Naiare Rodríguez Pérez
Zaragoza, 4 jun (EFE).- Contar una agresión sexual es uno de los momentos más difíciles a los que se enfrenta una víctima, pero hacerlo además sin poder comunicarse de forma convencional convierte ese proceso en una barrera todavía mayor. Para intentar derribarla, la Policía Nacional ha comenzado a implantar en toda España un cuaderno con pictogramas pensado para facilitar la toma de declaración de personas con dificultades de comunicación.
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La herramienta, desarrollada junto al Centro Aragonés para la Comunicación Aumentativa y Alternativa, se distribuirá en las 173 Unidades de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) de España para que víctimas con trastornos del espectro autista, discapacidad intelectual, problemas de lenguaje o bloqueos comunicativos puedan denunciar en mejores condiciones y afrontar el proceso policial “de la manera más adecuada posible”.
El sistema responde a una necesidad detectada desde hace años en distintos puntos de España. "Esto no surge de un momento determinado, sino de la práctica diaria y de las necesidades que te van apareciendo trabajando”, explica a EFE la inspectora jefa de la UFAM de Zaragoza, Clara Pérez.
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Señala que, a lo largo de los años, los agentes se han encontrado con víctimas incapaces de expresar determinados hechos en situaciones de enorme presión emocional, lo que les obligaba a “buscar soluciones” y a “adaptar los procedimientos” para poder obtener información relevante sin aumentar el sufrimiento de la persona.
El cuaderno sigue el modelo de entrevista cognitiva que se utiliza habitualmente en psicología forense y combina pictogramas, secuencias visuales y conceptos adaptados para facilitar la comunicación en delitos sexuales sin introducir elementos que puedan contaminar el relato de la víctima.
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“Lo bueno que tiene el pictograma es que son conceptos neutros y no inducen respuestas”, destaca Pérez, quien explica que el material permite identificar emociones, lugares, acciones, partes del cuerpo o referencias temporales para ayudar a reconstruir los hechos de la manera “más libre y fluida posible”.
La herramienta incorpora además pestañas permanentes para que la víctima pueda expresar en cualquier momento cómo se encuentra, si necesita descansar, si quiere detener la entrevista o si no entiende alguna pregunta, algo que, según la inspectora, resulta fundamental porque “hay personas a las que el propio proceso les genera muchísimo cansancio o presión”.
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“Todo el que viene a comisaría llega para contar algo muy privado, muy grave y muy desagradable, y no siempre resulta fácil verbalizarlo delante de alguien desconocido”, admite Pérez, quien recuerda que muchas de estas víctimas se encuentran además en una situación de especial vulnerabilidad.
En este sentido, insiste en que una de las claves de estas entrevistas es la anticipación, es decir, explicar de manera previa a la persona qué va a ocurrir, quién va a intervenir y cómo se desarrollará todo el procedimiento para intentar reducir la ansiedad en un contexto especialmente delicado.
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“Lo que no se puede hacer es forzar el relato”, recalca la responsable policial, quien defiende un modelo de atención “calmado, sin prisas y centrado en la víctima”, ya que, en ocasiones, el primer contacto sirve únicamente para generar confianza y valorar si la persona se encuentra en condiciones de declarar.
Del mismo modo, la inspectora jefe subraya que hay veces que el primer encuentro solo sirve para decirle a la persona ‘estás aquí, vamos a ver cómo estás hoy’ y generar ese vínculo previo antes de comenzar una entrevista, por lo que insiste en la importancia de la “escucha activa” y de respetar los tiempos de cada víctima.
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Muchas víctimas vulnerables desconocen qué información necesita la Policía para poder investigar unos hechos y en delitos sexuales “el más mínimo detalle puede cambiar completamente la calificación jurídica”, de ahí la importancia de facilitar herramientas que permitan comunicar con precisión situaciones que, de otra manera, podrían quedar incompletas o mal interpretadas.
“La persona viene a contar una historia, pero somos nosotros quienes tenemos que valorar si esos hechos encajan o no en un delito”, destaca Pérez, quien afirma que ayudar a comunicar cada detalle resulta “clave para que la investigación pueda avanzar”.
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El sistema contempla también la figura del “facilitador”, una persona del entorno de la víctima o un especialista que ayuda a interpretar sus códigos de comunicación habituales y a adaptar la entrevista a sus capacidades concretas, ya que la adaptación tiene que ser cien por cien individualizada.
“Lo importante es que asociaciones, familias y profesionales sepan que esta herramienta existe”, señala Pérez, quien apuesta por la divulgación para que cualquier persona vulnerable sepa que puede acudir a denunciar y que encontrará recursos adaptados para ser escuchada.
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La iniciativa se enmarca además en el modelo de atención victimocéntrica, orientado a evitar la denominada victimización secundaria, es decir, que la víctima tenga que repetir constantemente el relato o enfrentarse a entornos excesivamente hostiles durante el proceso judicial.
Mientras avanzan proyectos como las salas amigables o modelos integrales de atención como Barnahus, este cuaderno con pictogramas se convierte ya en una herramienta pionera para garantizar algo tan básico como que cualquier persona, más allá de cómo se comunique, pueda denunciar una agresión y acceder a la justicia en igualdad de condiciones. "El acceso a la justicia tiene que ser realmente universal", zanja Pérez. EFE
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