Sabastian Sawe, el atleta que rompió los límites humanos

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Carlos Pérez Gil

Redacción deportes, 26 abr (EFE).- El 26 de abril de 2026 pasará la historia como el día en que el ser humano rompió una de sus barreras físicas más simbólicas, una gesta protagonizada por el atleta keniata Sabastian Sawe, el primero en bajar de las dos horas en maratón con un tiempo reglamentario.

En el cuarto maratón de su carrera deportiva, con pleno de victorias, Sawe pulverizó en Londres la marca soñada por cualquier atleta para firmar un crono histórico de 1:59:30, enterrando los 2:00:35 obtenidos en Chicago en 2023 por su compatriota Kelvin Kiptum, fallecido en febrero de 2024 en un accidente de tráfico.

En 2019, el mítico Eliud Kipchoge, también keniata y plumarquista mundial hasta que le desplazó Kiptum, fue el primero en rebajar el listón de las dos horas, con 1:59:40, en Viena, pero no fue homologado por no cumplir las reglas de World Athletics, al ser en un circuito cerrado, con un coche de guía y liebres que le frenaban el viento y con hidratación en movimiento.

Sawe, que el pasado 16 de marzo cumplió 31 años, estaba predestinado a ser uno de los atletas en poder desafiar la barrera de las dos horas a tenor de su trayectoria.

Después de probar en 1.500, 5.000 y 10.000 metros, donde logró resultados discretos, probó suerte en distancias superiores a partir de 2022.

Su primer gran éxito llegó en octubre de 2023, cuando se proclamó campeón del mundo de medio maratón en Riga (Letonia) y, al año siguiente, se consolidó en esta distancia al ganar en Praga y Copenhage.

El atleta nacido en la remota aldea de Cheukta, en el oeste de Kenia, decidió a finales de 2024 saltar a los 42,19 kilómetros.

El 1 de diciembre fue su puesta de largo en Valencia y sumó su primera victoria con 2:02:05, la mejor marca mundial de 2024, en un aviso de lo que vendría por delante.

Fue el segundo estreno más rápido en la historia en maratón, con doce segundos más de la marca de Kiptum, también en la capital valenciana en 2022.

A su victoria unió el gesto de solidarizarse con las víctimas de la tragedia ocurrida un mes antes por las riadas en la Comunidad Valenciana, en las que murieron 238 personas, al celebrar el triunfo con una bandera de Kenia combinada con la senyera.

En 2025, asombró la mundo al vencer en Londres (2:02:27), hace un año, y en Berlín (2:02:16), en septiembre, un doblete que le valió el premio a Mejor Atleta del Mundo Fuera del Estadio concedido por la federación internacional.

A la carrera de la capital alemana llegó después de someterse a más de una veintena de controles antidopaje sorpresa, de sangre y orina, en los dos meses previos para despejar cualquier duda sobre su rendimiento a la vista de los numerosos fondistas keniatas suspendidos por consumir sustancias prohibidas.

“El dopaje es un problema grave en mi país. Para combatirlo, debemos visibilizarlo y abordarlo. Todos debemos combatir lo que se ha convertido en un cáncer para los atletas keniatas. Espero no solo servir de ejemplo para otros atletas, sino también para que la gente se esfuerce por abordar el problema. Pero primero quiero demostrar que estoy limpio cuando me presento en la línea de salida y que cualquier resultado que obtenga no se vea empañado por ser keniata”, afirmó Sawe.

El nuevo dios del maratón, cuyo entrenador es el italiano Claudio Berardelli, se crió en su aldea, entre campos de maíz, en donde trabajaba su padre, Simion.

Su madre, Emily, le inculcó la afición por el atletismo, que empezó a practicar cuando estaba en al escuela primaria.

“Al principio no tuve mucho éxito. Con el tiempo, empecé a entrenar más en serio, me uní a un campamento de entrenamiento y finalmente conseguí un patrocinador, lo que me ayudó a centrarme por completo en el atletismo. Requirió paciencia y perseverancia”, recordaba en la gala en la que recibió el galardón de World Athletics.

El atletismo le ‘salvó’ de trabajar en el campo y su progresión le llevó a entrenar en Kapsabet, en el condado de Nandi, una zona rural en altura donde se ha forjado como estrella sin alejarse de sus raíces.

“Entrenar en un equipo competitivo te impulsa a superarte. Cuando todos se esfuerzan al máximo, te motiva a seguir mejorando porque siempre hay un reto para los demás”, apunta Sawe. EFE