cuándo deja de salir. El vecino es el verdadero guardián", afirma la agente Plaza.

"Y el panadero, el de la tienda o la farmacia, que nos avisan cuando alguien deja de comprar el pan o de recoger la medicación”, añade el sargento.

En Monzón de Campos, relatan, fue precisamente la farmacéutica quien alertó de que una mujer que vivía sola empezaba a tener problemas de memoria. "Fuimos a verla y le dejamos apuntado bien grande el teléfono de la Guardia Civil en la nevera y también en una libreta para que nos llamara si algún día necesitaba ayuda", recuerda Nieves Plaza.

Y, cuando una persiana permanece demasiado tiempo cerrada el protocolo está claro. "Primero hablamos con el alcalde, porque suele saber si esa persona se ha ido con algún familiar. Después llamamos a la familia porque muchos familiares dejan sus teléfonos de contacto en el cuartel para que podamos localizarlos rápidamente", apunta el sargento Jesús del Hierro.

"Nosotros siempre les decimos que no esperen. Si ven una persiana bajada o echan en falta a alguien, que nos llamen. Puede haberse caído y cuanto antes actuemos mejor", añade la agente Plaza.

Aseguran que las charlas del Plan Mayor continúan siendo una parte fundamental de su trabajo. "Les hablamos de los riesgos que existen para que sepan identificarlos y prevenirlos", explica la agente.

Robos, estafas, ciberdelincuencia o desapariciones centran las actuaciones, pero si hay una amenaza que preocupa especialmente en estas zonas ese es el abrazo cariñoso. "Les abrazan para robarles las joyas. Les explicamos cómo actuar para que sepan detectarlo y, si ocurre, que lo denuncien. Les damos herramientas, pero también tranquilidad porque se ponen muy nerviosos", explican.

El otro problema que más se repite son las desapariciones de personas mayores, cada vez más frecuentes, por lo que dentro del Plan Mayor también ofrecen recomendaciones preventivas y les aconsejan que salgan siempre por los mismos recorridos y con el teléfono móvil.

Al hilo, Concha recuerda el caso de un hombre que apareció andando por Támara al que ningún vecino conocía. "Llamamos a la Guardia Civil porque se había marchado de una residencia de Frómista y se había desorientado". En este caso no era vecino, pero igualmente esa llamada le salvó la vida. EFE

aaf/grg/lml

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