Científicos lo confirman: un envoltorio hecho con piel de calabaza es mejor para conservar alimentos que los de plástico convencional gracias a sus propiedades únicas

Este nuevo material, desarrollado por un equipo de la Universidad de Kyushu, en Japón, podría transformar el envasado de frutas y verduras al ofrecer una alternativa sostenible al plástico

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Los envoltorios de plástico solo superan a los de piel de calabaza en conservación de humedad (VisualesIA Scribnews)
Los envoltorios de plástico solo superan a los de piel de calabaza en conservación de humedad (VisualesIA Scribnews)

Un equipo de la Universidad de Kyushu, en Japón, ha desarrollado un nuevo material de conservación alimentaria elaborado a partir de piel de calabaza, según recoge la revista Food Research International. La propuesta busca dar respuesta a dos retos actuales: reducir el desperdicio alimentario y ofrecer una alternativa sostenible a los envases plásticos tradicionales.

El proceso parte del aprovechamiento de la piel de calabaza, que habitualmente se desecha y representa cerca del 10-12% de la masa total del fruto. Esta piel se somete a altas temperaturas y presión, y después se liofiliza (una técnica de deshidratación por congelación) para transformarse en unos diminutos polvos negros conocidos como puntos cuánticos de carbono (CQDs). Estas partículas poseen propiedades útiles en la conservación de alimentos, como la capacidad para bloquear la luz ultravioleta, impedir el crecimiento de microorganismos y mantener la actividad antioxidante.

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Piel de calabaza para sustituir el plástico

Para convertir estos puntos cuánticos en un material práctico, se mezclan con fibras vegetales y gelatina, dando como resultado una película que puede envolver frutas y hortalizas. En los ensayos realizados, el equipo aplicó este recubrimiento sobre tomates cherry y lo comparó frente al plástico convencional y la ausencia total de envase. Tras veinte días de almacenamiento, los tomates protegidos con el nuevo material mostraron menor exposición a la radiación ultravioleta, menos proliferación bacteriana y mejor conservación de antioxidantes en comparación con los otros métodos. El único aspecto donde el plástico sigue rindiendo mejor es en la capacidad para evitar la pérdida de humedad del alimento.

La seguridad de este material fue otro de los puntos analizados por el equipo. Las pruebas de viabilidad celular indicaron que no es tóxico en concentraciones inferiores a 2 mg/mL. El recubrimiento empleado apenas alcanza los 0,01 milímetros de grosor, una cantidad muy inferior a los límites de seguridad, y la exposición se puede reducir aún más lavando o pelando el alimento antes de consumirlo.

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¿Hasta dónde puede llegar un microplástico?

Otra de las ventajas del material es su versatilidad. Puede utilizarse tanto como envoltorio tradicional como en formato de spray, lo que permite cubrir zonas concretas de frutas y verduras y reducir aún más el desperdicio. Además, al aprovechar un residuo vegetal, contribuye a disminuir la cantidad de basura orgánica y a dar un valor añadido a los subproductos agrícolas.

Los investigadores subrayan que la mayoría de los envases antimicrobianos convencionales utilizan nanopartículas metálicas, como el óxido de zinc o la plata, cuyo impacto ambiental es superior al de los puntos cuánticos de carbono. En este caso, el material desarrollado a partir de piel de calabaza muestra buena biocompatibilidad y eficacia en las dosis necesarias para su función.

El desperdicio alimentario sigue siendo un problema global: se estima que entre el 40% y el 50% de las frutas y hortalizas recolectadas nunca llegan al consumidor. Iniciativas como esta pueden suponer un avance en la reducción de ese porcentaje, aunque de momento el recubrimiento de piel de calabaza solo ha sido probado en condiciones controladas y con un único tipo de alimento durante veinte días.

El equipo de la Universidad de Kyushu trabaja ya en la incorporación de agentes naturales adicionales a la película para aumentar la protección frente a factores como hongos agresivos y en adaptar el proceso para una producción a mayor escala. Además, los puntos cuánticos de carbono utilizados presentan una característica curiosa: brillan bajo la luz ultravioleta, cambiando de color según el tamaño de las partículas. Esta propiedad podría emplearse en el futuro para añadir textos o ilustraciones a los envases, según apuntan los responsables del estudio. La investigación completa, publicada en Food Research International, señala un posible camino hacia envases más sostenibles y funcionales en la industria alimentaria.

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