Samuel Navalón arrasa en Alicante con toda su artillería

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Andrés Verdeguer

Alicante, 21 jun (EFE).- El torero de Ayora Samuel Navalón arrasó en Alicante con un triunfo bestial y abrió la puerta grande con toda su artillería desatada: ambición, valor y torería. Marco Pérez logró un trofeo del tercero y el presidente le negó la puerta grande por dos veces. Víctor Hernández resultó ovacionado en una corrida del Puerto de San Lorenzo con exceso de mansedumbre.

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Samuel Navalón abrió fuego a discreción según apareció Carasucia, un toro levantado, zancudo, aires de Lisardo y el hierro del Puerto de San Lorenzo. Disparó primero con dos largas cambiadas en el tercio y verónicas muy abiertas para poner mando y orden. Le bastó un picotazo. Se dejaba mucho toro: su toreo y los terrenos que iba a pisar serían exigentes. El quite lo firmó por tafalleras a pies juntos en los medios y lo abrochó con una larga cambiada para desatar la locura.

Samuel Navalón, dueño y señor de los medios, se dejó llegar a Carasucia para cambiarlo por la espalda y poner la música a tocar.

El torero valenciano de Ayora apretó por demás en la primera serie, pero ya leyó que había que respetar cierta distancia. Navalón a partir de ahí lo cosió por abajo. Un imán para el toreo profundo. Sus pases de pecho son siderales. Enganchados desde el hocico y larguísimos. Por el izquierdo, tiene su guasa y le suelta la cara por arriba, a la altura del pecho. Pero Navalón responde poniendo la muleta más abajo e insinuándola con los vuelos.

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En esas Navalón sacó la artillería pesada con un arrimón bestial. Auténtico. Metido entre los pitones e inventando muletazos por abajo sin apenas toques ni espacio, respiración contenida y culos apretados en el tendido que de pronto se pusieron en pie. Bestial. Las bernardinas ceñidísimas se coronaron con otro de pecho de escándalo. El espadazo tuvo cierta travesía e hizo falta un descabello, pero las dos orejas para Navalón fueron indudables.

El de Ayora no bajó la intensidad ni un ápice en el quinto, un Cantador insípido que llegó tapado al último tercio. Este toro se lo brindó a Vicent Mompó, presidente de la Diputación de Valencia.

Esas dudas no pesaban en Navalón, que se puso de rodillas en los medios para torear en redondo como si nada.

Parecía cosa de ciencia ficción la voluntad y el derroche de valor ante una embestida tan incómoda, gazapona, a media altura, sin ninguna entrega. La mirada, la expresión de Navalón, que casi lanzaba bocados, lo decía todo. El toro se puso muy incómodo a la hora de matar. Ovación final antes de la apoteósica salida por la puerta grande.

Marco Pérez le pudo acompañar si el presidente le hubiese concedido el segundo trofeo del primero de su lote. Cantino fue un toro bajo y con clase. Sólo que su mansedumbre motivó una lidia movida. Con un inicio por ayudados de rodillas y un torerísimo cambio de mano Marco empezó a dar respuesta.

Por la mano izquierda no conectó la faena de primeras. Fue en redondo por donde Marco se reunió con el toro y redujo su embestida. La faena estuvo conectada siempre a través de los remates o efectos varios como un molinete de rodillas o un de pecho de órbita completa cuando el animal ya cantaba su mandesubre en chiqueros. Ahí lo sujetó con muletazos empalmados muy celebrados en el tendido. La estocada algo trasera no fue de rápido efecto y el presidente se guardó el segundo premio.

El cierraplaza blandeó en exceso, un castaño claro con el hierro de La Ventana. Marco quiso tapar la faena con el arrimón. Pinchó y agarró una buena estocada. El público llegó a pedir una cariñosa oreja que no fue. La mirada de reojo que le lanzó Marco al presidente al abandonar la plaza lo dijo todo.

Las primeras sensaciones que recibió Víctor Hernández no fueron buenas. Una embestida fría y probona rompió a lo bruto cuando derribó al picador que guardaba la puerta, Agustín Collado. Una caída de latiguillo o de latigazo según fue la violencia del choque del toro con el caballo. Corretón y distraído, las primeras embestidas en la muleta fueron queriéndose ir o andando de lado.

Víctor Hernández toreó obligando mucho, sujeta la voluntad del animal, que fue a menos. Fiel al concepto y muy seguro, Hernández corrió la mano con temple, vertical y asentado. La espada emborronó sensaciones. Ovación.

Con el cuarto, tras la merienda, Víctor Hernández no encontró el temple necesario para ordenar la mansedumbre protestona que se refugió cerca de tablas. Tras un inicio con pases cambiados por la espalda y una serie de rodillas en redondo que fue lo mejor de su faena, se sucedieron los enganchones y el descabello atascó. El público alicantino es todo bondad y lo ovacionó.

FICHA DEL FESTEJO:

Cuatro del Puerto de San Lorenzo y dos (primero y sexto) de La Ventana del Puerto justa de presentación. Mansearon en líneas generales.

Víctor Hernández, de azul cielo y oro: estocada atravesada que se escupe, otra delantera y caída más descabello (ovación); estocada delantera, perpendicular y caída, cinco descabellos y aviso (ovación).

Samuel Navalón, de grana y oro: estocada ligeramente atravesada y descabello (dos orejas); pinchazo, estocada caída y dos descabellos (palmas).

Marco Pérez, de lila y oro: estocada algo trasera tras aviso (oreja con fuerte petición de la segunda); pinchazo y estocada (ovación).

Tercera de abono de la Feria de Hogueras de Alicante. Aforo: media plaza (casi 6.000 espectadores). EFE

av/plv

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