Sevilla, 4 jun (EFE).- Morante de la Puebla ha abierto la tercera Puerta del Príncipe de su vida en una tarde vivida en plena comunión con el público sevillano que había abarrotado la plaza de la Maestranza al reclamo de su nombre en la recuperada corrida del Corpus, una de las apuestas de la empresa Lances de Futuro al hacerse cargo del coso sevillano.
Los previos del festejo no se habían librado de un intenso baile de corrales. El envío de la casa Matilla, que tuvo que embarcar más de veinte toros, había tenido que ser remendado con un ejemplar de Garcigrande que, a la postre fueron dos, incluyendo el sobrero que hizo primero que iba a posibilitar los primores iniciales del diestro de La Puebla.
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Devuelto el titular -las muestras de desagrado de Morante eran evidentes- salió ese animal que ya le iba a permitir sembrar con el capote antes de tomar la muleta para ir construyendo la medida calidad de su enemigo en una faena de sencilla y clara naturalidad que comenzó a brotar en redondo y culminó -con el toro buscando la puerta- con una estocada contundente.
Ya tenía la primera oreja en la mano y la corrida, aunque había mantenido el interés, había estado condicionada por el escaso fondo y la discutida fachada de los toros charros. En realidad casi nadie podía esperar que Morante pudiera empezar a extraer, con paciencia de alquimista, la nobleza escondida del cuarto al que enseñó en un excelso inicio de faena que hizo crujir la plaza.
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A partir de ahí todo fue hacia arriba. El trasteo creció al natural, subió de expresión, enganchó al público que ya no dejó de rugir a la vez que la faena crecía de decibelios por ambas manos y encontraba su definitiva cumbre en el más descarnado toreo al natural. Lo que había empezado poco a poco, casi a sorbitos, iba camino de un auténtico faenón. El templado final amarró el recital y la estocada aseguró las orejas.
Acababa de sellar su tercera Puerta del Príncipe en una actuación que, sin ser la más rotunda de su vida en Sevilla, sí era la más aclamada. De alguna manera había cierta deuda con el diestro cigarrero que en la pasada Feria de Abril se tuvo que marchar por la puerta de cuadrillas después de firmar una de las actuaciones más emocionantes que se recuerdan en el coso del Baratillo.
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Este jueves de Corpus era distinto. La multitud invadió el ruedo, especialmente los aficionados más jóvenes, antes de que arrastraran al feble sexto, un toro declinante con el que Pablo Aguado, que había brindado al propio Morante, se había esforzado sin rédito. Pero los dos compañeros de cartel del diestro cigarrero iban a quedar eclipsados por su magia.
Ortega había estado cerca de pasear un trofeo del segundo, un toro sin cuajo y de floja nobleza al que llegó a torear con enjundia, especialmente con la mano izquierda. El quinto, el único que figuraba como titular con el hierro de Garcigrande, fue siempre a menos y con él, la propia labor del diestro sevillano.
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Aguado había logrado concitar la atención con el tercero al que recibió con un farol de rodillas, dictado a portagayola. Con el tercio cambiado iba a instrumentar unos emocionantes lances a la verónica antes de cuajar una armónica faena plagada de detalles de buen gusto ante un animal que, simplemente, se dejó. Cuando salió el sexto, ya se ha mencionado, todo el mundo estaba pendiente de la apoteosis de Morante.
FICHA DEL FESTEJO
Se lidiaron cuatro toros de los dos hierros de la casa Matilla, de escasa presencia. El sobrero que hizo primero y el quinto fueron de Garcigrande. Tuvieron medida calidad y empuje en líneas generales aunque el quinto y el sexto fueron muy a menos.
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Morante de la Puebla, de naranja e hilo blanco, oreja y dos orejas
Ortega, de nazareno y oro con remates negros, ovación y silencio
Pablo Aguado, de Rioja y oro, ovación y silencio
La plaza se llenó por completo en tarde agradable. Dentro de las cuadrillas destacó, con los palos, Iván García y Manuel Jesús Espartaco picando al sexto. EFE
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arm/plv
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