Sergio Andreu
Barcelona, 17 may (EFE).- El revuelo generado por un equipo de cine que desembarca en una pequeña isla para rodar una película, en la Italia de los años cincuenta, es el cimiento argumental de "Animales a la fuga", una novela gráfica en la que Daniele Kong desmenuza los cambios provocados por el desarrollismo de posguerra.
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Kong -de verdadero nombre Daniele Marzo- debuta como historietista con esta novela gráfica de casi 600 páginas -en blanco y negro y de sencillos dibujos- en la que combina ironía y humor costumbrista con la crítica social para narrar "cómo el poder económico siempre encuentra nuevas formas para evolucionar, incitar al consumo y hacer dinero", señala en una entrevista con EFE, durante su visita al salón Comic Barcelona.
Aunque con saltos temporales y ubicación, la historia de 'Animales a la fuga' se desarrolla principalmente tras la II Guerra Mundial en la ficticia isla de Dieci, en el mar Tirreno, frente a la costa del Lacio, paisaje inspirado en otra diminuta isla donde se levantaba el faro en el que el padre de Kong, oficial de la marina, estuvo años destinado y el dibujante de adolescente pasó varios veranos.
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En este espacio anclado en el pretérito, al que no ha llegado aún el turismo y donde la migración es la meta de muchas de las familias dedicadas casi exclusivamente a la pesca, viven Franco y Marcello, dos hermanos huérfanos, con una visión antagónica de la existencia: el primero soñador y buen estudiante, con ganas de salir de allí; el otro, despreocupado y terrenal, arraigado al mar y a ese paisaje.
"La isla funciona muy bien como metáfora de un sistema cerrado en el que podía enfrentar al incipiente sistema capitalista y de consumo que se estaba produciendo en Italia tras la posguerra, con lo que pasaba en zonas menos desarrolladas, que mantenían todavía sus economías tradicionales", explica el comiquero romano, arquitecto de formación.
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La vida de ambos hermanos y de la tía que les cuida, una mujer bien que se ha quedado sin dinero -lo que obliga a Franco y Marcello a salir a faenar-, salta por los aires, como la del resto de los pobladores, por la llegada de Augusto Campagnoli, un director de cine en horas bajas, acompañado por el equipo y por su hija, la desinhibida Claretta, que conduce el primer coche que desembarca en Dieci.
La "troupe del cine" se convierte así en un escaparate andante que lleva a los lugareños, habituados a la subsistencia, "a desear tener cosas, una incitación al consumo de ese primer capitalismo que se produjo entonces en Italia", subraya el autor, que muestra en sus páginas los intentos de un entrometido cacique local de convertir la isla en una nueva Capri, repleta de americanos con dinero.
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Campagnoli, comunista y ateo y con problemas con la bebida, se ve obligado rodar una película sobre la vida de Cristo, producida por un industrial que ha colado a sus cinco hijos en un reparto delirante, con una virgen María que se pinta como una "velina" y un Jesús hipermusculado que sólo piensa en recortar la túnica para mostrar mejor su cuerpo a la cámara.
Ingredientes de una comedia agridulce bajo la atenta mirada del cartero, Pajarito, un antiguo partisano que actúa como una especie de Pepito Grillo, temeroso de que la isla se rinda ante unos cambios que a su juicio no auguran nada mejor.
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Kong, que creció con los grandes maestros del cine italiano, introduce en 'Animales a la fuga' elementos del neorrealismo de Rossellini o Visconti, como refleja la dura vida de los pescadores -dibujados como manchas negras por cómo los ve Franco de forma deshumanizada- pero también con el humor de Vittorio de Sica en 'Matrimonio a la italiana', los repartos corales de Fellini o la crudeza casi documental de algunos filmes de Pasolini.
"Hay elementos divertidos e irónicos, pero los temas principales del libro no son cómicos. Aspiro a entretener y a ser divertido, pero como lo hacían las películas italianas de los sesenta, que se movían en ese complicada dualidad entre el drama y la comedia", argumenta el autor.
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'Animales a la fuga' (Astiberri) ha recibido varios galardones al mejor cómic y debut en su país, e incluso llegó a ser propuesta por algún crítico al Premio Stregga, máximo reconocimiento literario transalpino, por su visión del "ADN" italiano. EFE
(foto)
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