Madrid, 28 may (EFE).- Novelista, poeta, periodista, letrista de Sabina, tertuliano y últimamente también actor, Benjamín Prado (Madrid, 1961) repasa cuatro décadas de trayectoria en 'Qué estoy haciendo aquí' (Alfaguara), un libro de memorias por el que desfilan amigos y maestros como Rafael Alberti, Cortázar, Almudena Grandes o Bob Dylan.
"Me quedan muy bien las camisas de once varas", ha dicho Prado a EFE en una entrevista en la que ha explicado que se puso a organizar sus recuerdos porque empezaba a olvidarse de cosas y ha confirmado que tiene párkinson, en una fase muy primaria.
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En el libro empieza por el final, su experiencia como actor en una serie de Rodrigo Sorogoyen. "Yo siempre he sido de la última que pasa", bromea y desvela que quizá haya encontrado una nueva faceta: acaba de venir de Barcelona de rodar un capítulo de otra serie, la segunda temporada de 'El otro lado', de Berto Romero y Alberto de Toro.
"Cuando estaba rodando con Rodrigo, tuve esa sensación de pensar no solamente qué estoy haciendo aquí, sino por qué camino he venido, que es lo que cuento en este libro. Me he divertido mucho vistiendo camisas de once varas y me quedan muy bien", asegura.
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Prado se considera un tipo afortunado, un chaval que a los 17 años, un viernes leyó por primera vez la poesía de Alberti y el sábado por la mañana lo conoció en un bar; que fue a tomarse una copa al Rincón del arte nuevo y diez minutos después entró Sabina y se hicieron amigos; o que un día quiso conocer la ruta lorquiana de Granada, se sentó en un bar y a los cinco minutos se sentó al lado Luis García Montero, otro de sus "hermanos del alma".
"Esto demuestra dos cosas: que tengo suerte y que las historias bonitas empiezan en los bares", afirma.
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Autor de trece novelas -siete de ellas de la saga protagonizada por su 'alter ego' Juan Urbano-, dos libros de relatos, cuatro ensayos y diez poemarios, además de libros de aforismos y canciones para Sabina, Coque Malla o Amaia Montero, lo que intenta Prado sobre todas las cosas es "no aburrirse haciendo siempre la misma obra".
"Esto es como una obra de teatro, cada uno hace un personaje", asegura. "¿Hay melancolía debajo de la diversión? Claro. ¿Hay nostalgia, miedo? Por supuesto. Pero me acuerdo siempre de aquella frase de Azcona: 'No le cuentes a tus amigos tus penas y desgracias, que los divierta su puta madre'. Yo la sigo a pies juntillas, prefiero ser Benja el divertido".
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En el libro relata que empezó a escribir poesía porque un profesor se lo propuso, se hizo tertuliano porque Mamen Mendizábal lo invitó y ni siquiera lo de novelista estaba en sus planes. Su primera novela, 'Raro', la escribió por sugerencia del editor Enrique Murillo.
"Quizá es una lección, hasta qué punto uno se conoce a sí mismo o para conocerte tienes que pedir una segunda opinión", señala.
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De Ángel González dice haber aprendido a escuchar, "no con las orejas, sino con todo el cuerpo". De Alberti, cómo contar una historia, porque además de poeta era un gran narrador, y también unos cuantos consejos, como tomarse muy en serio la obra de uno y muy en broma a uno mismo. "Soy el Bob Esponja de la literatura", suelta.
El escritor considera necesario reivindicar a Alberti y a todas las figuras del pasado. "La gente ha dejado de entender la cultura como un viaje al pasado y la entiende como un viaje alrededor: todo el mundo quiere parecerse al que tiene éxito en este momento y estar en ese grado tan bajo del saber que es estar enterado de todo; se profundiza poco y algo nos estamos perdiendo".
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Confiesa que es un mitómano pero que sus dioses "bajan del cielo y se toman una copa contigo", son "gente excepcional en su trabajo y absolutamente normal en su vida".
Se refiere a los autores de la Generación del 27, casi todos vivos cuando empezó a escribir. Alberti, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre o Jorge Guillén. Y a la del 50: Jaime Gil de Biedma, Ángel González.
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También era el momento de la eclosión del 'boom'. "El trabajo más fácil del mundo era ser jurado del Premio Cervantes, la duda era si dárselo a Onetti o a Vargas Llosa, a Gerardo Diego o a Borges".
Hijo de un escolta de Franco, Prado no se había parado a pensar en la coincidencia con los padres de sus dos grandes amigos, Luis García Montero -era militar- y Sabina -policía-. "¡Representamos a los herederos de las fuerzas del orden del franquismo!", bromea.
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"Yo a mi padre lo quería muchísimo, Joaquín al suyo también, y Luis al suyo. En el Ejército hay de todo como en el periodismo o la literatura", aclara y remata con otro consejo de Alberti: "No seas sectario, escucha a los que no están de acuerdo contigo porque aprendes más que de los que sí lo están".
Dice Prado que a los 60 años uno está desapegado de la política y de casi todo. Sobre la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra, considera que tendrá demostrarse que hizo algo ilegal y que fue "un gran presidente del Gobierno".
"Una cosa no quita la otra. Hay que ser coherente. Los que decíamos que la Kitchen era intolerable, si ahora se demuestra que en el PSOE había una pequeña Kitchen, tendremos que opinar lo mismo". EFE
(foto)
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