Luis Miguel Pascual
París, 1 jun (EFE).- El golpe de derecha de Joao Fonseca ha dejado ya una huella en Roland Garros, pero ahora el brasileño de 19 años afronta un nuevo reto, el de superar a otra promesa de la nueva generación, el checo Jakob Mensik, que está completando el torneo de su vida.
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Ambos jugadores han ganado dos partidos a cinco sets, pero el checo de 20 años las ha conseguido frente a rivales de menos renombre y en pistas más pequeñas, lo que le ha permitido alcanzar los cuartos de final por primera vez en su carrera sin levantar el revuelo que rodea al de Ipanema.
Pero la batalla en la pista central de París promete ser espectacular entre dos de los candidatos a liderar el tenis que llega. Mientras Fonseca está demostrando que la expectativa que viene generando empieza a cristalizar, Mensik ha firmado una carrera marcada por la discreción.
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Antes de este Roland Garros, el número 27 del mundo tenía unos resultados más que modestos en tierra batida, tres victorias y tres derrotas que no auguraban que una semana más tarde se convertiría en el primer checo entre los ocho mejores en casi medio siglo.
Pero París ha relanzado su carrera con cuatro triunfos que han sacado a relucir a un tenista inoxidable. Tras vencer en segunda ronda al argentino Mariano Navone con más de 30 grados de temperatura, al término de una batalla a cinco sets y más de 4 horas y media, se derrumbó sobre la tierra batida, inerte.
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Evacuado por los servicios médicos, tuvo que enviar un mensaje tranquilizador.
Luego consiguió ante el australiano Alex de Minaur su segundo triunfo frente a un top-10 en un Grand Slam y prosiguió la gesta derribando en cinco sets al favorito número 11, el ruso Andrey Rublev, al que ya había derrotado en sus dos citas anteriores.
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"En cinco días he afrontado tres combates formidables contra grandes jugadores. Es lo que hay que hacer en un Grand Slam. A estas alturas, todo es posible", señala Mensik, que promete batalla hasta el último aliento.
Si sus mejores números los había conseguido sobre pistas duras, el checo se apresta ahora a levantar la cabeza también en arcilla, condición necesaria si quiere formar parte de la élite de los jóvenes junto a Fonseca o el español Rafael Jódar.
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La discreción de Mensik contrasta con el jolgorio que rodea al brasileño, elevado a estrella mediática de un Roland Garros que no encontraba una.
Aclamado por una grada, que en cada uno de sus partidos se llena de banderas 'auriverdes', Fonseca es ya un valor seguro y su derecha vale ya pagar la entrada.
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La gesta contra Novak Djokovic, al que levantó dos sets en contra dos días después de haber hecho lo mismo contra el croata Dino Prizmic -otro miembro de la joven guardia-, quedó refrendada en octavos frente al noruego Casper Ruud, reputado tenista de tierra batida que no pudo contrarrestar el empuje de su brazo.
"Mi fuerza es la potencia de mi derecha, jugar de manera agresiva. Puede que no tenga la misma constancia que otros, pero mi carácter me lleva a buscar el golpe ganador. A veces me vuelvo loco y cometo errores. Pero confío en mi", afirma el brasileño. EFE
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