Ser donante de sangre o facturas de chatarra para demostrar el arraigo de los migrantes

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Miguel Martín Alonso

Almería, 14 may (EFE).- Un certificado de donante de sangre o una factura de chatarra son algunas de las pruebas presentadas por migrantes residentes en Almería para lograr la tan ansiada documentación para la regularización extraordinaria del Gobierno para un colectivo que ha vivido en la invisibilidad y ahora debe "aflorar" para demostrar su arraigo.

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El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) asevera que el sistema exige a las personas en situación irregular que demuestren, con precisión quirúrgica, su visibilidad documental durante años. Años en los que esa misma burocracia las ha forzado a una "invisibilidad sistemática".

Se pide existir en el papel a quienes se les ha negado el derecho a existir formalmente. Y en medio de esta carrera de obstáculos afloran documentos que van mucho más allá de un expediente: son auténticas pruebas de humanidad, ha indicado.

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Ha pasado ya un mes desde que arrancó el proceso de regularización extraordinaria de extranjeros. En este tiempo, las mesas del SJM en Almería se han llenado de miles de justificantes. La entidad ha tramitado 204 expedientes completos y ha emitido unos 380 informes de vulnerabilidad adicionales.

Sin embargo, para los técnicos sociales que revisan esta montaña de papeles, el verdadero impacto no reside en la fría estadística, sino en los rostros y las historias de vida que sostienen cada recibo arrugado.

En un artículo publicado a través del portal Cristianisme i Justícia, el SJM ha querido poner el foco en tres de estas pruebas recurrentes que desafían la lógica administrativa. La primera de ellas es el comprobante de la remesa, documentos bancarios o de agencias de envío por importes que apenas rondan los 80 o 100 euros, pero que encierran un inmenso rastro de sacrificio personal.

Detrás de cada uno de estos envíos hay hombres y mujeres que sobreviven en condiciones de extrema fragilidad, cobrando apenas cinco o seis euros la hora bajo los plásticos de los invernaderos almerienses.

Con una disciplina que la organización califica de "casi heroica", separan lo que no tienen para sostener a sus familias al otro lado del océano, demostrando ser agentes de desarrollo a base de privaciones propias.

La segunda prueba habla de la "dignidad del rebusque". Entre las decenas de legajos de extranjería, destaca una factura formal, con su IVA debidamente desglosado, emitida por una chatarrería. Su valor es de apenas ocho euros.

Pertenece a un joven migrante que, durante los parones de contratación entre campañas agrícolas como la de la sandía, se echa a la calle a recuperar metales para poder sobrevivir. Desde el SJM subrayan la suprema ironía de este trozo de papel: un muchacho cumple religiosamente con la legalidad fiscal en un acto de pura subsistencia mientras el Estado le mantiene en un limbo alegal.

Pero si hay un documento que detiene el pulso en las oficinas del SJM es el certificado de donante de sangre. Mientras el sistema les da la espalda y las leyes les niegan la plenitud de derechos, estas personas acuden a los centros sanitarios para entregar de forma gratuita y altruista su propia sangre para salvar la vida de ciudadanos que sí tienen sus papeles en regla.

Presentar este certificado como demostración de arraigo supone para la organización el argumento definitivo. "¿Cómo puede ser invisible alguien cuyas venas alimentan la salud pública de este país?", se preguntan desde la entidad jesuita.

Al final de la jornada, el SJM recuerda que el proceso de regularización no debería ser solo una carrera de obstáculos burocráticos, sino un ejercicio de reconocimiento. EFE

mma/vg/jlp

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