Inmaculada Tapia
Madrid, 18 may (EFE).- En plena temporada de bodas, cuando las novias lucen su querida joya de pedida, surge una nueva generación de mujeres, las que han superado un divorcio, que optan por el renacer de esas piezas con un nuevo diseño más acorde con su nuevo estado civil, joyas de des-pedida que abren la puerta al futuro.
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Cuando la pareja se rompe ninguna mujer devuelve la joya de pedida, ni ellos el tradicional reloj o los gemelos, no ocurre lo mismo con los broches, piezas habituales de una herencia familiar. Tras años o meses de matrimonio, se constituyen como un ajuar personal que con el tiempo se transforma.
Pilar Lobato, fundadora de Joyas Antiguas Sardinero, asegura a EFE que una joya si no se luce, no se disfruta. "Y son para disfrutarse", asevera.
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Desde hace un tiempo, mujeres jóvenes y no tan jóvenes acuden a su taller para dar una nueva vida a alhajas de pedida que habían sido muy especiales durante su etapa matrimonial, pero que tras el divorcio esa pieza, de la que no se quieren desprender, ya no tiene sentido en su joyero.
"Creamos esta sección para una nueva realidad en la vida de una persona, que no quiere desprenderse de una pieza que ya no tiene su significado inicial", detalla Lobato, una razón por la que optan por realizar un cambio estético en ella.
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Según su experiencia, son las mujeres las que más transforman las joyas, especialmente las alianzas. "Los hombres se las quitan, ellas añaden con él valor al anillo de pedida", comenta.
Para Sheila del Páramo, de la firma Del Páramo, los cambios no solo se concentran en los anillos de compromiso, también se modifican otros regalos "significativos, que han perdido su valor emocional" como pendientes, colgantes o pulseras.
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"Cambias el diseño, no la esencia de la joya, las piezas evolucionan, la vida continúa", sentencia Lobato, que observa cómo las mujeres perciben el nuevo diseño como "símbolo de su independencia, sin borrar lo que significaron en su día".
La empresaria señala que "una joya es para siempre; está compuesta por materiales nobles, piedras preciosas y semipreciosas, con mucho valor", eso no cambia, lo que sí cambian son los sentimientos y sensibilidades", advierte Lobato, piezas cargadas de significado, que se transforman en joyas que celebran la independencia personal.
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De jóvenes de 30 a mujeres que han pasado los 70, el abanico de edad con el que se encuentran ambas firmas es amplio.
Lobato, precisamente, recuerda la actitud de una de las de edad más avanzada que "advirtió que le quedaba mucha vida por delante y quería disfrutar de una nueva pieza".
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La orfebre también reseña que "se sienten más fuertes y decididas e imprimen más color y volumen a las piezas. Definitivamente, las mejoran", con asesoramiento de los especialistas.
Lo habitual es que las damas acrecienten el valor de esa pieza, "una manera de celebrar su nueva vida".
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Para Del Páramo, quienes optan por la transformación suelen tener un vínculo especial con la joyería y ven en esta situación una oportunidad para crear algo único.
"Es una forma de convertir una experiencia negativa en algo positivo, diseñando una joya completamente nueva que, en muchos casos, no se habrían planteado crear de otro modo", indica.EFE
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(foto)
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