Adrián Arias
Valladolid, 19 may (EFE).- Las maderas crujen a cada paso, las palomas, únicas moradoras ahora del inmueble, alzan el vuelo alertadas y en el suelo, los cascotes del último derrumbe: es el convento de San Bernardino de Siena, de Cuenca de Campos (Valladolid), uno de los ejemplos más extremos de cómo el abandono y despoblación acaban convirtiendo el patrimonio en ruina.
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Ubicado en el corazón de Tierra de Campos, uno de los epicentros de la denominada España vacía, una parte importante del antiguo convento de este municipio de no más de 190 habitantes es hoy un escombro que espera una intervención de urgencia o, de lo contrario, sufrirá nuevos derrumbes como los registrados en febrero de 2025 y 2026, cuando las lluvias provocaron el colapso de parte de sus muros y la bóveda de su iglesia.
"Cada vez que vengo se me saltan las lágrimas", confiesa a EFE Marco Antonio Garcés, arquitecto ya jubilado y patrono de la Fundación Rehabilitar Tierra de Campos, que hace de guía y compara en una fotografía de su tablet cómo en los últimos días ha emergido una gran grieta en un muro de este inmueble que tratan de convertir en un Bien de Interés Cultural (BIC).
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"Espera, no avances, que las palomas han huido", alerta el extécnico de patrimonio, que explica cómo estos animales tienen un sexto sentido que anticipa posibles problemas: "Sienten las vibraciones, por pequeñas que sean; son las primeras en abandonar el barco", bromea.
"Hace un año consolidar esto hubiera costado 300.000 euros, hoy del medio millón no baja y cada día que pasa, más valdrá", lamenta Garcés, que explica que han solicitado una nueva actuación de urgencia a la Junta de Castilla y León, que ya aseguró una parte del complejo en 2018 y 2019, aunque ahora aún no se ha pronunciado.
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Parte del convento pertenece desde 2018 a la fundación, que busca de manera acuciante apoyo para salvar un bien que data del siglo XV y que esconde varios tesoros en su interior, como unos artesonados de gran calidad y su arquería túmida, aunque su gran joya hace décadas fue expoliada.
Y es que mientras que las cubiertas actuales reposan desvencijadas en el húmedo suelo, el artesonado mudéjar original del templo luce desde la década de los años 20 del siglo pasado en el lujoso palacio de San Simeón (California, EE. UU.), la que fuera residencia privada del magnate estadounidense William Randolph Hearst.
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Allí, el 'ciudadano Kane' decidió ubicar el artesonado original que adquirió a un anticuario palentino en un momento en el que miles de obras y bienes patrimoniales españoles fueron expoliados a golpe de dólar, explica el arquitecto.
Pero este deterioro del patrimonio rural no responde únicamente a la falta de recursos económicos, sino también a un problema más profundo ligado a la pérdida de comunidad, de vínculos sociales y de educación patrimonial, advierte en una entrevista con EFE Olaia Fontal, profesora de la Universidad de Valladolid.
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Fontal, que dirige un proyecto estatal sobre educación patrimonial en entornos rurales y coordina la redacción del futuro plan autonómico en Castilla y León, subraya que la clave no está solo en invertir, sino en reconstruir el "ecosistema social" que sostiene ese patrimonio.
"A lo largo del tiempo hemos mirado más a la catedral que al lavadero", resume la profesora, en referencia a una visión que ha considerado el patrimonio rural como algo menor, cuando en realidad resulta esencial para entender la vida cotidiana y la identidad colectiva.
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En este contexto, advierte de que conservar únicamente la dimensión material de un bien no garantiza su preservación real: "Podemos restaurar muros o cubiertas, pero si desaparece la comunidad que lo usaba y lo transmitía, lo que queda es una especie de carcasa".
Es esta una visión que también comparte Garcés, quien denuncia que muchos edificios rurales quedan relegados frente a otros inmuebles más visibles o con mayor capacidad de presión institucional, al tiempo que lamenta que muchos pueblos y vecinos no están dando la batalla por preservar sus bienes: "Los pueblos se vacían y con ellos, la gente que hacía uso de ese patrimonio", resume.
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Todo ello obliga a asociaciones como de la que es miembro a recurrir a otro tipo de financiación, como la campaña de micromecenazgo que van a impulsar para intentar salvar el convento visto que las ayudas solicitadas a la Junta no terminan de materializarse.
Lamentablemente, el caso del convento de San Bernardino de Siena no es una excepción en Castilla y León, que en los últimos meses ha visto cómo algunos bienes patrimoniales han corrido una suerte parecida, como es el caso de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, de Muriel de Zapardiel (Valladolid), o los templos de San Pedro, en Villalpando (Zamora), Quintana del Pidio (Burgos) o Nuestra Señora de la Asunción de Villasayas (Soria), entre otros.
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Y es que en la actualidad más de 400 bienes patrimoniales de Castilla y León están en riesgo de desaparición, como recoge la Lista Roja del Patrimonio que elabora la asociación Hispania Nostra.
Porque más allá de los muros derruidos o las cubiertas hundidas, expertos y asociaciones advierten de que lo que está desapareciendo en buena parte del mundo rural es también la memoria, la identidad y el vínculo de las comunidades con su propio territorio. EFE
(Foto) (Vídeo)
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