La directora de Titirimundi avisa: "Es un patrimonio cultural que hay que cuidar"

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Roberto Jiménez

Segovia, 12 may (EFE).- Ni los años de la pandemia pudieron con Titirimundi que este martes cumple cuarenta ediciones desde su nacimiento en 1985. Tan sólo en 1988 y 1989 tuvo que parar por falta de dinero, un problema que su directora, Marián Palma, no desea que se repita porque este festival "es un patrimonio que hay que cuidar".

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"No es solo una referencia o una marca sino un lugar de encuentro, un patrimonio cultural muy importante y reconocido que ha costado mucho mantener durante todo este tiempo", por lo que su estructura y programación no debería estar sujeto a los vaivenes presupuestarios, ha reflexionado en una entrevista con la Agencia EFE.

De guante, de varilla o de hilo, los títeres de marioneta "han transformado a Segovia y convertido a la ciudad, cada primavera, en un espectáculo muy esperado y en un activo cultural y económicamente muy importante", ha añadido antes de insistir en la necesidad de disponer de un presupuesto reconocible con cierta anticipación.

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En caso contrario, ha abundado, "resultaría un problemón" y se perderían "muchas posibilidades" de traer hasta Segovia a compañías de referencia en esta modalidad de arte y teatro de calle donde toda la ciudad "se convierte en un escenario: no creo que existan dudas, a estas alturas, de que es cultura y del impacto que genera".

"Cada vez es más difícil cuadrar las cuentas, especialmente este año con la 'crisis de los carburantes', porque la vida cada vez es más cara y a las compañías hay que alojarlas, darlas de comer y asegurar un determinado número de espectáculos para que les resulte rentable venir", ha insistido.

A pesar de que los artistas "apuran las posibilidades y son muy generosos, todo tiene un límite y siempre trabajamos tensando la cuerda", ha añadido antes de desgranar el presupuesto con el Ayuntamiento de Segovia como principal promotor (100.000 euros más infraestructuras y otros servicios).

La Junta de Castilla y León (65.000 euros) es el principal patrocinador, mientras que el Ministerio de Cultura aporta siempre una cantidad que habitualmente no se conoce hasta el final o después del festival, y la Diputación de Segovia financia actuaciones en diferentes municipios de la provincia para hacer rentables los espectáculos.

Marián Palma lamenta este funambulismo presupuestario cuando Titirimundi es una marca reconocida internacionalmente, "la gran mayoría lo conoce y quiere venir", y existe "más demanda que oferta" con extensiones del festival, este año, en Redondela (Pontevedra), varios puntos de Madrid y de La Rioja, y en Pamplona.

"Detrás de cada aplauso hay mucho trabajo: todo el sector adora el festival, el proyecto, por puro romanticismo. Si fuera por dinero a veces no vendrían", ha insistido sobre la conveniencia de una financiación justa y anticipada para asegurar la calidad y supervivencia de una cita contra la que no pudo la pandemia.

En 1987, dos años después de su fundación por el recordado Julio Michel, Titirimundi estuvo a punto de cerrar la edición prevista por falta de dinero "con las compañías camino de Segovia", pero los artistas fueron alojadas en casas particulares y subsistieron esos días "a gorra", ha recordado la actual directora.

En 1988 y 1989 no hubo festival porque no salían las cuentas y Titirimundi estuvo a punto estuvo de firmar su certificado de defunción, algo que Palma no quiere que vuelva a suceder, de ahí ese llamamiento anual para que el certamen no se convierta en un ejercicio de supervivencia y sí en lo que es: "un festival vivo y de gran dinamismo que goza del cariño de un público que lo hace suyo".

Ha puesto el ejemplo de Francia, país de procedencia de buena parte de las compañías este año, que "siempre ha tenido un sistema de apoyo, trabajo y formación con un gran apoyo artístico", ha resumido. EFE

(Foto) (Vídeo)

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