Nuria Oliver: "Con la inteligencia artificial no hay nada gratis"

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Caty Arévalo

Madrid, 12 may (EFE).- Salió de Alicante a los 18 años para convertirse en una pionera de la inteligencia artificial (IA), desde centros como el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Hoy, con 56, dirige la fundación que creó en su ciudad natal para identificar los problemas de esta tecnología y llevarla por el buen camino.

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La ingeniera Nuria Oliver, flamante Premio Nacional de Investigación en el área de Matemáticas y Tecnologías de la Información, habla con EFE de los retos de esta revolución tecnológica.

Pregunta (P): Dice que es momento de hallar respuestas a las profundas preguntas que plantea la IA, ¿cuáles son esas preguntas?

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Respuesta (R): A nivel individual hay que preguntarse qué impacto tiene la IA en nuestra creatividad, pensamiento crítico, inteligencia social y emocional. Estamos empezando a perder esas habilidades por el uso excesivo e indiscriminado de la tecnología, precisamente porque son habilidades sociales que desarrollamos al interactuar con otras personas. Nuestra supervivencia depende de la capacidad social de colaborar. Y la naturaleza es sabia, lo que no se utiliza se pierde. no...

A nivel de la sociedad en su conjunto, la IA plantea preguntas sobre qué implica la enorme acumulación de poder, a nivel político y tecnológico, en las grandes empresas tecnológicas; o sobre los impactos de los sistemas de IA en el trabajo, la educación o la economía.

P: ¿Cuáles son las principales limitaciones que tienen los sistemas de IA y que deberían de conocer los ciudadanos?

R: Las violaciones de privacidad, la manipulación subliminal del comportamiento humano, la discriminación algorítmica, los sesgos, la estereotipación, o la excesiva huella de carbono.

P: Defiende que los chatbot, que simulan conversaciones humanas con IA, no nos hacen ni más listos ni más felices, sino más comprables. ¿El uso excesivo de las tecnologías digitales nos hace más infelices?

R: Tiene consecuencias importantes en nuestro bienestar físico (daños en la vista o en la postura, falta de ejercicio) y en nuestra salud mental. Hay evidencia de que el uso excesivo de ciertas aplicaciones, especialmente de las redes sociales, puede estar relacionado con una mayor probabilidad de sentir ansiedad, insatisfacción, o incluso tristeza o depresión. Ya lo decían los filósofos griegos: “de nada demasiado”.

P: ¿Son los ciudadanos conscientes de que las redes pueden generar aislamiento social, división y crispación?

R: Lo que sabemos es que cuanto más conocimiento haya a nivel colectivo de cómo funciona la tecnología que utilizamos en nuestro día a día, más demandaremos otro tipo de tecnología, que ponga nuestro bienestar en el centro y no los intereses económicos.

Lograr eso es un reto. Hemos de ser conscientes de que no hay nada gratis, de que pagamos a estas aplicaciones con nuestros datos, con nuestro tiempo y atención. La educación en este sentido es muy importante, también la regulación y las políticas públicas.

P: ¿Qué se puede hacer para lograr que haya más 'eruditos digitales'?

R: Contar con una asignatura transversal en colegios e institutos de pensamiento computacional, que vendrían a ser las matemáticas del siglo XXI. Supondría desarrollar cinco áreas de competencia. Primero el pensamiento algorítmico: aprender a resolver problemas de manera secuencial, siguiendo unos pasos, sabiendo descomponerlos en componentes. Pensar en cómo utilizar la tecnología para resolver problemas.

La segunda competencia es la programación, porque es el lenguaje de las máquinas, igual que aprendemos inglés, porque es el lenguaje de la ciencia o de los negocios, hay que aprender computación. La tercera son los datos y qué se puede hacer con ellos, que es el modelo de monetización actual. Los métodos actuales de IA están basados en el aprendizaje a partir de datos. Es fundamental que cualquier adolescente del siglo XXI entienda el valor de los datos. La cuarta competencia son las redes: vivimos en un mundo interconectado. La última es el 'hardware', tener conocimientos del sustrato físico.

P: ¿Por qué es fundamental regular la IA?

P: Los servicios digitales, especialmente las plataformas sociales o sistemas de recomendación, tienen detrás algoritmos de IA diseñados para aprovecharse de cada uno de nosotros y que cada vez pasemos más tiempo utilizándolos.

Sacan partido de nuestras debilidades y de nuestros propios sesgos cognitivos sin que nos demos cuenta. Es vital regular estas plataformas para proteger a la ciudadanía y limitar su uso a menores. No puede ser el 'salvaje oeste'. Sabemos que su uso indiscriminado no es positivo.

P: ¿Qué le llevó por el camino de las matemáticas primero y de las ciencias computacionales después?

R: Es mi carácter, desde muy pequeña me encantaron los misterios, los puzzles, resolver problemas de lógica. En España las matemáticas todavía siguen siendo una de las disciplinas que más cuestan a los niños, y la ingeniería informática una de las carreras qué menos eligen las niñas.

P: ¿Qué le diría a las niñas para que desarrollen esa inquietud?

R: Que no hay disciplina más apasionante que la informática, pero en particular la IA. Es transversal, se puede aplicar a cualquier sector y área de conocimiento. Es una carrera extremadamente creativa, vocacional y casi un modo de vida porque siempre estás pensando y aprendiendo cosas nuevas.

P: ¿Cuál le gustaría que fuese el legado de la Fundación ELLIS Alicante?

R: Por un lado, hacer investigación de manera independiente para identificar las limitaciones de los sistemas de IA, como violación de la privacidad o falta de transparencia, y proponer soluciones que mitiguen el impacto social negativo. Y también crear aplicaciones de IA para el bien social. Ahora estamos inventando un chatbot educativo que fomenta el desarrollo del pensamiento crítico a través del método socrático de realizar preguntas fundamentales. EFE

(foto)

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