Y Adú jugó con sus compañeros: el fútbol canario acepta las fichas de los niños migrantes

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Cristina Magdaleno Galdona

La Orotava (Tenerife), 19 may (EFE).- Durante tres años Adú, un niño camerunés de 12 años que llegó a Canarias en cayuco, ha visto desde la grada la mayor parte de los partidos del equipo de fútbol con el que entrena, sin fallar, seis horas a la semana.

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Durante ese periodo de tiempo, la Federación de Fútbol de Tenerife no le permitía inscribirse como uno más, por aplicación de una normativa de la FIFA pensada para evitar el fichaje de niños 'cracks' en terceros países, una situación que no se adapta a la realidad de miles de menores tutelados por la administración o en familias de acogida, con residencia legal, escolarizados e integrados.

Pero todo eso ha cambiado, tras un último año y medio bastante combativo, con escritos de Adú (nombre ficticio para preservar su identidad) a la propia FIFA, múltiples apariciones en medios de comunicación y las intervenciones del Gobierno canario y el Defensor del Pueblo.

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Solo ha llegado a jugar los últimos dos partidos de la temporada, pero la orden emitida el pasado mes de abril por el Gobierno de Canarias niega que una norma FIFA pueda prevalecer sobre la legislación española, de modo que desbloquea la situación para él y para los cientos de niños en su situación en las islas, una decena de ellos en diferentes categorías de su mismo club.

Ahora, Adú ya juega como delantero centro en su equipo del norte de Tenerife, con el 9 a la espalda, y piensa en si podrá celebrar los goles como su ídolo, Kylian Mbappé. También ostenta, incluso, el brazalete de capitán.

Cuando a Adú se le pregunta qué tal, cómo se ha sentido al disputar minutos tras tanto tiempo de espera y si disfruta jugando por fin con sus amigos, asoma una timidez que no está por ningún lado en el terreno de juego, donde se mueve sin descanso pidiendo balones.

"Muy bien, no me lo esperaba. Tenía bastantes ganas. Estaba un poquito nervioso, no mucho. Y pensé que el rival era muy malo, pero no lo era", comenta a EFE con naturalidad el chaval, como si fuese una rueda de prensa pospartido.

Añade con una sonrisa que, aunque ya haya jugado los dos últimos partidos de la temporada, podrá seguir cogiendo ritmo con el equipo alevín, categoría de la que es su ficha, pues ahora juega con infantiles.

"Así sigo cogiendo más ritmo y me acostumbro con los más pequeños y, cuando juegue con los grandes, pues ya me sé la técnica y eso", señala Adú.

El proceso no ha sido fácil, apunta a EFE su padre de acogida, Eduardo, quien recuerda con emoción el momento en el que a todos los niños les dieron "el papelito" para rellenar, firmar y poder jugar al siguiente fin de semana.

"Cuando todos los niños en la misma situación empezaron a recibir la ficha, sobre todo a la salida del entreno, cuando les dieron el papelito para rellenar y firmar... fue muy emocionante. Al final se trata de niños", apunta Eduardo.

Para Adú, dice Eduardo, el cambio ha sido "como quitarse un peso de encima" tras bastantes años esperando y la negativa del chaval, perseverante, a cambiarse de deporte.

"Ha sido un proceso largo (...). Está bien, supercontento, superalegre y ha sido un descanso. Da igual que pierda, él ya puede jugar con sus compañeros, puede entrenar y sabe que cuando llega el fin de semana puede participar", resume Eduardo.

Además de lo largo que ha sido el proceso, el padre de acogida de Adú pone otra pequeña pega, una herida menos visible a raíz de la exposición pública: la cantidad de odio recibido, sobre todo a través de las redes sociales tras publicarse su historia.

"La parte buena es que se ha solucionado el problema burocrático, pero la cruz han sido los comentarios fuera de lugar sobre algo que afecta a niños de 12 años. Estamos en un momento en que la gente no sé si está polarizada, pero sí sin empatía, y esa ha sido la parte un poco más triste... oír y recibir comentarios sin sentido", rememora Eduardo, que lamenta que mucha gente, incluso alguna conocida, use las redes para esparcir odio y mentiras sobre la edad o la situación de Adú.

Eduardo, en cualquier caso, aboga por continuar haciendo lo que más le gusta Adú, que es jugar a fútbol, y añade que lo que subyace en todos los comentarios malintencionados "es más ignorancia que otra cosa".

"Es un niño de 12 años, como otro cualquiera, con sus gustos, sus aficiones... y hay que hacer un poquito oídos sordos", concluye. EFE

(Foto) (Vídeo)

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