María Rodríguez
Las Palmas de Gran Canaria, 11 jun (EFE).- Vecinos y visitantes, algunos incluso interrumpiendo su jornada de teletrabajo, se concentran desde primera hora de la mañana en el histórico barrio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, con la esperanza de cruzar su mirada con el pontífice durante su recorrido en papamóvil y bajo un sol poco misericordioso.
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Miles de fieles han aguantado largas horas a la intemperie y a pleno sol por el centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria, algunos de ellos con la logística de comida y bebida perfectamente pensada y también con herramientas para combatir la espera, como una familia que juega partidas al parchís sobre el asfalto.
La primera visita de un pontífice a Canarias también deja la imagen de muchos padres emocionados porque sus hijos puedan ver a León XIV, y niños que han llegado incluso antes de que se pusieran las vallas que separan a los fieles durante el recorrido.
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Djiby Diallo, de Dakar, que llegó a Las Palmas de Gran Canaria hace 17 años a través de una reagrupación familiar, comenta a EFE que está interesado en ver e incluso conocer al papa y señala que, pese a ser musulmán, ha preguntado a seguridad si lo podía saludar, pues ambas religiones responden al mismo dios, manifiesta.
"Yo soy musulmán y creo mucho en dios porque me ha ayudado bastante en muchas etapas de mi vida y para mí dios es único. Todos somos hijos de Adán y Eva y la religión o la piel no tiene nada que ver. Lo mejor es tener el corazón limpio", manifiesta Diallo, que también señala la oportunidad de poder ver a un jefe religioso en directo.
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Algunos tienen la esperanza, como Gisela, de bendecir a sus mascotas, otros tienen el objetivo de atesorar un vídeo del paso del coche papal, como Hilda Banegas, procedente de Honduras y que lleva dos años viviendo en Las Palmas de Gran Canaria.
"La ilusión es ver al papa, poder tener ese vídeo y tener un recuerdo de que anduvo por aquí con nosotros, visitándonos, dándonos la bendición a todos los que estamos aquí. Se aguanta el solecito pero no nos importa porque queremos recibirlo", comenta a EFE.
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A primera hora de la mañana, ese "solecito" que menciona Hilda era en realidad la tradicional panza de burro que cubre habitualmente Las Palmas de Gran Canaria en esta época del año, pero la imagen se ha transformado finalmente en escenas de fieles pasando calor.
Que la visita papal transcurra en Tenerife y Gran Canaria no ha impedido que grupos de fieles procedentes de otras islas no capitalinas se acerquen para ver al papa de cerca, como Guadalupe Tejera, de Tinajo (Lanzarote), que comenta que se ha levantado a las cuatro de la mañana para coger el vuelo con un grupo de amigas.
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Brigitte, que había visto por televisión las muchedumbres que se agolparon en Madrid y Barcelona también quiso venir con tiempo, desde las diez y media. "Es una vez en la vida", expresa.
"Soy bastante religiosa. Me hace ilusión verlo, tengo muchas ganas", sostiene.
Mientras el reloj avanza y el calor aprieta, la espera por ver a León XIV recorrer las calles de la ciudad se acorta y acaba por convertirse en una experiencia colectiva de gente con historias distintas, pero con un objetivo claro: guardar en la retina algo que no será fácil que se repita. EFE
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(foto)(vídeo)
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