Mazarrasa retrata en ‘Casilla vacía’ a una generación marcada por la incertidumbre

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Naiare Rodríguez Pérez

Zaragoza, 27 jun (EFE).- La sensación de vivir siempre de paso, como si aún no se hubiera llegado a ningún sitio, atraviesa 'Casilla vacía', la nueva novela de Santiago Mazarrasa, una obra que convierte el desencanto de una generación en un relato fragmentado sobre la pérdida, la precariedad y la búsqueda de sentido.

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El escritor (Santander, 1988) ha presentado en Zaragoza este libro coral que comienza con la reunión de cuatro amigos en la costa del Cantábrico, en el mismo lugar donde aprendieron a nadar, y que se rompe tras un accidente que altera de forma irreversible el equilibrio del grupo.

A partir de ese momento, la historia se despliega entre Santander, Berlín y otros espacios físicos y emocionales en los que los personajes intentan reconstruir lo que queda de sus vínculos.

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Mazarrasa ha explicado en una entrevista con EFE que la novela no nació como un retrato generacional, sino como una reflexión más amplia sobre la fragilidad de las expectativas vitales. “Yo tenía esa especie de sentimiento de orfandad ante lo que la vida nos trae, ciertos deseos incumplidos y acontecimientos que no controlas”, ha señalado.

En ese proceso, el autor ha reconocido que la obra acabó dialogando con un contexto muy concreto: “Es una novela bastante de mi generación, aunque más como resultado que como punto de partida”.

Uno de los ejes centrales del libro es la idea de una generación que cumplió con lo esperado sin que ello garantizara certidumbre. “Hemos creído en un sueño de progreso que se ha roto y convivimos con la incertidumbre, con la sensación de estar siempre en tránsito”, ha sostenido.

Ese malestar se traduce, según ha destacado el escritor, en dificultades para sostener vínculos estables, en la migración constante o en formas de evasión: “Estamos entre una generación anterior que sí pudo cumplir esas promesas y otra más joven que ya no las conoce, pero nosotros vivimos en medio, viendo cómo ese mundo desaparece sin saber cómo adaptarnos”.

La novela también pone el foco en la amistad como refugio, aunque un refugio frágil, ya que, tal y como ha apuntado, "se trata de un grupo de amigos que parece lo más sólido, pero en realidad está diluido por las condiciones de vida, el trabajo o la distancia”.

“La amistad no resiste el paso del tiempo si no se cuida, ni las ausencias, ni la migración de los amigos”, ha añadido el autor, antes de confirmar que la búsqueda de sentido también es un tema que atraviesa la obra.

De esta manera, ha lamentado vivir con la sensación de "no saber qué hacemos aquí si no estamos haciendo lo que se suponía que íbamos a hacer".

Los personajes, en ese contexto, quedan atrapados entre un pasado idealizado y un futuro incierto, incapaces muchas veces de habitar el presente. “No son capaces de vivir el presente, siempre están pensando en lo que fue o en lo que podría ser”, ha agregado.

Al mismo tiempo, Mazarrasa también cuestiona ciertas narrativas idealizadas sobre la precariedad o la emigración. “Se ha contado muchas veces de forma romántica o irónica, pero falta una mirada más honesta sobre lo que implica realmente”, ha indicado.

Tras la publicación del libro, el escritor ha admitido que no busca ofrecer un mensaje cerrado, sino generar una atmósfera porque "quería que fuera un estado de ánimo, que el lector terminara con la sensación de ‘así estamos’, sin edulcorarlo”. EFE

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