Barcelona, 28 may (EFE).- La directora Marta Pazos ha creado una puesta en escena exuberante y colorista para 'Le nozzi di Figaro', de Mozart, con una textura que, probablemente, no dejará a nadie indiferente, en una producción con estreno mundial en el Gran Teatre del Liceu y dirección musical de Giovanni Antonini.
Pazos, que ya estuvo en el teatro barcelonés con la ópera 'Alexina B.', de Raquel García-Tomás, apuesta por transformar el palacio de los Almaviva en un gran pastel de bodas, con escenografía de Max Glaenzel, convirtiendo a los personajes en ingredientes de una receta "emocional y escénica", cada uno de ellos relacionado con un sabor o una intensidad determinada (miel, caramelo o coñac).
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Propuesta apoyada en el concepto 'camp', teorizado por la intelectual Susan Sontag, según la cual, hay un buen gusto por el mal gusto, el equipo del montaje, con un doble reparto que incluye a Luca Pisaroni, Sara Blanch, Andrè Schuen y Adriana González, este jueves en rueda de prensa han coincidido en que lo están pasando muy bien en los ensayos, riendo mucho, aunque al principio fue "chocante", según Blanch.
En total, catorce funciones -del 4 al 21 de junio- de una obra "sin parangón", que "radiografía la arrogancia de la clase dominante antes de la revolución francesa y sus consecuencias", según el director artístico del coso de la Rambla, Víctor Garcia de Gomar, quien ha aseverado, además, que el teatro cuenta con el "reparto mozartiano más importante de Europa actualmente".
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Marta Pazos ha confesado que al principio se relacionó con la partitura "revolucionaria y fresca" desde su propio cuerpo, pintando mientras escuchaba la música, y pronto le apareció la imagen de una tarta nupcial como "un objeto escénico, como una instalación".
Un pastel, que funciona como "una pirámide social, una hipérbole, un símbolo de disfrute, aunque cuando lo abres ves que encierra secretos y dobles sentidos, que no siempre lo que ves es lo que es".
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Al final, ha argumentado, de lo que habla esta obra "tan teatral" y "moderna" es de "la abolición del derecho de pernada, que no es una cosa menor y es lo bufo lo que te ayuda a transitar por ello. El bufón era el único al que se le permitía decir la verdad".
También ha subrayado que en el libreto se ve la "potencia de los personajes femeninos", quienes lideran esta historia, con lo que en esta versión "se pone mucho en valor su inteligencia y que la solución a sus problemas viene de trabajar en red".
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Giovanni Antonini, que se enfrentó por primera vez a esta ópera en Milán en 2008, ha destacado de ella su modernidad, sus "muchos pequeños milagros" y también el "gran rigor de la forma", que él trabaja como si fuera un "artesano", sin olvidar que es una obra "extremadamente difícil".
Incidiendo en la música, ha considerado que se trata de un "mecanismo perfecto, del que no se puede cambiar una nota" y ha subrayado que el trabajo con la orquesta del Liceu está siendo "fantástico", sin que conciba en sus integrantes "ninguna tensión", atentos a todos los "pequeños detalles".
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Sara Blanch, en el papel de Susanna, se ha mostrado feliz de volver al Liceu con un personaje que interpreta desde una vertiente "muy teatral" en una producción que es "completamente" diferente a lo que esperaba, con sesiones de "risoterapia" los primeros días cuando "veías a tus compañeros vestidos de levadura o tú, de nata".
"Es la primera vez -ha desvelado- en la que me siento desconcertada sobre cómo reaccionará el público, pero tengo ganas de compartir ese momento y ver si se ríe como lo hemos hecho nosotros".
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Adriana González ha dicho que le encanta su "rol" de Condesa de Almaviva, en un montaje con el que se han divertido "mucho", con la música de Mozart, que "te mantiene en una salud vocal importante".
Andrè Schuen, Conde de Almaviva, ha mostrado su alegría por poder debutar en el Liceu con este papel, después de ser conocido por sus conciertos de lead, mientras que Luca Pisaroni, Figaro, ha reconocido que el enfoque de la obra "es muy nuevo, fresco, joven, basado en la verdad de la música".
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El segundo elenco está liderado por Alejandro Baliñas, Anna Prohaska, Samuel Hasselhorn y Anett Fritsch; de la iluminación se ha encargado Nuno Meira y el vestuario es de Agustín Petronio.
Por otra parte, el coreógrafo Andreas Heise ha trabajado con un elenco de bailarines que acompañan a los personajes durante prácticamente toda la obra. EFE
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